1/7/07

El Desarrollo de la Prensa Escrita Chilena en el Siglo XX

Sahie
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Autor: Francisco Ramírez
Email: frankram23@hotmail.com

Un joven argentino en viaje de estudios compra una cajetilla de cigarrillos en un kiosco de Ahumada, céntrico paseo de Santiago. Mientras enciende el primer cigarro, observa los diarios a la venta. Le llama la atención la diversidad de formatos: observa los titulares y sus diversos colores; constata el hecho de que los titulares abordan distintas temáticas: política, deporte, seguridad ciudadana, etc.; se fija en que el material fotográfico de portada lo permite todo: primeros planos de partidos de fútbol, rostros de gente del espectáculo, personalidades políticas, incluso, perfiles de bañistas en bikini... aunque sea en pleno invierno.

"Diversidad" es el concepto que viene a su mente. Diversidad "aparente", sin embargo. "Diversidad aparente" que los dueños de la prensa chilena se han esmerado en lucir a toda costa. El resultado de esta estrategia: que se ignore que la ideología que sustenta a la mayor parte de nuestros diarios está representada por dos conglomerados de clara afiliación derechista: "El Mercurio" y "COPESA". Los hilos secretos de este duopolio son aún más obscuro, no obstante. Nuestro extranjero no tendría porque saberlo; sería bueno, en cambio, que nuestros conciudadanos sí.

Ese es nuestro tema: ¿Por qué y de que modo los propietarios de nuestra prensa controlan los diarios que lee cada día un chileno? ¿Quiénes son? ¿Cómo se han mantenido? ¿A quiénes han derribado? ¿A quiénes han apoyado? ¿Cuál es su historia?

"Pluralismo o concentración", esa es una de las cuestiones más fundamentales de nuestra prensa. Lo importante del tema no está, sin embargo, en enunciarlo. Lo importante del tema está en demostrar con hechos si es que existe algo bueno para optar en lo que se ha producido en el pluralismo o en la concentración del poder de la prensa nacional.

La decisión, al menos esta vez, queda en manos del lector.

"El que ejecute o celebre, individual o colectivamente,
cualquier hecho, acto o convención que tienda a impedir
la libre competencia dentro del país en
las actividades económicas, tanto en las de carácter interno
como en las relativas al comercio exterior será penado
con presidio menor en cualquiera de sus grados".
(Artículo 1º del Decreto Ley Nº 211 de 1973)



INTRODUCCIÓN

Durante el curso de la investigación necesaria para recopilar antecedentes que nos permitieran fundamentar este ensayo, ciertamente, resultó necesario entrevistarse con periodistas de las dos cadenas más importantes de la prensa escrita chilena: El Mercurio y el Consorcio Periodístico de Chile S.A. (COPESA).

Un periodista del diario "El Mercurio" de Santiago conversó con nosotros en su oficina ubicada en el tercer piso del edificio del diario en Avda. Santa María Nº 5542. Fuimos, no sin ante haber sido advertidos de la fidelidad de los trabajadores para con este diario: no deberíamos esperar información muy reveladora de esta entrevista. No la encontramos, en efecto.

Nuestro interlocutor llevaba 25 años trabajando en como periodista en la empresa de la familia Edwards. Cuando le consultamos por los fundamentos de nuestra entrevista, nos indicó que la sección periodística del diario era absolutamente independiente de la administrativo - económica, a la cual - según nuestra fuente- deberíamos recurrir con el fin de adentrarnos en los aspectos económicos de la empresa. Cuando le planteamos que nuestra búsqueda remitía primeramente a la pesquisa de aspectos históricos, su mutismo se hizo patente y nos explicó que "el grupo Edwards está cerrado incluso al conocimiento de los funcionarios de El Mercurio".

Finalmente y tras nuevas disuaciones, nuestra fuente descartó brindarnos futura información sobre el tema de nuestra investigación porque, como según reiteró, no la poseía. Eso sí, ofreció colaborar con cualquier posible investigación sobre los aspectos netamente periodísticos de "El Mercurio", ya que sobre esa materia sí poseía documentos y fuentes.

Pero eso no era lo que buscábamos.

Fuimos a la búsqueda de otro entrevistado: un periodista que trabajó hasta el año 1985 en "La Tercera" y que durante 28 años fue periodista de este matutino, desempeñándose durante 14 años como Director.

Esta entrevista fue valiosa desde su inició cuando, sin mayor, presión de nuestra parte, el periodista inició un recorrido por la historia del Consorcio Copesa, relatándonos que desde la década del 50 hasta 1982 la propiedad del diario La Tercera estuvo constituida sobre la base de una sociedad constituida por tres personas y distribuida en los siguientes porcentajes: Germán Picó Cañas (40 %), Agustín Picó Cañas (20%) y Raúl Jara (40 %). El año 82 Raúl Jara vendió su porcentaje a los Picó, quienes, de este modo, quedaron como dueños absolutos del diario.

El año 87 los Picó comienzan la venta accionaria e ingresan a la propiedad de "La Tercera", Alvaro Sahie (padre), Carlos Abumohor, los hermanos Kasis y Juan Pablo Díaz. Esta primera venta fue de un 40 %.

Al morir Germán y Agustin Picó Cañas, sus acciones pasaron a poder de uno de sus hijos: Germán Picó Domínguez, quien quedó con el 60 % de la propiedad del diario. En 1991 Picó Domínguez vendió su porcentaje. Entonces, ingresan a la propiedad de la empresa Miguel Angel Poduje, Darío Calderón y Alberto Kasis.

Con las entrada de este "Grupo Árabe" - como lo llama nuestro entrevistado- a la posesión de "La Tercera" se registran algunos cambios tendientes a segmentar al público del diario en distintas publicaciones. Así fue en efecto: "La Tercera" se restringió a un público correspondiente a lo que podría llamarse de modo popular "estrato medio para arriba" e, incluso, se buscó conseguir una publicidad "más rentable", quitándosela a "El Mercurio", iniciativa que fracasó. Se crea, además, la revista Que Pasa para una audiencia de tipo "ABC1".

Para el año 2.000, la estructura directiva de COPESA se modifica "formalmente", pero los nombres son casi los mismos: "el Grupo Arabe" sigue en el poder. El presidente de ese directorio es Alvaro Sahie Bendeck; Jorge Andrés Sahie Guzmán se desempeña como presidente subrogante; el vicepresidente ejecutivo es Juan Carlos Latorre. Los otros miembros del directorio son: Hernán Büchi Buc, Miguel Angel Poduje Sapiain y Alex Abumohor Lolas.

