5/8/07

Alejandro Goic y la inequidad en el país

“Si no la resolvemos, las movilizaciones continuarán”

El obispo critica a la prensa que sólo publica las opiniones de la Iglesia en materia de sexualidad, pero nada dice cuando levanta la voz en temas sociales. “La moral es una; tiene dimensiones en la sexualidad, la política, en la economía y en la creación de una sociedad más justa”, recuerda.
Por Soraya Rodríguez
El viernes 14 de septiembre de 1973, algunas esposas de detenidos políticos en Punta Arenas solicitaron ayuda al entonces sacerdote Alejandro Goic. Este les dio “aliento y fortaleza” y les sugirió que acudieran al recién nombrado obispo, el salesiano Tomás González. Dos días después, ambos siguieron las instrucciones del cardenal Raúl Silva Henríquez, “abrieron las puertas y los corazones a las víctimas” de la represión y luego instalaron en la catedral una modesta oficina que atendía Goic, dando vida al Comité Pro Paz local.

Hoy, al retomar la búsqueda del diálogo a favor de los más débiles como presidente de la Conferencia Episcopal, no teme volver a ser calificado como un “cura rojo”.

“Yo fui muy criticado en el régimen militar, pero lo que traté de hacer, dentro de mis limitaciones, fue defender a la gente que era perseguida. Hoy son nuevas luchas, y esto que estoy diciendo es el Evangelio, la doctrina de la Iglesia, lo que dice Juan Pablo en su encíclica social, es lo que decía Alberto Hurtado. No he dicho otra cosa”, responde sereno.

Con el mismo tono critica a la prensa que sólo publica las opiniones de la Iglesia en materia de sexualidad, más conservadora, pero nada cuando levanta la voz en temas sociales.

“La moral es una; tiene dimensiones en la sexualidad, en la política, en la economía, en la creación de una sociedad más justa, pero parece que cuando uno toca estos temas, no quieren publicarlos”, advierte.

Tras conocer el informe del PNUD del 2005, previo a la elección presidencial, este hijo de inmigrantes croatas ya nos enrostraba las “escandalosas diferencias en la distribución de los ingresos” y clamaba: “¡Es necesario superar esta dolorosa situación! Están dadas todas las condiciones para ello”.

Vocero de una advertencia que recién ahora parece ser escuchada, Goic, en su metro 90, con sus dolores lumbares y la calma que casi oculta su preocupación, sostiene que el diálogo es la clave y vuelve a llamar a Codelco para que cumplan el acuerdo con los tercerizados.

-La Iglesia advertía desde el informe del PNUD la necesidad de buscar caminos de justicia social. ¿Qué ha pasado que no la escuchan?

-En abril del 2005, previo a la elección de la actual Presidenta de la República, junto con destacar los avances que ha tenido el país desde la recuperación de la democracia, señalábamos que persisten desigualdades escandalosas.
Desde esa fecha, hemos avanzado, pero no lo suficiente. En este conflicto, cuando se produjo la quema de los buses, hice una declaración condenando la violencia e invitando al diálogo; y después como Conferencia Episcopal sacamos una declaración en la cual decimos que hay una cuestión estructural en la sociedad chilena que tenemos que mejorar.
Y a raíz de estas declaraciones empezaron a acercarse autoridades de Codelco, ministros de Estado y los trabajadores contratistas. Me di cuenta que los actores acudían, una vez más a la Iglesia.
Yo fui sólo un facilitador de ese diálogo.

-También en dictadura la Iglesia advirtió sobre la necesidad de dialogar para evitar una escala de violencia.

-De siempre. Hay una declaración profética de la Conferencia Episcopal, del año 68, la que, frente al clima que se avecinaba, decía que si no se calmaban los espíritus vendría todo tipo de situaciones, y describía sobre la posibilidad de un gobierno de facto.
No se le hizo caso.
Ahora hemos recuperado la democracia y el país ha crecido económicamente, lo que falta es mayor equidad social. Eso ha mostrado el conflicto reciente. Tal como la Iglesia intervino en momentos difíciles, cuando se violaba la dignidad humana, ahora queremos defender y valorar el derecho de los trabajadores.

-¿Qué diría a los empresarios que critican esta negociación?

- Juan Pablo II, en la encíclica Centesimus Annus (1991) dice que el verdadero concepto de empresa es una comunidad humana, donde todos son importantes. Por lo tanto, lo justo sería que si la empresa crece haga participar de ello a todos sus trabajadores, empezando por los que tienen menos. Los que tenemos el don de la fe tenemos el imperativo de trabajar por la justicia social, que está en las entrañas del Evangelio. Sé que a algunos hombres de empresa no les ha gustado esto, pero tengo entendido, sin ser un experto, que si ambas partes así lo acuerdan puede haber diálogo.

-¿Eso tiene relación con la estabilidad política?

-Nosotros supimos lo que era vivir en dictadura, donde sólo había una voz.
La transición a la democracia en Chile, con todas sus limitaciones, ha sido extraordinaria, pero nos falta este otro paso: que esa riqueza se pueda distribuir más equitativamente sin que la empresa deje de producir.
Si no empezamos a resolver esto, las movilizaciones van a continuar. Tenemos que anticiparnos sabiamente y por eso he llamado a un debate nacional.

-¿Cuál es el rol que deben asumir los gobiernos para superar esta brecha?

-Se debieran buscar canales para dialogar, no para resolver inmediatamente el tema. No se puede desincentivar la producción, pero ¿por qué no sentarse a la mesa y hacer esfuerzos serios para que en la cercanía del Bicentenario, gradualmente, logremos un país más equitativo?

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