11/9/08

Hace 35 Años Un 11 de septiembre.

Chile conmemora el Día del Duelo Nacional. Nuestras banderas se inclinan respetuosas en las tumbas de nuestros mártires. Chile reitera el juramento de que “nunca más” y reitera su exigencia eterna de justicia para las víctimas.
Chile recuerda hoy el fatídico día en que fue derrotado el movimiento popular que llevó a Salvador Allende, en elecciones limpias y libres, al poder en Chile, un 4 de septiembre de 1970.
El 11 de septiembre de 1973 fue un martes igual que este año y el Presidente recibió la primera noticia de la insurrección aproximadamente a las seis de la mañana. La Armada estaba sublevada en Valparaíso y los barcos de la flota de Estados Unidos operaban en aguas territoriales chilenas ya que se estaba realizando un ejercicio conjunto de ambas marinas en el marco del Pacto Militar Interamericano.
El gobierno de Allende, apoyado por la Unidad Popular fue derrotado.
No fracasó ya que el país fue artificialmente parado en parte por huelgas políticas insurreccionales de gremios y dueños de camiones financiados por los servicios secretos de los países desarrollados de América y apoyados por una alianza entre la Democracia Cristiana y la derecha agrupada en un partido de nombre “Nacional”.
Chile fue acosado por una agresión concertada que intentó “hacer crujir” la economía chilena como ordenara el Presidente Nixon a sus asesores en presencia de Agustín Edwards, el dueño de El Mercurio que fue el agente extranjero mas exitoso de la insurrección ya que no sólo logró que la CIA financiara su periódico y sus empresas en Chile, sino que al autoexiliarse en los Estados Unidos influyó y manipuló a los funcionarios del poder en los EEUU para lograr el derrocamiento de Allende.
En Chile, a partir de unos primeros días en que los militares, por no estar muy seguros de que podían vencer definitivamente, hicieron toda clase de promesas como que los trabajadores mantendrían sus conquistas, la libertad sería restaurada y la democracia nuevamente establecida.
Fueron tantas estas declaraciones que hasta el mismo presidente del Senado (sucesor legal de Allende y que según la Constitución debía asumir la Presidencia y llamar a elecciones en seis meses pudiendo el mismo ser candidato) se hizo presente en una ceremonia sin mayor sentido que hicieron los cuatro insurrectos en la Escuela Militar en la que patéticamente se auto entregaron el mando de la nación, el Presidente del Senado llegó a la Escuela Militar porque se suponía que los Democrata Cristianos habían apoyado el golpe con todas sus fuerzas y debían cosechar los frutos de la aventura político-militar y recibir el premio que corresponde a tales esfuerzos.
No fue tomado en cuenta. Se asegura que le fue requisado el auto oficial del Presidente del Senado y fue enviado de vuelta a casa en un jeep militar haciéndole sentir claramente que sus servicios ya no eran necesarios y menos los de su partido al que no tomaron en cuenta para ningún cargo ni para responsabilidad gubernamental alguna.
De hecho al poco tiempo y ya consolidado el poder en manos de la clique civil-militar que se aprestaba a tomar las riquezas del Estado por asalto, los democrata cristianos, antiguos aliados y feroces y decisivos enemigos de Allende, fueron perseguidos, aislados, los bienes de su partido expropiados y sus dirigentes incluso fueron víctimas de atentados como el caso de Berrnardo Leigthon y su esposa en Roma.
Quien se une con traidores y filibusteros termina siempre traicionado cuando se trata de repartir el botín.
La carta de Eduardo Frei al Primer Ministro italiano Aldo Moro de nada sirvió. Ni la disciplinada manera como apoyaron el golpe. Ni el discurso de Andrés Zaldívar antes de que asumiera Allende en el que llamó a una “corrida bancaria” por televisión nacional. Nada sirvió.
Los militares se deshicieron de la DC como de un empleado molesto y poco fiable.
Quizás en el futuro y cuando lleguen otros al mando de la DC se pueda evaluar el profundo error y la traición a sus principios que cometió la dirigencia democrata cristiana al colaborar con el golpismo y derrotar a Allende.
Los acontecimientos que siguieron son conocidos.
El terror duró 17 años.
El dictador no cayó. Fue desplazado del poder con garantías y asegurada su vida y su patrimonio y la impunidad de sus colaboradores mas cercanos por un proceso que fue llamado “transición pactada”.
El gobierno de los EEUU lo había “dejado caer”.
Cuando vieron que en Chile había aparecido un embrión de ejército que no pudo ser derrotado por Pinochet y que incluso casi logra eliminarlo en una emboscada.
Cuando vieron que había un movimiento de masas gigante en Chile y que el peligro real de que esas masas se conectaran con el germen de ejército que los servicios de seguridad no pudieron eliminar y menos vencer, entonces Washington visualizó claramente que Pinochet de ser un “salvador” del capitalismo en Chile se había transformado en un obstáculo, como lo dicen claramente los documentos capturados a un coronel chileno secuestrado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez en la época.
La constitución redactada por Jaime Guzmán no fue tocada en este “pacto”, el que consideraba acuerdos secretos, ni siquiera escritos, que aseguraron entre otras cosas que ninguna de las privatizaciones de la parte mas valiosa y estratégica del patrimonio industrial y de infraestructura chileno serían revisadas.
Empresas gigantes como la Empresa Nacional de Electricidad que había electrificado todo el país y poseía centrales hidroeléctricas y toda la infraestrucura de ella fueron privatizadas por métodos oscuros que fueron la hora para oportunistas que de la noche a la mañana terminaron millonarios y al final “vendieron” lo que nunca fue de ellos a consorcios extranjeros.
Todas las empresas del Estado fueron repartidas entre amigos, colaboradores.
Los insurrectos y cientos de miles de ciudadanos fueron encerrados en campos de Concentración.
La campaña de propaganda, apoyada en los dos únicos periódicos que quedaron con vida después del golpe: El Mercurio y La Tercera, hincó sus garras mentirosas en la mente de los chilenos .
Ya casi nada nos pertenece a los chilenos en nuestro país.
Los extranjeros sacan de Chile riquezas gigantescas cada año y en Chile queda el hoyo y los salarios miserables.
Es por esto que creemos que el día 11 de septiembre debería ser un Día del Duelo Nacional.
En cada centro de tortura, de detención, en cada lugar donde los crímenes de la dictadura se cometieron, sea en contra de las personas, sea en contra del patrimonio chileno debería una placa, un monumento recordatorio.
Necesitamos un archivo completo de los crímenes y no sellado con un secreto “legal” como lo está el Informe Valech.
Debería haber un registro completo en imágenes, sonido y escrito de todos los testimonios de los crímenes de la dictadura.
Para que nunca más se atrevan a levantar la mano en contra de Chile.
Finalmente y desde estas modestas páginas rendimos un homenaje a Salvador Allende y todos los caídos en La Moneda el 11 de spetiembre, a los que cayeron luchando contra la dictadura en los 17 años de terror.

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