Todos estos nombres están vinculados con el mundo de las finanzas. Ahora bien, permítasenos un supuesto: dado que las transacciones comerciales se definen por la búsqueda incesante de ganacias, los medios de comunicación masiva se les aparecen a los empresarios como una forma válida de velar por la seguridad de su progreso material. Nuestro entrevistado confirmó tal suposición, ya que, como nos indicó, "los hombres de negocios se involucran en la propiedad de los medios de prensa con un fin principal: defender los intereses económicos de su grupo".

Un aspecto menos conocido con respecto a los poseedores de COPESA es un secreto bastante recóndito en la historia del periodismo nacional, pero que conocen muy bien los estudiosos de la Comunicación Social en Chile. La historia se remonta a los primeros dos años de la década del 80, cuando el gobierno militar de Augusto Pinochet crea una comisión interventora para "sanear" y vender tres bancos: el "Osorno", el "de Chile" y el "Santiago". Tal comisión vendió el Banco Osorno al grupo de Abumohor, Sahie y Kasis, quienes, además, posteriormente como ya se señaló, ingresan a la propiedad de COPESA. Lo curioso del hecho no está en la compra hecha por el grupo económico; sí lo está en la repetición del nombre de quien presidía la comisión interventora de bancos y de quien gestó la venta de COPESA a "Abumohor y CIA"; vale decir, Dario Calderón, el que posteriormente va a integrar dos directorios: el del Banco Osorno y el de COPESA.

Finalmente, el último tema generalmente omitido o desestimado en la historia oficial de la prensa escrita nacional es el caritativo préstamo que recibieron las dos cadenas más importantes del país cuando sus deficitarias economías las tenían en preocupante situación.

En efecto, la situación durante los 80 fue en algunos momentos tan desastrosa para "El Mercurio" que pudo significar el fin del diario. Algo al respecto cuenta Johnny Kulka, ex gerente general del matutino, en una información publicada en la edición de mayo de la revista "Capital"*: "Por la crisis (del `82), la publicidad cayó en un 70%. Como se habían hecho inversiones por 25 millones de dólares, con la devaluación la deuda se duplicó en pesos llegando a los 100 millones de dólares. Había que pagar intereses de 14% en UF.".

Prosigue el informe de la revista: "A principios de 1985 la empresa firmó un convenio de pago con 17 instituciones financieras a 15 años plazo. El Banco del Estado, el Chile y el O´Higgins pasaron a integrar un comité que supervisó todas las operaciones y los destinos de los fondos".

"- Nos dieron la tasa de interés de mercado (7%) -explica Kulka-, pero hubo un período inicial en que se pagaba un 3% de interés y el saldo del 4% se capitalizaba para épocas en que los flujos fueran mejorando. El Mercurio no dejó de pagar nunca los intereses y después empezó a pagar los intereses postergados. En 1990 la deuda se había reducido a la mitad y Agustín Edwards era dueño del 100% del diario".

Con referencia a lo anterior, el periodista en investigador nacional Rafael Otano, en su libro "Crónica de una Transición", entrega información complementaria. Su información remite a la situación del diario en 1989: "durante ese año - detalla - la deuda de "El Mercurio" ascendía a unos 14 mil millones de pesos. El 60% de esa deuda estaba concentrada en el Banco del Estado".

Otro tanto sucedió con la sociedad COPESA y su diario "La Tercera". Era, también, el año 89, el último del gobierno militar. El monto comprometido por la publicación con el Banco del Estado era de 347 millones de pesos, según Rafael Otano en el libro antes citado. El canje de la cifra, de acuerdo por lo expresado por nuestro ex Director de La Tercera, se llevó principalmente a cabo de un modo tan salomónico como impensado: el trueque por avisos comerciales gratuitos en las páginas del diario.


30 AÑOS DE PERIODISMO NACIONAL.

Durante el gobierno de la Unidad Popular, entre 1970 y 1973, existían diez diarios de circulación nacional: "Ultima Hora", "Puro Chile", "Clarín", "El Siglo" (netamente de tendencia izquierdista), "La Nación"; los diarios opositores: "La Prensa" (DC) y "La Tribuna" (Partido Nacional) y los privados: "El Mercurio", "Las Ultimas Noticias" y "La Tercera". Es necesario destacar que no aparecerían nuevos diarios hasta 1987.

"El Mercurio" fue el blanco principal de las animadversiones de ese régimen hacia la prensa escrita, principalmente por la obstinada actitud del diario para criticar al gobierno, nefasto a modo de ver del matutino. Arturo Fontaine Aldunate, por entonces subdirector de la publicación, hace memoria y testimonia:

- La principal tarea del diario fue enfrentar la UP. Tuvo que salirse de su tradicional calma para tomar una posición enérgica y combatiente en la defensa de instituciones fundamentales: la libertad de prensa, el derecho de propiedad, las garantías constitucionales... Eso se hizo, no sin antes haber intentado llevar a Allende a una postura menos inamistosa.

Por aquellos años, Agustín Edwards Eastman se encontró en la Casa Blanca con Henry Kissinger y el Presidente Nixon* para discutir lo que sucedía en Chile durante el gobierno de Allende.

En todo caso, no era tan radical la zozobra de "El Mercurio" y sus problemas con el gobierno chileno no duraron más de tres años, ya que el 11 de Septiembre de 1973 nuevas autoridades vendrían a hacerse cargo de la conducción gubernativa del país.

La toma del poder por la Junta de Gobierno significó el desaparecimiento inmediato de todos los periódicos contrarios al régimen militar; vale decir: "Noticias de Ultima Hora", "Puro Chile", "Clarín", "El Siglo", "Punto Final"; y revistas como: "Hechos Mundiales", "Onda", "El Manque", "Paloma" y "Mayoría".

El diario "La Nación" -surgido en 1917- pasó entonces al Colegio de Periodistas y comenzó a llamarse "La Patria". Después de poco tiempo, retornó al gobierno y se llamó "El Cronista". Finalmente, volvería a retomar su nombre original de "La Nación".

En 1975 Augusto Pinochet hacía un público elogio de uno de los pocos supervivientes de la acción de limpieza que se había propuesto hacer en el periodismo nacional: "El Mercurio" de Santiago. Dijo Pinochet: "Los recientes acontecimientos de la vida nacional mostraron el valor que "El Mercurio" puso en la defensa de los valores permanentes de la nacionalidad amenazados por el marxismo". La publicación, según el Director de la Junta Militar de Gobierno, tenía una misión que fue expresada así: "El papel que el diario debe desempeñar en la actual etapa de nuestra historia es el que ha tenido siempre. Ser un diario independiente, equilibrado y ágil para adaptarse a los procesos históricos".

A pesar de que la Junta Militar de Gobierno, que emergió del golpe de Estado, prohibió la circulación de diarios el 12 de Septiembre del 73, está duraría poco y el resguardo valórico de que hacía mención Pinochet por parte del medio de Edwards tendría su recompensa.

