23/4/07

Tolerancia Cero

Cero
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Seis años de “Tolerancia cero” Carmen Sepúlveda
La Nación, Domingo 28 de Agosto de 2005

Melnick, Melnick, Melnick, es la reiteración que me surge sin respuesta. Su presencia la entiendo sólo como una fusión de quienes han ocupado este puesto: él no tiene la culpa, es sólo el resultado natural de haber puesto en la misma juguera a Shiappaccase, Israel, Pozo y Buitrago (aunque de Buitrago no heredó nada), haberlos revuelto en la máxima velocidad de una licuadora y, ya está, vio la luz como panelista.

Qué va. Seis años de “Tolerancia cero” es la prueba de que los chilenos sí somos tolerantes. Estoy en el restaurant Divertimento. Guillier, Paulsen, Villegas y Melnick están muy sentaditos como niños ilustrados de colegio alternativo, celebrando el cumpleaños del programa dominguero. Qué sopor verlos en vivo. Alejandro, ojeroso; Fernando, harto más delgado; Villegas, con actitud de que le da nervio estar ahí; Melnick, respirando rápido como animalito mórbido. Me paralizo con ese tipo. Feo panorama el suyo. Este gallo acumula y acumula transpiración hasta en los pliegues de su rostro. Me da nervio el mono de este hombre. Me pasa que siento que en cualquier minuto le va dar un paro cardíaco. Es una bomba de tiempo total. Y lo peor es que se ofusca y la cosa es como para empezar a cambiar el agua del florero. Pobre gallo; pobres nosotros, que nos bancamos esa posición del que da la sensación de que se ha comido un asado antes de salir al aire y que casi no le cierra el pantalón, y que por eso se mantiene “echao”. Por favor, que alguien le diga que mejore su postura, ¡por Dios!

Melnick, Melnick, Melnick, es la reiteración que me surge sin respuesta. Su presencia la entiendo sólo como una fusión de quienes han ocupado este puesto: él no tiene la culpa, es sólo el resultado natural de haber puesto en la misma juguera a un Schiappaccase, Israel, Pozo y Buitrago (aunque de Buitrago no heredó nada), haberlos revuelto en la máxima velocidad de una licuadora y, ya está, vio la luz como panelista. Sergio me mira con cara de no entender el fenómeno de la tele, obvio, eso no lo planificó nunca. Pero ojo, le va bien con las chicas, porque una vez que socializa con los invitados inicia conversación con varias, entre ellas una coqueta Carola Espósito. Converso con él, y le pregunto si se ha sentido bien y me responde, respirando rápido, que sí. Le creo. Álvaro Bardón, con cigarro en mano, me cuenta que sí ve el programa; se acerca a Melnick y parecen amiguis de colegio básico que se reencuentran. Más atrás veo a un Nicolás Eyzaguirre sonriente y muy claro a la hora de defenderse con el temita de la gordi; el gordo fuma, fuma y fuma. Por lo demás, hasta entiendo su salida de madre con Bachelet, cómo no se le va a salir si tiene el Ministerio de Hacienda tapado con una señora bien rellenita. Cada uno hace su campaña como puede, y él, diría yo, hasta defiende la belleza de los kilitos de más. Tere Undurraga conversa, Eva Gómez conversa, De Aguirre decide que el próximo año la celebración debe ser con comida.

Me detengo en Fernando Paulsen, que lo veo tan fiel a sus letras bordadas en cuanta cosa se pone encima; me mira con sus ojos celeste. Le pregunto: ¿qué te pasa cuando la gente opina de ti que eres un charlatán? Lo soy, soy un charlatán, nunca he estudiado lo que he dicho, no estoy casado, no he leído lo que digo y mis hijos no son míos. Comparto su ironía y lo sigo escuchando. ¿Tu contrato dura hasta fin de año? Sí. ¿Te pagan bien? Sí. ¿Te daría pena dejar la tele? No derramo una lágrima si me retiro de la tele; sí lloraría si no tuviera la oportunidad de trabajar en prensa escrita. ¿Y cómo te llevas con tu jefe Sebastián Piñera? Piñera no es mi jefe. Jaime de Aguirre, tan asertivo como siempre, responde a Paulsen: claro que Piñera no es tu jefe, ¡es tu dueño! Nos matamos de la risa los tres. Por supuesto, el dueño de Chilevisión no aparece nunca para celebrar los seis años de “Tolerancia cero”. Quienes sí están son el ministro Puccio, Pablo Halpern, Antonio Skármeta, Cristián Warnken, Agustín Edwards, Patricio Caldichoury. En este último me detengo; el jefe de prensa de Chilevisión guarda ese bajo perfil adorable. Un placer él. Buena la conversación con él.

¿Y Villegas? ¿Dónde está Villegas? De jeans y actitud de cincuentón con el permiso de decir lo que quiera a quien quiera, por fin lo diviso. Lo saludo. Nos hacemos señas. Qué loco esto, hace seis años atrás con su metro noventa me decía que esta cosa del periodismo era una pura güevada. Lo recuerdo perfecto a favor de la pena de muerte, y despotricando en contra de los palestinos. Me acerco: ¿qué se siente al hablar puras güevadas durante seis años corridos?, pregunto. “Pero cómo me puedes hacer esa pregunta”. Es sólo eso una pregunta. No responde. Sólo atina a invitarme a una copa de vino de cuatro lucas fuera del Divertimento. Coquetón me salió. ¡Qué tolerante hay que ser!
LND

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