14/12/08

”La élite le tiene miedo al Mercurio”

Vicente Parrini /OBSERVATORIO DE MEDIOS/

“El Diario de Agustín”. Podría ser el nombre de la bitácora virtual de un adolescente. Pero no. Se refiere a “don” Agustín, como le llaman sus empleados, último de la saga de cinco agustines de apellido Edwards, y de su periódico El Mercurio, bastión de la empresa editora del mismo nombre que posee tres diarios nacionales y 20 regionales en Chile. El título tampoco nos remite a las memorias de este anciano, bautizado como Agustín Iván Edmundo Edwards Eastman y descendiente remoto de un carpintero inglés, sino a uno de los documentales más feroces producidos en Chile en los últimos tiempos, donde se le hace un juicio simbólico al llamado “decano de la prensa chilena” por su participación -según prentende probar la película- en la caída del gobierno de Allende, en el Golpe Militar y en varios montajes periodísticos durante la dictadura, que sirvieron para camuflar crímenes contra opositores al régimen de Pinochet.

Los autores son el documentalista Ignacio Agüero -director de piezas notables en el género como “Aquí se construye” o “Cien niños esperando un tren”- y el economista y periodista Fernando Villagrán ex gerente de la mítica Apsi en las postrimerías del régimen de Pinochet (revista desaparecida al igual que el resto de la prensa opositora de esos tiempos), escritor, artífice del restorán “Off the Record” y del programa literario del mismo nombre que se transmite por la señal del 13 cable. Villagrán conversó con el OBSERVATORIO, entre otros temas candentes de este destape de la historia mercurial, sobre el sentido de lanzar ahora la película, de las pataletas de Edwards en los tribunales para impedir que se usara su nombre en el filme, del temor casi reverencial que muchos políticos le tienen a sus editoriales y sobre la vigencia o caducidad de la frase - “el Mercurio miente”- escrita en un cartel que, el año 67, fue desplegado en el frontis de la tomada casa central de la Universidad Católica y que el tiempo ha convertido en una suerte de dicho popular.

El punto de partida de la película es una larga investigación realizada por jóvenes estudiantes del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, quienes rastrearon el paradero de periodistas y editores retirados o en ejercicio que participaron en los montajes, revisaron uno a uno los Mercurios de la época, desarmaron pieza a pieza la trama de cada historia, entrevistaron a familiares de las víctimas y persiguieron a sujetos que se negaban a asumir de manera pública su responsabilidad en los hechos. Arduo trabajo, el de ambos directores, al momento de seleccionar el material más contundente con el fin de reducir las cerca de 100 horas de grabación a los 80 intensos minutos que dura la película. Los primeros frutos de ese esfuerzo se vieron, hace unos días, en el estreno del “Diario de Agustín” en Argentina, a tablero vuelto en el Teatro San Martín y con el destacado periodista Diego Verbitsky encajándole en “Página 12″ el adjetivo “imperdible”, y el lunes 3 de noviembre en la inauguración del Festival Internacional de Documentales de Santiago -FIDOCS- 41 años después del famoso cartel , con ovación cerrada del público en la casa Central de la misma Universidad.

Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, 24 de noviembre de 1983

Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, 24 de noviembre de 1983. Manifestación frente a antiguo edificio de El Mercurio

Villagrán se toma con humildad la acogida de los espectadores y de la crítica: “Es nuestro modesto aporte a un juicio simbólico que hacía falta por los montajes en que participó El Mercurio, porque una cosa es manipular información, algo que ese diario hace a menudo, y otra, es participar en montajes para encubrir crímenes donde hay muertos, desaparecidos y torturados”.

-¿Podrías recordar alguno de esos montajes para que las personas que aún no ven la película se puedan formar una idea de la gravedad de los hechos analizados en el documental?