En efecto, el diario no pararía de crecer durante el régimen militar. En 1978 cambió de diseño y se separó en Cuerpos -A,B,C,D y E- . Aparecen diversos suplementos, tales como: Revista del Campo, Revista de Libros, Cuerpo D (Reportajes), Artes y Letras, Economía y Negocios, Revista Ya, Wiken, etc.

En 1982 asume la dirección Agustín Edwards Eastman, quien aún permanece en este cargo.

El diario cambia de domicilio desde calle Compañía a Avda. Santa María. La ubicación que se abandonaba no era para nada trivial y se prestaba para más de algún comentario. Así pensaba en 1980 el sociólogo Hernán Godoy: "La misma ubicación y prestancia física del edificio del diario "El Mercurio", a una cuadra del Parlamento, a dos de La Moneda, frente a la Corte Suprema, simbolizan que en este diario se encuentra el cuarto poder del Estado".

Esta dinámica tendencia de crecimiento interno del diario no se quedaría tan sólo en eso, sin embargo, pues no sólo fue la cantidad de páginas y de suplementos lo que llevó a "El Mercurio" a consolidarse como la más importante cadena nacional de periódicos en nuestro país. Hay que darle también crédito a su presencia regional.

Los tres diarios más importantes a nivel nacional del grupo Edwards son: "El Mercurio" (de Santiago), "Las Ultimas Noticias" y "La Segunda". Su presencia a lo largo del país se extiende a través de tres empresas autónomas: Empresa Periodística El Norte S.A., El Mercurio S.A.P. y Empresa Periodística Araucanía S.A.

Hasta 1997 existían 55 diarios de distribución nacional. De ellos, 17 pertenecían a la Empresa El Mercurio, lo que constituye un 30% del total del país. Su presencia se distribuía en las regiones I, II, V, VIII y X.

Durante la administración de Edwards Eastman se fundaron los siguientes diarios regionales: "La Estrella" de Arica, "La Estrella" del Loa, "La Estrella" de Iquique, "La Estrella" de Calama, "El Diario Austral" de Osorno, "El Diario Austral" de Valdivia y "El Diario Austral" de Puerto Montt. Además, en 1983 se asocian al diario "El Sur" de Concepción y en 1993 adquieren "El Llanquihue" de Puerto Montt.

Por su parte, COPESA posee dos diarios -"La Tercera" y "La Cuarta"- de un total de siete en la Región Metropolitana, por lo que su porcentaje corresponde a un 28% del total. Sus diarios regionales constituyen el 21% del total de diarios de las regiones en que COPESA posee diarios (regiones II, V, VIII y X)

Diarios Regionales de Chile
(no se incluyen diarios electrónicos)

- I Región: "El Puerto" de Arica, "La Estrella" de Arica, "La Estrella" de Iquique, "El Nortino" de Iquique.

- II Región: "El Mercurio" de Calama, "La Prensa" de Tocopilla, "La Estrella del Norte", "La Estrella del Loa", "El Pampino", "El Mercurio" de Antofagasta.

- III Región: "Diario Atacama", "El Pampino", "El Chañarcillo" de Copiapó

- IV Región: "El Día" de La Serena, "El Regional", "La Provincia", "El Ovallino" de Ovalle.

- V Región: "El Andino", "El Observador" de Quillota, "El Mercurio" de Valparaíso, "La Estrella" de Valparaíso, "Proa Regional", "El Líder" de San Antonio, "El Expreso".

- Región Metropolitana: "El Mercurio", "Las Ultimas Noticias", "La Segunda", "La Tercera", "La Cuarta", "La Nación", "Estrategia", "El Diario", "El Metropolitano", "La Hora", "MTG", "Diario Oficial", "El Labrador" de Melipilla .

- VI Región: "Crónica Popular", "El Centro de Chile", "La Región", "El Rancagüino".

- VII Región: "La Prensa" de Parral, "La Mañana" de Talca, "El Centro" de Talca, "El Centro" de Curicó, "El Centro" de Linares, "La Prensa" de Curicó, "El Heraldo" de Linares.

- VIII Región: "La Discusión" de Chillán, "Crónica" de Concepcón, "La Tribuna" de Los Ángeles, "El Sur" de Concepción.

- IX Región: "El Diario Austral" de Temuco, "Las Noticias" de Victoria, "El Progreso de Cautín", "La Provincia de Malleco", "Renacer de Chile".

- X Región: "El Diario Austral" de Osorno, "El Llanquihue", "El Diario Austral" (de Valdivia).

- XI Región: "El Divisadero", "El Diario de Aysén".

- XI Región: "El Magallanes", "La Prensa Austral".

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Ahora bien, proporcionalmente sólo los consorcios "El Mercurio" y " COPESA " dominan sin contrapeso la producción de la prensa escrita nacional. Lo preocupante, creemos poder enunciar sin pecar de incongruencia u osadía, es que su línea editorial influye sobre el modo de actuar y la formación de identidades de los habitantes del país. Estos dos consorcios están regulados por empresarios de una clara tendencia hacia la derecha política y que, obviamente, tienden al resguardo de los mayores intereses económicos que regulan la vida nacional. Se trata de una situación en la que los intereses privados se dan la mano para protegerse, sin mayor regulación que la que les dicte su propio beneficio.

Evidentemente, en la prensa escrita chilena el poder privado tiene una influencia mucho más decisiva que cualquier iniciativa estatal: en época de elección de autoridades políticas este sesgo se refleja quizá disimuladamente en la cobertura informativa, pero existe, sin embargo a nivel de subvenciones económicas.

Hagamos memoria. En los meses previos a la última elección presidencial chilena de 1999 la ciudadanía pudo ver la preocupación existente en algunos empresarios de que la asunción de un gobierno concertacionista, como el de Ricardo Lagos, fuera a constituir una merma a sus intereses. Pero esta intranquilidad, prudentemente, se expresó antes de ser electo el nuevo Presidente: una vez en el poder, muchos medios de periodismo nacional informaron sobre el repentino respaldo del empresariado a las políticas de Lagos, pese a que una significativa porción del empresariado chileno estaba antes a favor de Joaquín Lavín, el candidato presidencial de la derecha. No puede decirse, sin embargo, que los empresarios no lo apoyaron. De hecho, lo hicieron, sólo que la estrategia no fue suficiente. Ahora, debían acomodarse a un gobierno que duraría años, guardando un silencio más prudente. No harían lo mismo, en todo caso, los políticos de Derecha, que nunca perdieron su tribuna...

