9/4/07

Edwards

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El duro round entre Edwards y Cuadra
La Nación, Domingo 8 de Abril de 2007

El mismo año que vino el Papa Juan Pablo II a Chile, el poderoso empresario y dueño de “El Mercurio”, Agustín Edwards, fue encargado reo. Estuvo detenido por varias horas y no pudo salir del país por casi un año. La justicia le puso la mano encima por publicar informaciones entregadas por la CNI para culpar falsamente a dos jóvenes por los violentos incidentes ocurridos en el Parque O’Higgins.

Por Luis Narváez A.

Iván Barra Stückrath, 46 años, ingeniero eléctrico, no ha podido olvidar los cinco días que debió soportar encerrado en un calabozo subterráneo de la Central Nacional de Informaciones (CNI), en abril de 1987. Tenía 26 años cuando fue torturado: le aplicaron electricidad en una “parrilla”, lo golpearon con puños, patadas y culatazos, simularon fusilarlo en varias oportunidades. Pocos días antes, el Papa Juan Pablo II había abandonado el país, luego de su histórica visita que, por estos días, los medios rememoran. Sin embargo, son pocos los que recuerdan la entonces concomitancia existente entre los medios del duopolio y los aparatos represivos del régimen. Situación que fue desenmascarada con el caso de Iván Barra.

Su familia no supo nada de él mientras estuvo detenido. Cuando voluntarios de la Cruz Roja Internacional lograron ubicarlo, en el Cuartel Borgoño del organismo represivo, no podía hablar. “Desconfiaba de todos. El día anterior llegó un médico del Servicio Médico Legal que me preguntaba qué me había pasado en la cara. Tenía la nariz rota, hematomas y restos de sangre. Le dije que me había golpeado accidentalmente, porque si hablaba, la CNI me iba a dar más duro”.

Los tres miembros de la organización humanitaria que ese día lo ubicaron debieron mostrarle sus pasaportes para demostrar que no eran chilenos y que podía confiar en ellos. Pero Barra no podía o no quería hablar. “Eran rubios, y por el acento comprendí que eran extranjeros. Me pasaron un papel y un lápiz y me dijeron que escribiera lo que me había pasado… recién ahí les dije que me habían torturado”.

El universitario no había visto a otros detenidos. Sólo pudo identificar a otro porque reconoció su voz y, especialmente, sus gritos: “Me habían tirado la primera noche en una celda, solo y sin luz. Me pusieron un overol y zapatos de distinta talla. Esa noche pude escuchar los gritos de Jorge Jaña Obregón, a quien conocía; a él también lo estaban torturando”.

Iván Barra y Jorge Jaña fueron detenidos la madrugada del 9 de abril de 1987. La CNI llegó hasta sus hogares y a base de violencia les imputaron ser los instigadores de los incidentes registrados en el Parque O’Higgins, cuando el Papa pronunció la famosa frase “el amor es más fuerte”.

Ni siquiera alcanzaron a ver ese día la portada de “El Mercurio”: “Identificados los violentistas del PC en el parque”. Agustín Edwards, dueño del periódico, había ordenado personalmente la publicación del artículo, donde se incluían fotografías de ambos y el aviso de que la CNI los estaba cazando. Pero se demostró que todo era totalmente falso.

Exactamente, 10 días después, ambos quedaban en libertad por falta de méritos, tras comprobarse que no participaron en los incidentes y, más aún, que nunca estuvieron en el parque.

OPERACIÓN ALBANIA

No eran tiempos tranquilos. 1987 fue un año lleno de contrastes. Por un lado, una buena parte de la población católica respiró un asomo de esperanza con la venida de Juan Pablo II. Ese año marcó la desesperada acción de la CNI para intentar sofocar a las facciones más opositoras. En junio, 12 jóvenes del FPMR fueron asesinados salvajemente en la denominada Operación Albania. Y pocos meses después, cinco jóvenes del mismo grupo fueron secuestrados, torturados y lanzados al mar, en lo que constituyó el último caso de detenidos desaparecidos.

Pinochet sabía que la visita del Pontífice podía ser aprovechada para limpiar la sangrienta imagen de su Gobierno de facto y la creciente presión internacional para que entregara el poder. Pero también estaba consciente que la oposición, conformada por la Alianza Democrática y el Movimiento Democrático Popular y las organizaciones de defensa de los derechos humanos (agrupaciones de víctimas y la Vicaría de la Solidaridad, entre otras), intentarían mostrar con mayor fuerza el sufrimiento de quienes eran perseguidos.

Carmen Gloria Quintana, la joven que en 1985 estuvo al borde de la muerte cuando carabineros intentó quemarla viva, conmovió a Karol Wojtyla cuando, tras burlar el anillo de seguridad, se le acercó para contar su historia.

Los relatos de pobladores en La Bandera y de jóvenes en el Estadio Nacional hicieron comprender al Papa que los incidentes que debió observar la tarde del 3 de abril, durante la ceremonia de beatificación de sor Teresa de Los Andes, no eran sino la represión a la que estaban sometidos los chilenos.

FOUILLOUX Y LA VICARÍA

Mientras Iván Barra estuvo detenido, su madre, Sonia Stückrath acudió a la Vicaría de la Solidaridad para buscar apoyo legal y ubicar a su hijo. “No fue una decisión fácil. Como organismo de la Iglesia Católica, al principio hubo conflicto de intereses por la venida del Papa y porque los incidentes lo habían afectado directamente. Pero finalmente primó la situación de violación a sus derechos humanos”, comentó a LND una fuente del clero.

Por ello, se asignó al abogado Luciano Fouilloux para que los representara. Así se llegó a diversas instancias, y cuando por fin se dio con su paradero, se decidió presentar una querella contra el dueño de “El Mercurio” por injurias y calumnias, pese a que era plena dictadura y la represión arreciaba en las calles.

La querella fue sorpresivamente acogida a tramitación, con cero publicidad, por el juez Carlos Bottacci Latrille, titular del 23er Juzgado del Crimen de Santiago. Y lo que vino después fue aún más insólito.

Por los pasillos del tribunal comenzaron a desfilar Agustín Iván Edmundo Edwards Eastman, en calidad de inculpado; el ministro secretario general de Gobierno, Francisco Javier Cuadra; el subsecretario de esa cartera, brigadier Claudio Guzmán, entre otros. Oficios fueron despachados hacia la CNI, la Policía de Investigaciones y el Ministerio del Interior.

Fue así como Edwards y Cuadra cayeron en contradicciones y debieron ser careados por el juez: alguien no decía la verdad. Lo más insólito es que Cuadra generó una orden de detención contra Barra y Jaña cuando ya estaban secuestrados. De hecho, a Barra lo sacaron de su casa a las 23:30 del miércoles 8 de abril, y lo extraño es que mientras era detenido la información ya estaba siendo impresa y salió publicada al día siguiente en el diario.

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