- En septiembre de 1976, apareció cerca de Los Vilos el cadáver, arrojado por las olas, de Marta Ugarte dirigente comunista que había sido detenida y asesinada en Villa Grimaldi… Todo esto es muy brutal: por un mal manejo al amarrar el cadáver de Marta Ugarte para después subirla a un avión y tirarla al mar, salió el cuerpo a flote y la Dina frente a eso necesitó de periodistas para que desinformaran y no hubiera ninguna sospecha de que pudiera tratarse de un crimen político. Se hizo aparecer, entonces, aquel crimen de una mujer de 42 años como un crimen pasional de una bella mujer de 23 años. El desmontaje significó llegar a los periodistas que se prestaron para ese montaje de los servicios de inteligencia del régimen. Posteriormente, hay un caso muy emblemático en que tiene una participación directa el dueño y director de El Mercurio entonces, que era Agustín Edwards: durante la visita del Papa a Chile hubo unos incidentes en el Parque O´Higgins, El Mercurio publicó fotos de dos jóvenes a los cuales se acusaba de instigar los incidentes y a quienes la CNI detuvo y torturó, en circunstancias de que no habían estado en el Parque O´Higgins. Al salir de esa pesadilla estos dos jóvenes presentaron una querella por injurias y calumnias contra Agustín Edwards y, algo que no se difundió en el momento por el poder fáctico del personaje, terminó siendo procesado por un juez civil por injurias y calumnias, lo que le significó estar declarado reo por cerca de un año hasta que un Corte de Apelaciones, en un fallo muy apretado por 3 a 2, levantó la encargatoria de reo, poco antes del Plebiscito. Es un caso muy emblemático por la participación directa de Edwards, cuestión que esta ratificada en la película por el Ministro Secretario General de Gobierno de esa época Francisco Javier Cuadra, quien tuvo que carearse con Edwards en ese momento, porque Edwards culpó al Gobierno de haberle entregado la información y el gobierno lo negó. Son casos que tienen que ver con participación directa de El Mercurio en casos que significaron violaciones a los derechos humanos.

EL COLEGIO PIDE PERDÓN

¿Y por qué dar a conocer hoy este documental? ¿Por qué ahora?

- Por qué ahora… porque no es una historia del pasado. El Mercurio sigue teniendo un tremendo poder en la sociedad chilena, quizás con más glamour y transversalidad de la que tuvo entonces. Este personaje, Edwards, sigue estando ahí, en el centro, y nos pareció que era muy necesario contar una historia que nos parece irrefutable: en esta película son los hechos los que hablan, es un documental sin voz en off, son los testigos, son los familiares, son periodistas y directivos del propio Mercurio, los que van construyendo este entramado que está relatado en la película.

-¿Ustedes esperan que El Mercurio haga algún tipo de mea culpa a propósito de la película?

-Nada indica que eso esté en la voluntad de El Mercurio. Si eso llegara a pasar sería un logro espectacular de la película, pero no es el objetivo nuestro. Nuestro fin es contar una historia que es real y las consecuencias que tenga son resorte de otros protagonistas…

-¿Pero crees que se pueda, al menos, generar una discusión respecto a la responsabilidad social de los medios?

-Ojalá. Eso no ha pasado hasta ahora, porque son precisamente esos medios los que no están interesados en tocar el tema y cuando lo han rozado ha operado una brutal auto censura. La película da cuenta de que, en junio de este año, el Colegio de Periodistas hizo una declaración pública pidiendo perdón a las víctimas de montajes en que participaron directamente los medios de comunicación durante la dictadura, pero esa declaración no salió en los grandes medios. El Mercurio guardó silencio. Entonces, si esa discusión se produce, fantástico. Vamos a hacer todo lo posible porque eso pase difundiendo la película al máximo.

“Me dan vergüenza los periodistas que participaron en montajes”

-¿Qué sentiste como periodista cuando el Colegio pidió perdón público a las víctimas de esos montajes?

-El mismo que tenía desde antes. Tampoco el Colegio de Periodistas resolvió bien esa situación. Hoy día hay varios procesos judiciales en los cuales personajes como Claudio Sánchez han tenido que ir a declarar por los montajes, y hay procesos en curso y probablemente van a haber más. Da vergüenza no sólo porque algunos editores son miembros del Colegio: recordemos que Agustín Edwards figura como uno de los primeros socios del Colegio de Periodistas y cuando un periodista como Manuel Cabieses, director de la revista ”Punto Final”, pidió su expulsión del Colegio -por la participación demostrada de Agustín Edwards en la destrucción de la democracia en Chile y su relación directa con platas provenientes de la CIA- el Colegio rechazó esa solicitud por razones de la más diversa índole, donde no estuvo ausente el temor. Todos los periodistas que participaron en los montajes, incluyendo a los de la cadena El Mercurio que participaron directamente, y que aparecen en la película, provocan vergüenza.

-¿No temen al ostracismo que pueden sufrir en todos los medios que dependen de la Editorial El Mercurio, incluyendo la difusión de la propia película?