Uno de los ideólogos del régimen militar de Pinochet, Jaime Guzmán, ejemplificó en 1980 de una manera elocuente la influencia del diario de Edwards Eastman sobre la formación de juicios de la población de Chile. Estas fueron sus palabras: "El Mercurio de Santiago cumple el rol de decano del periodismo nacional. Es el diario formador de opinión pública por excelencia. La mayoría de los hechos adquieren en la opinión pública la jerarquía que El Mercurio les otorga. En cierta medida para la opinión pública las cosas ocurren "porque" salen en El Mercurio". Palabras similares se le atribuyen al destacado periodista Luis Hernández Parker: "El Mercurio es un órgano que a mi juicio es más de opinión que de información. Informa, forma y deforma. Ahí reside su poder y el hecho de que nadie que viva pueda prescindir de El Mercurio".

Formalmente, puede establecerse que tanto "El Mercurio" como COPESA han segmentado su oferta de periódicos y la consistencia de los mismos. De hecho, las dos cadenas poseen diarios de corte popular ("Las Ultimas Noticias" y "La Cuarta", respectivamente) y entregan suplementos con los que se pretende llegar a distintos grupos sociales: mujeres, jóvenes, niños, intelectuales, artistas, etc. Esta fragmentación, no obstante, sólo remite a un aspecto formal; no a uno ideológico. La Izquierda nacional y, por lo general, los sectores refractarios al actual orden socio - económico tienen un acceso casi nulo a la difusión nacional en los diarios de "El Mercurio" y de COPESA. Su discurso se ve confinado a publicaciones de distribución (y, por cierto, de venta) más acotada como "El Siglo", "Punto Final", "Rocinante", y algunos surgidos hace sólo un par de años como "La Firme" y "The Clinic", entre otros.


PRENSA SOBRE PRENSA

A fines del gobierno de Patricio Aylwin, en 1994, apareció el número 502 de la desaparecida revista APSI, que incluía un artículo titulado: "La Mano Invisible" y que señalaba estar referido a "Los dueños de la prensa".

Durante las semanas previas a la concepción de este ensayo, dicho escrito cayó en nuestras manos y nos llamó la atención la opinión del por entonces Ministro José Joaquín Brunner (quien, según la publicación, llevaba "la oficial voz cantante durante la discusión del proyecto conocido como "ley de prensa"") con respecto a que "las tendencias a la monopolización están contrarrestadas por una competencia bastante intensa y que lo que hace falta es simplemente un mayor acceso de la opinión publica a la información sobre quienes son los dueños reales de los medios escritos".

Nos llamó la atención que un intelectual proveniente de la izquierda "dura" chilena tuviese esas opiniones tan condescendientes con respecto al estado de la prensa nacional, pero nos volvimos a sorprender cuando señalaba que el pluralismo que debería existir con respecto a los medios estaría relacionado con la segmentación de sus públicos. A nuestro juicio, era una opinión un tanto acotada para solucionar tan amplio fenómeno.

Algo más de la información que encontramos en esta revista nos entregó importante información para configurar los elementos de este ensayo. En efecto, también se detallaba algo sobre los medios escritos surgentes en esos años. Uno de ellos era "El Diario", una publicación de tipo económico cuyo director era Roberto Pulido y su dueño el próspero empresario Ricardo Claro. El medio se planteó de inmediato como destinado al segmento ABC1. Los nombres principales que dirigieron este diario por esos años son los de Roberto Undurraga como subdirector; Mauricio Hoffman, en la coordinación editorial; y Andrés Velasco y Nicolás Vergara, en la edición de secciones.

Pues bien, Agustín Edwards Eastman había hecho un funesto presagio: que Ricardo Claro nunca tendría un diario. Lo que sucedió fue destacado, ya que con "El Diario" Claro logró contradecirlo.

"La Nación", un diario que el lector común asocia con el oficialismo, también era mencionado en esas páginas. De hecho, durante el gobierno de Aylwin su tratamiento de las relaciones cívico-militares fueron bastante polémicas. "La Nación" se planteaba, por los años de la nota de "APSI", como un diario poco confrontacional. El ministro de Frei, el ya mencionado José Joaquín Brunner, señalaba que "debía tener calidad para competir en el mercado" y que "el gobierno no tiene ninguna influencia en su línea periodística".

Por aquellos años, la propiedad del diario "La Nación" era compartida en un 70% por el Fisco y en un 30% por la Sociedad de Inversiones Colliguay.

En aquella época, y hasta hoy, "El Diario Oficial" era controlado por la Empresa Periodística La Nación S.A. La ganancias del primero superaban con creces las falencias del diario "La Nación". Pero la Administración Frei no estaba del todo conforme con que el 30% de las ganacias por "El Diario Oficial" fueran distribuidas entre la Sociedad de Inversiones Colliguay. Por ello, se pensó en trasladar la concesión de este diario a Editorial Jurídica, lo que no se hizo.

En cuanto a los debates de la "Ley de Prensa" cabe recordar que el ministro Brunner estaba presente en sus debates. En la oportunidad, aportó un estudio del analista Jorge Jaraquemada, quien destacaba que la presencia de oligopolios (como es el caso de la prensa escrita chilena) determinaba un "menor rango de pluralismo externo e interno". Pero Brunner fue más allá y durante su exposición ante la Comisión de la Cámara de Diputados expresó llanamente que "como ocurre en la mayoría de lo países, existen posiciones dominantes de ciertas empresas en partes del mercado".

Durante el gobierno militar algo de esto se dio de una manera casi natural. Así, por lo menos, lo dejó entrever el por entonces presidente del directorio del desaparecido diario "La Epoca" ante la misma comisión de Diputados. Su intervención recordó los millonarios préstamos - reseñados en nuestra "Introducción"- que recibieron "El Mercurio" y COPESA en los 80 para librarse de la quiebra. También destacó el hecho de que la concesión de "El Diario Oficial" a "La Nación" constituyó un subsidio de cerca de 1.500 millones de pesos mensuales.

El reportaje de la edición nº 502 de la revista APSI concluía con esta afirmación: "Los medios que hoy existen son menos que los que circulaban a fines del régimen del general Pinochet".

Otro artículo referido a la concentración de los medios de prensa es la edición de marzo del año 2.000 de la revista "Rocinante". El artículo, de corte interpretativo, señala que durante la década del 80 existían medios no inscritos dentro del oligopolio "El Mercurio - COPESA", tales como "Apsi", "Cauce", "Análisis", "Hoy", "Página Abierta", "Pluma y Pincel", etc., y agrega que los gobiernos de Patricio Aylwin y Eduardo Frei destacaron la importancia de la "libertad de expresión", pero que por diversas causas, los medios antes señalados quebraron o desaparecieron durante estas dos Administraciones.

Desde un punto de vista más opinativo, se señala que los medios no tienden en la actualidad a una pluralidad de contenidos, ni mucho menos. Es más, tampoco expresarían la totalidad del pensamiento de nuestras fuerzas políticas, lo que en palabras del ex presidente del Colegio de Periodistas, Jorge Donoso se traducía así: "Cualquiera que analice la prensa durante la (última) campaña presidencial puede darse cuenta de la manipulación que hubo a favor del candidato de la derecha".

