19/5/07

No tenemos cara para seguir hablando de las vacas flacas...

Estamos con las arcas fiscales llenas de dinero. Pero no somos felices. No se puede gastar todo, es cierto. Pero nadie puede esgrimir lo de las vacas flacas. Vivienda, educación e innovación son areas prioritarias. Los últimos ministros de Hacienda han mantenido frenado el gasto. ¿Y para qué? Ya han pasado varias generaciones, por lo menos dos en los últimos 30 años. ¿Para qué seguir esperando? Si no lo hacemos ahora, ¿cuándo?


En los últimos 30 años, gracias a la economía libre, Chile y el mundo han crecido a tasas inesperadas. Somos otro país y tenemos el mayor ingreso per cápita-US$ 10 mil- de América Latina. Pero no ha sido gratis. La concentración y la mecanización de la actividad productiva han disminuido los puestos de trabajo. Los norteamericanos lo llaman jobless economy. Desgraciadamente, además, el mundo está caminando hacia una diferencia de riqueza muy grande, lo que genera gran descontento. Estamos mejor, pero no somos más felices.

A esto hay que agregarle un factor que se ha dado en Chile en los últimos años: la negligencia del sector público. Pese a todo el dinero que se le inyectó, el Estado no ha respondido adecuadamente en el área social. Ha habido avances en infraestructura, pero en lo que realmente apunta al patrimonio humano -salud, educación, vivienda, cultura, belleza, arte, etc.- existe un déficit y una culpa grande.

El sector público no ha ido a la par con el ritmo de los tiempos y de descentralización eficiente ni hablar. Al Estado se debiera llegar por concurso: salvo los ministros, creo que casi todo el resto -incluyendo a los subsecretarios- debe concursar. Tampoco se asciende por méritos y eso implica que no lleguen los mejores.

La gran masa de los chilenos no vive contenta. Está juntando rabia. Pero lo curioso es que actúa mansamente. El pueblo chileno se comporta con bastante docilidad. La lógica es: "Yo contra el sistema no puedo"; en mis dichos: "Yo contra el 'club de la teta' no puedo". Así que rasquémonos con lo que tenemos. Y si podemos ir y comprar una casita, la compramos, y nos endeudamos para comprar el autito… pero vivimos resignados. "Es lo que hay", como dicen los jóvenes.
¿Hasta cuándo durará esta mansedumbre? No lo sabemos.

Tenemos que modificar algunas cosas. Me gusta como solución que sigamos trabajando con libertad, pero que al empresario, al igual que se le pide responder y estar al día en los temas ambientales y en la responsabilidad social, también hay que exigirle que transparente su política de remuneraciones -reajustes, bonos, ascensos-.

Que haga pública su política de pago de proveedores, de tal forma que todos los que interactúen con esa empresa sepan de antemano cuáles son las condiciones de compra y venta. Eliminemos la molesta discrecionalidad. Si además estas políticas se acompañan de un buen funcionamiento de las leyes de la libre competencia, el sistema sería bastante más justo.
El sector privado debería, dentro del capítulo de responsabilidad social, ser más audaz y generoso en lo que los norteamericanosllaman "charity".

Las arcas llenas
Sin embargo, nos encontramos con las arcas llenas de dinero. Tenemos superávits importantes desde el 2004. Me puedo equivocar, pero creo que se deben haber juntado unos US$ 70 mil millones. Estoy consciente de que no se puede gastar todo.
Si esos dineros se depositan en Nueva York, reportarán en intereses cerca de US$ 5 mil millones todos los años. ¡No vengamos más con el tema de las vacas flacas! Se acabó ese discurso: hay dónde echar mano.
¿Qué podemos hacer entonces con estos US$ 5 mil millones anuales? Muchas cosas. Aquí van algunos ejemplos.
En vivienda: en Chile hay cerca de tres y medio millones de familias. Alrededor del 18%, unas 700 mil, tienen problemas habitacionales. Una muy buena vivienda hoy puede costar 500 UF. Con mil millones se solucionaría en una década el problema. A esas familias, ubicándolas en un condominio seguro, les cambiaría la vida.
Si en estos 30 años de desarrollo se hubiera llevado a cabo una reforma educacional, otro gallo cantaría.
Lo que se necesita son buenos directores, evaluación de los docentes y materias claras. Hoy, un niño es evaluado desde su nacimiento y es ranqueado durante toda su vida. Pero resulta que los profesores no dejan que los califiquen.
Otro tema que me preocupa es la innovación. Se armó una discusión gigantesca en torno al royalty. Han recaudado impuestos durante dos años. Y yo, que soy medianamente informado, no conozco qué investigaciones se han hecho ni en qué proyectos se están invirtiendo esos dineros. Es más, el otro día me desayuné al enterarme de que gran parte de dichos recursos podrían ir a las arcas fiscales.
¿Qué hacemos con un desierto inmenso? ¿Qué hacemos con un territorio marítimo más grande que el continental? Así como inventamos los salmones en los fiordos del sur, queda mucho por crear.
Debemos invertir en innovación.
Tendremos altos los precios del cobre, de la celulosa y de los salmones por un buen rato. En 10 años le podemos cambiar la faz a este país.
Da una pena inmensa ver gente que ha sufrido, que se saca la mugre trabajando, pero que tiene un sueño que todavía no alcanza.
Por eso prefiero equivocarme al gastar antes que quedarme corto.
Para hacer cosas grandes siempre hay que arriesgar un poco.
Los últimos ministros de Hacienda han mantenido frenado el gasto. ¿Y para qué? Si no lo hacemos ahora, ¿cuándo?
Podemos equivocarnos, pero los errores serán menores que los que hemos cometido hasta ahora. No tenemos cara para seguir diciendo que estamos preocupados de las vacas flacas.
Felipe Lamarca
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