- Ese es un supuesto…Nosotros ya estamos viejos así que no nos importa mucho, la verdad, ni dependemos de ese medio ni aspiramos a ser protagonistas de las páginas de El Mercurio. Lo que si llama la atención y valoramos, es que jóvenes periodistas, excelentes profesionales que están partiendo en su carrera, hayan asumido ese eventual riesgo. Probablemente ninguno de ellos aspire a escribir con su firma en las páginas de El Mercurio, pero el aporte que hicieron habla muy bien de la disposición ética de ellos para trabajar en este tema.

-Ahora, ¿cuál podría ser la importancia de un juicio a El Mercurio para la gente común y corriente, considerando que ese periódico tiene una mínima gravitación en los sectores populares, si es que alguna vez la tuvo?

- Yo creo que efectivamente por el rol de la prensa escrita en Chile, sus características y los niveles de lectoría que hay, no podemos hablar de diarios de gran impacto popular, pero tampoco podemos desconocer que incidan en la gente, porque ellos pautean a la elite política y empresarial. Por lo mismo nos parece muy sano que se sepa cuál es la historia de ese poder que parece hoy día determinar qué existe y qué no existe en la sociedad chilena. Algo que comprobamos trabajando en este documental, es cómo, por ejemplo en la clase política, cuesta encontrar alguien que esté dispuesto a que El Mercurio lo silencie. Y eso da cuenta del poder que tiene. En consecuencia, creemos que es muy bueno desnudar ese actuar, porque habla muy mal de la democracia en Chile que exista un poder fáctico que, por la vía de la auto censura, resuelve qué es tema de agenda o qué no lo es. Lo anterior lleva a que sea verdadero un cierto lugar común que se repite entre la élite de este país: “lo que no sale en El Mercurio no existe”. Lugar común que, creemos, es una falacia, porque existe un país muy diverso y apostamos a esa diversidad para que esta historia se conozca y al menos incomode a quienes quieren silenciar estas realidades.

-Se comenta que Edwards trató de impedir que usaran su nombre como título del documental…

-Lo objetivo es que yo inscribí la marca “El Diario de Agustín” en el Departamento de Propiedad Industrial, asumiendo que Agustín Edwards es dueño de una cantidad impresionante de marcas, para lo cual tiene la tremenda oficina de abogados Alessandri. La marca “El Mercurio miente”, la tiene también registrada. Conocimos la historia de unos jóvenes que instalaron un sitio web que se llamaba “El Mercurio miente.cl” y tuvieron que sacarlo porque la marca era propiedad de Agustín Edwards y perdieron el juicio. “El Diario de Agustín” no estaba inscrito como marca, probablemente, porque en El Mercurio nadie le dice Agustín, sino “don Agustín”, pero tampoco está inscrito “El Diario de don Agustín”. Lo inscribimos y, por confesión de los propios abogados, ellos percibieron tarde esta marca y la objetaron fuera de plazo, por lo que fue rechazada la objeción y nosotros tenemos la marca “El Diario de Agustín” por 10 años. Esa es una constatación de que hubo una molestia, bastante obvia por lo demás, y el resto han sido rumores que no nos interesan. Suponemos que se puede haber enojado el señor, pero a nosotros, la verdad, nos gustaría que fuera a ver la película, que la comentara en una editorial de El Mercurio si no le gusta, para que efectivamente se diera un debate democrático que hasta ahora no ha existido.

EL TEMOR DE LOS POLÍTICOS A EL MERCURIO

- Dices en una columna publicada en The Clinic que El Mercurio goza de una “comodísima y glamorosa impunidad”. ¿A qué atribuyes esa impunidad de la que gozaría?

-Creemos que la impunidad existe en la medida que está probado que participó en numerosos montajes y mentiras a través de la historia, de distinto calibre. Una cosa es manipular información y otra, es participar en montajes para encubrir crímenes donde hay muertos, desaparecidos, torturados, por lo tanto la impunidad es evidente. Ahora, ¿por qué esa impunidad?… Probablemente se lanzó un manto de silencio sobre esa historia, porque para quienes estaban en posiciones de poder resultó más cómodo entenderse con El Mercurio y establecer un cierto pacto de no agresión, y eso tiene un costo, muchos costos diría yo, y el principal es que no hay una prensa pluralista y que la prensa escrita esté desprestigiada. Yo no sé a cuántos jóvenes, a cuántos trabajadores les importe de verdad lo que opine la prensa escrita. Creo, además, que ha cambiado el paisaje de información y que a través de múltiples medios y sobre todo por medio de la red, la gente se arma su propia opinión, si no, no se explicaría que en los últimos 50 años no se ha elegido ningún gobierno proclive a las posiciones de El Mercurio. Esta modesta colaboración nuestra apunta a que, por lo menos, se haga un proceso simbólico a esa impunidad.