En cuanto a la propiedad de la prensa, la publicación reseña la existencia de 80 medios escritos en nuestro país, de los cuales 16 pertenecen a la cadena "El Mercurio", entre los que se cuentan "El Mercurio", "La Segunda", "Las Últimas Noticias", revista "Paula" y sus diarios regionales. En cuanto a COPESA, Rocinante lo señala como el administradora de "La Tercera", "La Cuarta" y "La Hora", de las revistas "Qué Pasa" y "Decoart" y con participación en la Radio Zero. El resto de los medios esta conformado, entre otros, por "El Metropolitano" -en un primer momento de propiedad de las multitiendas Hites, luego vendido a un grupo integrado por militantes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), de filiación "derechista", como se sabe- y por revistas de propiedad extranjera (Editorial Televisa Chile S.A.) como "Vanidades", "Cosmopolitan", "Caras", "PC Magazine", "Mecánica Popular", "Harper`s Baazar", etc.


UN EJEMPLO PUNTUAL
(o como ciertos poderes
acabaron con "MTG")

Hugo Fazio, economista chileno y profesor universitario, director del Centro de Estudios de Desarrollo Alternativo (CENDA) y autor de varios libros de investigación ha estudiado el tema de la concentración del poder económico.

Su obra más conocida quizás sea el "Mapa Actual de la Extrema Riqueza", publicado por Editorial LOM en octubre de 1997, y suerte de "reconstrucción de escena" de los cambios que se han producido en la propiedad de los mayores patrimonios de nuestro país desde lo reseñado por Fernando Dahse en su germinal "Mapa Actual de la Extrema Riqueza" de fines de los setenta.

En su "Mapa Actual" y a partir de los mayores montos de las sociedades anónimas abiertas de finales del año 96, Fazio constata que los cinco grupos económicos más importantes del país son Angelini, Luksic, Matte, Yuraszeck y Said. Ninguno de estos grupos tiene directa y pública participación en la concentración del poder económico en los medios de comunicación escrita, sin embargo, y como se afirma en este libro, "el proceso de concentración también alcanza a los medios de comunicación".

Durante el año 2.000, Fazio reformuló los resultados de su texto de 1997 y publicó un Mapa de la Extrema Riqueza al año 2000, con el inquietante título de "La Transnacionalización de la Economía Chilena".

Pues bien, al comenzar este nuevo milenio la hegemonía del mercado escrito sigue en poder de El Mercurio y COPESA.

El caso más ilustrativo de este dominio se constató en la prohibición de circulación del diario Metro, proceso en el cual los grupos Edwards y COPESA contaron con un aliado estratégico: la Asociación Nacional de Prensa (ANP), que cuenta entre sus socios fundadores a siete publicaciones de las dos cadenas mencionadas·.

Fue el 21 de Septiembre del año 99 cuando el Consorcio Periodístico de Chile S.A. (COPESA) denunció ante el por entonces Fiscal Nacional Económico, Rodrigo Asenjo, que la "Empresa de Transportes de Pasajeros Metro S.A.", "Modern Times Group (MTG)" y "Metro Internacional S.A." vulneraban la reglamentación vigente sobre libre competencia. Se acusaba a estas empresas de quebrantar el decreto ley nº 211 de 19732, debido a la publicación del diario "Metro" de circulación gratuita de lunes a viernes en el interior del tren subterráneo. Lo esencial de los argumentos de COPESA por los que estas empresas violaban la libre competencia fueron:

- Que el diario "Metro" tendría un público "cautivo" y excluyente de unas 750.000 personas diarias; vale decir, los usuarios del tren. Se argumentó, además, que en el interior de las estaciones no se permitía la distribución de ningún otro diario.

- Que un periódico gratuito competía en desigualdad de condiciones con cualquier periódico vendido.

- Que en vista y considerando que los lectores del diario estarían asegurados en su calidad de tales, las empresas avisadoras optarían por insertar publicidad en este medio de lectura indudable.

La empresa "Metro S.A." contestó a la comisión resolutiva que atendía la demanda el 14 de octubre de 1999. Los descargos de su defensa se sustentaron principalmente en las siguientes conclusiones presentadas:

- COPESA es miembro de SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril) y de la Asociación Nacional de Prensa, las que, según la defensa, presentaron recursos de protección y amparo, respectivamente, de forma "concertada";

- Con respecto a la gratuidad del medio, se defendieron reseñando no ser los únicos que se ofrecían sin costo al público. Ejemplificaron con diarios digitales e incluso fueron más lejos y mencionaron que el diario de COPESA "La Tercera" regalaba la revista "Time" y "El Mercurio" la revista "Paula".

- Opinaron que la denuncia de COPESA no era gratuita y sí atribuible a la no pertenencia del diario "Metro" a la ANP.

- Por último, postulaban que la denuncia de COPESA pretendía "imponer barreras de entrada a sus competidores para mantener su poder de mercado".

A principios del 2.000, la Fiscalía Nacional Económica tomó una decisión basada en los artículos 1º - 2º - 6º - 17º (letra a) nº 1 y 2 y letra b)) - 18º y 27º del Decreto Ley 211. Su resolución reseñaba esencialmente que cualquiera puede distribuir periódicos en el Metro sin condiciones discriminatorias. Pero se era aún más específico y se establecía que "los prestadores de servicios de utilidad pública (el Metro, entre ellos) están obligados a promover la libre competencia en los negocios que puedan realizarse por terceros" mediante el acceso "sin discriminación a la mayor cantidad posible de interesados".

La Corte Suprema a principios de ese año falló finalmente en contra del diario "Metro". La ANP celebró la decisión argumentando lo negativo de "una intromisión indebida, ilegítima e inconstitucional de una empresa del Estado en una actividad empresarial" la que, sin embargo, a la vez debía "funcionar con plena libertad, competencia y pluralismo".

La resolución de la Corte Suprema se apoyó también en una de las últimas ordenanzas dictadas durante el régimen de Pinochet. Se trata del "Estatuto del Estado Empresario", que establece que toda empresa pública que quiera expandirse a otra actividad que la que realiza sólo puede hacerlo previa dictación de una ley que la autorice.

El Metro, por lo tanto y como lo destacó la ANP, no podía publicar un diario por ser una sociedad anónima cuyo objetivo estaba preestablecido por una ley de quórum calificado: para realizar otro objetivo, necesitaba otra ley del mismo tipo. Finalmente, y como no se dictó esa nueva ley, el diario "Metro" no pudo ser repartido (como se hace en varios países democráticos del mundo) a los usuarios del tren. Se cambió el nombre a "MTG" y se desvinculó, de esta manera, de Metro S.A., empresa del Estado. El diario tuvo que distribuirse a las salidas del Metro. Su gratuidad, eso sí, se mantuvo.

La molestia de la ANP con respecto al surgimiento de esta nueva publicación se había concretado en un inserto en sus diarios asociados: "La Asociación Nacional de la Prensa protesta con la mayor energía contra la pretensión del Estado de invadir un campo propio de la empresa privada, perturbando gravemente su normal desenvolvimiento y contrariando el orden público económico. Resulta incomprensible esta ilícita e inconstitucional iniciativa, si se considera que hasta ahora no ha sido resuelta la injerencia del Estado en la Prensa".

La ANP acusa de inconstitucionalidad el funcionamiento del diario "Metro"; paradojalmente, sin embargo, es la Constitución política que hoy nos rige la que en el número 12 de su artículo 19 establece: "Toda persona natural o jurídica tiene el derecho de fundar, editar y mantener diarios, revistas y periódicos, en las condiciones que señale la ley".

El tema tiene consecuencias insospechadas para la sociedad chilena y no afecta sólo a empresarios y empresas de medios de comunicación. De hecho, los mismos periodistas son los que, día a día, deben enfrentarse a la realidad de un mercado oligopólico a la hora de tener que entregar informaciones a una sociedad que espera de ellos veracidad y no tendencialismo ideológico.

Con respecto al caso del diario "Metro", el Colegio de Periodistas manifestó abierta y rotundamente su rechazo a la medida impulsada por la ANP en contra de la publicación.

En marzo del año pasado, Jorge Donoso Pacheco (el ya mencionado ex presidente del Colegio de Periodistas de Chile) publicó en "Rocinante" un artículo titulado "Libertad de Expresión y Concentración de la Propiedad".

El dirigente parte determinando que es "libertad de expresión" y señala que se constituye sobre la base de libertad de opinión y la libertad de información. Sobre esta última, distingue un derecho más bien individual como lo es el de recoger y difundir información, y otro conocido como "derecho social a la información" y que vendría a ser "la libertad de la sociedad de recibir información". Es en este último punto en el que entra a pesar el tema de la propiedad de los medios de comunicación.

Pensando, por ejemplo, en la existencia hegemónica de "El Mercurio" y COPESA, Donoso postula la imposibilidad de que esto contribuya a que nuestra sociedad esté convenientemente informada. De una u otra manera, la ideología de estos medios se filtra en sus contenidos informativos. ¿De que tipo de ideario estamos hablando? De uno "liberal en lo económico, autoritario en lo político y conservador en lo valórico", señala.

Se trata, pues, de la existencia de un duopolio que domina sin contrapeso en la prensa escrita. Es aquí - postula Jorge Donoso- en donde el Estado debería intervenir para frenar esta concentración de poder económico o, al menos, para evitar su empeoramiento. Las medidas que habría que adoptar son del orden de rebajas arancelarias para los insumos de esta industria, rebajas tributarias y hasta subvenciones, que según recalca, deben ser "entregadas por organismos imparciales desligados del Gobierno"


EL PODER DE LA PUBLICIDAD.



Cuando los lectores de diarios hacen correr sus ojos por las páginas de estas publicaciones a menudo se topan con avisaje publicitario. Sin embargo, le otorgan un valor funcional y no reparan ni intuyen que si no fuera por estos "avisos" la subsistencia de cualquier matutino se vería en serio riesgo: basta recordar la repentina y forzosa desaparición del diario "La Epoca" (el diario era de clara filiación concertacionista y concluyó de aparecer durante el gobierno del DC Eduardo Frei) por insuficiencia de avisaje para ilustrarlo.

Ahora bien, ¿cuánto es lo que se gasta en inversión publicitaria en diarios? Según datos entregados por la Asociación Chilena de Agencias de Publicidad (ACHAP) y referidos a 1998, estamos hablando de ni más ni menos que de 107 millones 209 mil dólares. Los principales beneficiarios de este tipo de cifras son las cadenas "El Mercurio" y COPESA, razón por la que se torna comprensible su férreo combate contra cualquier competencia: mientras más lectores tenga un diario que no pertenezca a estas cadenas, mayor es la probabilidad de que los avisadores tiendan a publicar su mensaje en este medio.

Pero "El Mercurio" de Santiago, como en tantos otros aspectos, tiene poco que temer. En la publicación del diario del 1º de Junio del año pasado, se notó un hecho que pudo parecer "explicable" (dada la conmemoración que se producía en esa fecha) para cualquier lector. En efecto, con una periodicidad promedio de cada página por medio, se insertaba una felicitación del tamaño de una página de los principales "Amigos" del diario que lo saludaban por cumplir su centenario. Viejos conocidos que mostraban un gran ingenio a la hora de enviar sus felicitaciones se daban paso en esta sucesión: COPEC, ENDESA, LAN, Almacenes Paris, Johnson`S, CTC, ENERSIS, Banco Santander, Fallabella, etc.

Una semana antes, el 25 de mayo, "Estrategia" publicó un "ranking de empresas cerradas filiales de sociedades anónimas abiertas" (entre los 100 primeros de este ranking figuraban ganancias del orden de los 30 mil millones de pesos a los 450 mil millones de pesos en los primeros tres meses del año 2000). Pues bien, entre estas cien primeras ganancias se encontraban las empresas arriba mencionadas.

Los montos de ganancia son elevados; los de inversiones publicitarias, tampoco son despreciables. Pero la diferencia que pueda existir entre ambos redunda a favor de las empresas inversoras. Como explicó el periodista de "El Mercurio" que citamos al comienzo de este ensayo: "Si "El Mercurio" anuncia (en sólo una página) una liquidación de camisas de venta a $100... mucha, muchísima gente iría a comprar las camisas". Este influjo publicitario guardaría directa relación con la "credibilidad" que ha conseguido "El Mercurio", producto, entre otras, de la expansión territorial y económica del grupo económico propietario del matutino. Esta conclusión aparece un poco menos inocente si se piensa, por ejemplo, que en vez de estar hablando de la promoción de una "liquidación de camisas" aplicamos el concepto a la difusión de una ideología.

El saludo por el centenario más curioso en "El Mercurio" de ese 1º de junio tal vez haya sido el publicado en la página 20 del Cuerpo B ("Economía y Negocios"). Firmado por la agencia de publicidad "Waltter Thompson" lleva tan sólo una inscripción escrita con caracteres pequeñísimos: el resto de la página esta en blanco. Como para pensar en la inopia de los amigos del diario... la leyenda dice: "En un día tan especial, todo el mundo los va a llenar de saludos, felicitaciones y regalos. Nosotros preferimos regalarles la plata para que se compren lo que quieran".

Fue, de hecho, un día muy especial en el que todo el mundo llenó a "El Mercurio" de saludos, felicitaciones y regalos.

V.

EL CENTENARIO DE "EL MERCURIO".