- Pero, en qué se expresa este poder simbólico de El Mercurio si, en lo concreto, la gente no hace lo que El Mercurio quiere, y la prueba son los gobiernos de la Concertación que han sido elegidos contra los deseos de ese diario…

-Lo que pasa es que la historia es compleja y El Mercurio fue un actor decisivo en el derrocamiento del Gobierno de Allende y en la destrucción de la democracia y fue un sostén de la dictadura hasta el final. En su etapa anterior había tenido vaivenes y jugó en algunos momentos roles más progresistas o más conservadores, pero eso cambió radicalmente de los años 60 en adelante, coincidiendo con la administración del actual Edwards. Creo que el diario se acomoda a las circunstancias y tal como lo hizo antes, trata de adaptarse, pero intenta seguir influyendo para que el curso de la historia y la política chilena vaya por el carril que su dueño quisiera. Que lo logre o no, ya no depende sólo de El Mercurio, pero es un poder y opera como un poder.

-The Clinic publicó un artículo donde se le preguntó a diferentes personalidades si alguna vez se habían indignado con el Mercurio. La mayoría de los encuestados eludió la pregunta y otros se hicieron los lesos. Pensando en el documental, ¿cómo te explicas esa reacción?

- Algunos tienen intereses económicos, porque para muchos es importante la red que les permite El Mercurio, necesitan Economía y Negocios; otros porque han entrado en un juego de entendimiento con El Mercurio. Hay que pensar que El Mercurio, tal como lo definen sus gerentes en la película, es más que un diario, es una institución que opera en la sociedad chilena hacia el mundo académico, hacia el mundo juvenil, hacia el mundo de la cultura y desarrolla iniciativas, por ejemplo, como Paz Ciudadana, como País Digital, donde ha cooptado a personajes que incluso fueron ministros de Salvador Allende. Ellos están cómodos en eso y, por lo tanto, si tú les preguntas si alguna vez se han indignado con El Mercurio, les crea un incordio con el señor Edwards. Y ciertos políticos a los cuales les gusta mucho la pantalla, la foto, el protagonismo de cualquier tipo, tampoco están interesados en ser francos con lo que seguramente piensan. Creo que lo que hizo The Clinic es una buena fotografía de lo que es hoy día la élite chilena.

“El libre mercado de la prensa es una falacia”

-Ahora, no te parece curioso que no haya sobrevivido una prensa alternativa al Mercurio, porque aparte de La Nación, que no le queda otra que practicar un cierto equilibrio informativo, no se ve la presencia de un periódico que tenga un peso equivalente en la sociedad chilena al que alguna vez tuvo La Época, por ejemplo. ¿A qué atribuyes el fracaso de los medios que han tratado de competir en influencia con El Mercurio?

- Es quizás uno de los corolarios de conversación de esta película. Mi percepción es que lo que tú señalas es quizás el punto más negro y más pobre del desarrollo democrático de Chile desde que cayó la dictadura. Ahora, ¿por qué?… Derechamente desde el Estado democrático chileno post dictadura, hubo una omisión, en cuanto a incentivar y estimular el pluralismo, la diversidad, sobre todo después de 17 años de dictadura, donde no operó el mercado, sino los fusiles, donde El Mercurio fue salvado de la quiebra por créditos que después se licuaron. Los gobiernos de la Concertación en su comienzo obviaron eso y no hubo una política activa del Estado para equilibrar la prensa a los niveles al menos que existían antes del Golpe de Estado, cuando había una prensa muy diversa, y es cosa de mirar los niveles de lectores que tenía cada uno de los diarios. Por la polarización que había uno puede ser muy crítico a cómo se informaba desde todos los sectores, pero Chile parecía un país de verdad: es lo que hoy día uno puede ver en países donde hay grandes grupos económicos, pero también hay otra prensa, como en Argentina, como en Bolivia, como en Uruguay, como en República Dominicana. Chile es una excepción. Una lamentable excepción. Y si no sobrevivieron esos medios y murieron los que nacieron durante la dictadura tiene que ver con que había una cancha absolutamente desequilibrada para competir en el mercado, porque ha sido una falacia la libertad del mercado en el mercado de la prensa: si fuera así no existiría ni El Mercurio ni La Tercera, porque habrían quebrado. Tendrían que haberlos inventado de nuevo. Y creo que los gobiernos de la Concertación avalaron ese cuadro y hoy día lo lamentan cada vez que están en una situación política compleja, o cada vez que El Mercurio les da como caja con cualquier tema, como lo hace habitualmente. Esas son las raíces del problema, pero no tenía que ser fatalmente así.