La noche del 31 de mayo del 2000 el Centro de Eventos Casa Piedra recibió a numerosos y selectos invitados. En efecto, más de 600 personalidades del quehacer nacional se dieron cita en la cena de gala de la conmemoración de los 100 años de "El Mercurio" de Santiago. El encuentro, sin embargo, era un preámbulo de lo que realmente iba a suceder a partir de las 00:00 horas de esa noche: los cien años de la fundación de este diario por Agustín Edwards MacClure, el 1 de junio de 1900, se conmemorarían con real propiedad.

Para dar una muestra de la convocatoria alcanzada, basta mencionar a algunos de los asistentes a ese acto: el Presidente Ricardo Lagos y su esposa, el presidente del Senado, Andrés Zaldívar, y de la Cámara de Diputados, Víctor Barrueto, el presidente de la Corte Suprema, Hernán Alvarez, y varios ministros de Estado. También estuvieron presentes: Patricio Aylwin, Joaquín Lavín, Gabriel Valdés, Sergio Romero, Alberto Cardemil, Sergio Diez, , el padre Renato Poblete, Alvaro Saieh, Carlos Cruzat, Patricia Politzer, Eugenio Tironi, Enrique Ramírez (presidente del Colegio de Periodistas), Jovino Novoa, José Joaquín Brunner, Felipe Lamarca, Sergio de Castro, Andrónico Luksic, Walter Riesco, Manuel Feliú, Alejandro Foxley, Hermogenes Perez de Arce y Felipe Lamarca, por dar sólo algunos nombres conocidos.

La ceremonia contó con la exposición de cuatro oradores: el director responsable del diario, Juan Pablo Illanes; el presidente de la Asociación Nacional de Prensa, Cristián Zegers; el presidente de "El Mercurio", Agustín Edwards Eastman y el Presidente de la República. Sin desmerecer la intervención de los otros dos expositores, resulta necesario destacar dos de ellas.

La primera, la del presidente de "El Mercurio", Agustín Edwards Eastman. El encargado de dirigir la empresa periodística más importante de nuestro país, destacó que "El Mercurio" de Valparaíso es el diario más antiguo en lengua castellana, señalando además que "ningún periódico hispanoamericano, tan antiguo y prestigioso como el nuestro, ha pertenecido por tantas generaciones a la misma familia".

Edwards Eastman siempre ha tenido una gran convicción sobre el diario que dirige. De hecho, en su discurso declaró: "hemos procurado sin desmayos la completa cobertura y credibilidad de la noticia, de modo que ésta pase a ser tal e indiscutible, por el sólo hecho de que "El Mercurio la publique". Esta dedicación a la integridad periodística tiene, eso sí, un factor adicional. Prosigue Edwards: "Por supuesto, debemos dar la noticia completa e indeformada, pero las conclusiones que de ella deduzcamos serán las que validamente nos dicte nuestra línea editorial".

La línea editorial del diario puede ser redactada sin mayor constricción por parte de quienes la escriben. La razón de esto, cuenta Edwards Eastman, se haya en que "El Mercurio" está "sintonizado con la opinión pública y con sus ideas permanentes. Al expresarlas, refleja tanto la estabilidad de éstas como los cambios que experimentan".

El discurso del presidente de "El Mercurio" contiene un párrafo esclarecedor con respecto al desafío inherente a un diario que debe competir con otros medios escritos del país. Estás son las palabras textuales: "En la competencia periodística, "El Mercurio" ha debido enfrentar a distinguidos rivales a lo largo del tiempo. El mismo ímpetu y capacidad de adaptación nos animan hoy cuando competimos en un mercado muy abierto, caracterizado por el surgimiento de muchos medios, entre ellos, nuevos medios - algunos gratuitos-, nuevos sistemas de distribución, y nuevas necesidades de públicos muy segmentados".

Para mantener este ritmo competitivo, "El Mercurio" cuenta con un arma quizás tanto o más imbatible que el dinero: la fidelidad de su capital humano. Obviamente, no resulta muy fácil para un periodista iniciado llegar a trabajar a "El Mercurio"; esto, válido para un profesional universitario, quizás lo sea más para el llamado "personal no cualificado": técnicos de impresión, aseadores, vendedores, etc. Por eso, quien llega a trabajar a este diario, no descuidará lo conseguido así como así. Edwards le da a esta necesidad una cara menos cruda y cuenta, con palabras llenas de añoranza: "tal como sucede en mi familia, muchos de nuestros trabajadores y colaboradores son hijos, nietos y hasta bisnietos de otros colaboradores nuestros que trabajaron junto a mi padre o a mi abuelo. En pocas empresas nacionales se observa una circunstancia parecida, que le otorga un significado especial a la expresión "familia mercurial"".

Pero sí existe algo en el contenido del discurso de Eastman que tiene un valor intrínseco, un valor noticioso en sí, son las líneas que a continuación se reproducen. Son palabras deslumbrantes por su franqueza, que revelan, de una vez por todas, que es "El Mercurio", cuales son las ideas que lo sustentan. Estos son los fragmentos extractados de la disertación de Edwards:

"No cree la gran mayoría de nuestro pueblo, ni tampoco cree "El Mercurio, en la exaltación, la injuria, la fuerza, el desorden o la violencia. (...) Por eso, en los momentos de extrema pasionalidad política y social, "El Mercurio" mantiene su tono moderado, y ésta misma serenidad exacerba cierta irritación en su contra".

"Para nuestro diario, han sido siempre valores intangibles la separación e independencia de los poderes del Estado, la generación popular y periódica de las autoridades políticas, y las libertades públicas. Especial énfasis, naturalmente, ha puesto en la libertad de expresión".

"Creemos en la empresa libre y competitiva, en el Estado pequeño, subsidiario y eficiente, en los equilibrios económicos (partiendo por el presupuestario), la desrregulación, y la apertura a los mercados exteriores o libre comercio. (...) Siempre y sin desaliento el diario ha defendido estos principios liberales".

El Presidente de la República fue el encargado de pronunciar el último discurso de la jornada. Después de realizarse el llamado "cambio de folio", Lagos tomó la palabra, diciendo: "Quiero hoy, en primer lugar, celebrar este acontecimiento". La importancia de "celebrar este acontecimiento", tenía para el Presidente Lagos un fundamento en las tradiciones más arraigadas de nuestro país, ya que "es prácticamente legítimo decir que toda la historia del Chile republicano ha pasado en las páginas de "El Mercurio".

Ciertos fragmentos de la intervención del Primer Mandatario fueron calificados en las páginas de "El Mercurio" del 1 de Junio como de "tono relajado y distendido". En efecto, el presidente Lagos estaba relajado y distendido cuando pronunció las siguientes palabras: "La relación entre el poder y la prensa es una relación difícil y compleja. Siempre los que ejercemos las tareas cotidianas consideramos que nuestras brillantes ideas, nuestras sabias decisiones no son debidamente ensalzadas en la prensa editorial". Más certero aún, continuó: "¡Tanta idea brillante! Y que desgraciadamente el editorial de turno no es capaz de considerarla a la altura de aquel que las piensa".

La condescendencia y la inflexión de la voz fueron distintas, sin embargo, cuando las remembranzas fueron otras. De hecho, el análisis histórico del impulso mercurial pasó del tranquilo elogio a la imputación más o menos velada cuando el Presidente se refirió a las últimas décadas en Chile. El famoso "dedo de Lagos" parecía alzarse cuando los presentes a la cena de gala escucharon lo siguiente: "El Mercurio, como tantos otros medios de prensa, se alineó con una de las partes en conflicto. Y fue como todos los protagonistas de la vida nacional, tanto objeto como responsable de aquella división que culminó en el derrumbe de nuestra democracia".

La noticia que encabezaba en el diario el relato de esta ceremonia fue publicada ese mismo 1 de Junio y se tituló "Cien Años de El Mercurio". ¿Su antetítulo? "Histórica Conmemoración".

El último párrafo del texto informaba de aspectos más bien técnicos, como por ejemplo que "El Mercurio" de Santiago "publica mensualmente como promedio más de 73 mil noticias", que "consume sobre 41 mil toneladas de papel", que sus "departamentos fotográficos procesan cerca de 52 mil imágenes" y que, en Chile, los diarios de la cadena "El Mercurio" son leídos "en promedio por un millón 220 mil personas".

Con semejante infraestructura, resulta prudente pensar más a fondo lo terrible que se encierra en las palabras de Ricardo Lagos, con respecto al futuro de la igualdad de oportunidades de nuestros medios escritos. "Estoy cierto que el diario "El Mercurio" va a volver a tomar y va a seguir siendo aquél que puede hablar por el alma de todos los chilenos".

Los funcionarios de "El Mercurio" tuvieron su celebración ("Cena de Camaradería", la llamó el diario) el día anterior; por lo tanto, seguramente no estuvieron presentes en la sala. Sí lo estuvo Agustín Edwards Eastman. Con él, la nombradía de una de las dinastías más prestigiosas del país. Resultaría provechoso, pues, referirse a esta familia, la que dirige un consorcio periodístico que " puede hablar por el alma de todos los chilenos".


¿QUIÉNES SON LOS EDWARDS
DE "El MERCURIO"?



El llamado clan Edwards ha tenido una importancia innegable en la vida de nuestro país durante los últimos dos siglos. Su primer integrante en llegar al país fue Jorge Edwards Brown quien arribó a Coquimbo en 1804 a bordo de un barco inglés. Su sucesor fue Agustín Edwards Ossandón y de ahí en adelante todos los miembros más insignes de la familia se llamaron Agustín. Si bien ninguna de sus biografías resulta trivial en tanto posibilidades narrativas, para efectos de esta investigación resulta necesario reseñar tan sólo algunos aspectos pertinentes.

Agustín Edwards Ossandón fundó el 5 de enero de 1867 el Banco Agustín Edwards y Cia. Su hijo, Agustín Edwards Ross, compró un endeudado "El Mercurio" de Valparaíso en 1877. De ahí en adelante, la gravitación de los Edwards en el periodismo y la sociedad chilena es historia obligada.

El cuarto Edwards del clan fue Agustín Edwards Mac Clure. La fama de este tercer Agustín es ciertamente merecida: de intensa vida política, fue, por sobretodo, el fundador del diario más importante del país: "El Mercurio" de Santiago, el 1º de junio de 1900.

Se trata de una impronta periodística distinta a todo lo existente en el país. Patricio Bernedo y Eduardo Arriagada, dos investigadores de la Universidad Católica, califican de este modo la influencia de esta obra de Edwards MacClure en el periodismo nacional: "Es una visión revolucionaria para la usanza de hacer periodismo, donde los periódicos eran más bien comunicadores de doctrinas, editoriales con algo de publicidad y noticias".

MacClure, nacido en 1878, fue diputado, ministro y diplomático. Presidió, incluso, la Sociedad de las Naciones.

Su destacada labor periodística se caracterizó por un frenético impulso creador. Efectivamente, en tan sólo 31 años, a partir del primer año del siglo pasado, fundó los diarios "Las Últimas Noticias", "El Mercurio" de Antofagasta, "La Estrella" de Valparaíso y "La Segunda", y las revistas "Zig Zag", "Correvuela", "Sucesos", "El Peneca", "Selecta" y "Familia". Se le atribuye la siguiente frase: “una gran fortuna es una gran obligación”.

Su hijo, Agustín Edwards Budge, puede reseñarse como sucesor de la tradición mercurial, creador de la Editorial "Lord Cochrane" y quien encomendó al gobierno de Carlos Ibáñez la contratación de la misión norteamericana Klein Sacks, sindicada como un antecedente directo de las políticas económicas hoy vigentes en el país.

Así llegamos a la culminación temporal de la saga: Agustín Edwards Eastman, nuestro contemporáneo.

Nació en 1927. Se graduó como periodista en la Universidad de Princeton. He aquí algunos de los hitos más importantes de su vida:

- Publicación de su memoria "Anarquía y Autocracia" en Estados Unidos.

- Trabajos en los diarios "Herald Tribune" y "The Times".

- Presidencia de la empresa "El Mercurio" en 1958.

- Posesión accionaria en empresas tales como "Compañía de Seguros La Chilena Consolidada", "CCU" y "Banco Edwards"

- Dirección de la aerolínea Cinta, de la Compañía Acero del Pacífico, de la Compañía Industrial, de la Sociedad Agrícola Viña La Rosa, de Seager y Burke, de la Compañía Agrícola Chilena, de la Sociedad Frutera Peumo Sofruco, de Tejidos Caupolicán y de la Compañía Chilena de Navegación Interoceánica.

- Durante los años 1970 1975 se va de Chile a vivir a Estados Unidos.

- Ejerce la vicepresidencia de la Pepsi Cola.

- Adquiere el Banco de Constitución y le cambia el nombre a Banco de "A. Edwards".

- Crea la empresa de televisión por cable Intercom.

- Funda la Administradora de Fondos de Pensiones El Libertador.

- Crea la empresa de Publicaciones Lo Castillo.

- En 1991 el Frente Patriótico Manuel Rodríguez secuestra a su hijo Cristián: se cancela cerca de un millón de dólares por su rescate.

- Ese mismo año participa en la generación del Grupo de Diarios de América.

- Crea la "Fundación Paz Ciudadana".

- Brinda respaldo al Opus Dei y a los Legionarios de Cristo.

El actual director de "El Mercurio" tiene seis hijos. Tres de ellos, Felipe, Isabel y Cristián, integran la dirección titular del diario.

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