Ignacio Agüero (a la izquierda) el otro director del documental

Ignacio Agüero (a la izquierda) el otro director del documental

- De qué manera aporta este documental al fortalecimiento de la democracia en Chile….si es que se le puede pedir algo semejante a un documental…

- Creo que no sólo este documental, sino todas las creaciones en el mundo audiovisual o escrito que transparentan esas relaciones, que develan como operan los poderes hacen una contribución. Probablemente, sería muy difícil que se volvieran a hacer esos montajes, pero este tipo de materiales le enseñan a las generaciones jóvenes… y a mí me ha impresionado mucho el impacto que hemos percibido en periodistas jóvenes a los que les hemos mostrado la película: han visto los niveles a los que se puede llegar cuando no existe la libertad de prensa y se manipula impunemente los medios.

-¿Crees que ese lema que es casi un dicho popular a estas alturas de que “El Mercurio miente” sigue teniendo vigencia en la actualidad?

- Hoy día es más difícil mentir, porque hay democracia y porque no es impune la mentira, pero nosotros, por ejemplo, tenemos un sitio web y un facebook para recoger la opinión de la gente sobre este tema y nos hemos encontrado con historias anecdóticas, como la de muchos mensajes de jóvenes secundarios que cuentan cómo El Mercurio cubrió la toma de un colegio durante la movilización de los pingüinos, son cientos de episodios que no tiene la gravedad de los montajes, porque no hay muertes ni casos criminales de por medio, pero creo que le pesa y le pena a El Mercurio ese dicho: es casi un chiste que cuando algo no pega se dice “y bueno… El Mercurio miente”.

-¿Tú crees que hay alguna esperanza para poder equilibrar el poder de esta prensa, en internet, en los sitos web, en los portales, o en el llamado “periodismo ciudadano”?

- Creo que hay una tendencia a que salvo en las estructuras de poder, la prensa escrita o los grandes medios no jueguen un gran rol. Pero no es de corto plazo. Porque, por ejemplo, a diferencia de los diarios, la televisión tiene una influencia masiva, que se hace mucho eco en su manera de informar e incluso en sus pautas de lo que resuelven estos grandes medios escritos. Un periódico como El Mercurio lo podrán leer 100 mil personas, pero le llega a millones, porque los equipos de prensa se pautean mucho por lo que aparece en los grandes diarios. La Segunda en la tarde vende muy poco, sin embargo pautea las emisiones de radio y televisión. Entonces, creo que tiene un poder que no se puede despreciar y, sobre todo cuando la política es un espacio donde las mayorías tienen un rol más bien pasivo, de alguna manera siguen resolviendo el devenir del país.-

Preguntas para Agustín

Discursos somnolientos. Pifias. Llamados de atención a TVN. Mucha gente. La primera jornada del 12º Festival de Documentales tuvo de todo. El plato de fondo la película sobre la influencia y el rol que jugó el diario “El Mercurio” en los años de la dictadura.


La cola llega hasta la Alameda. Justo donde años atrás los estudiantes de la UC colgaron el cartel "Chileno: El Mercurio miente", una pokemona se rasca la cabeza y el sol muere sobre el Cerro Santa Lucía.

Es noche de lunes y en pocos minutos debuta en Chile el documental "El diario de Agustín" de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán.

En el aire hay una excitación parecida a la que antecede un concierto esperado por años.

Es comprensible que los organizadores quieran hablar de sus objetivos y sueños, pero se exceden en el tiempo para discursos. Mónica Rincón, la periodista de TVN, es la maestra de ceremonias. Su vestido deja ver su cuello y hombros. Apenas dice buenas noches comienza a recitar al gran viejo caliente de Gonzalo Rojas. Luego habla de la pausa. Para ella Fidocs es un buen momento para frenar la locura cotidiana y emocionarse.

Estoy de acuerdo, pero no dejo de imaginarla hablando de elefantes marinos en la "La cultura entretenida".

La rubia es la bisagra entre los encargados de los discursos. Pato Guzmán envía saludos desde el Norte donde graba un documental. Gonzalo Maza, director del Fidocs, tira algunas ideas. "Son 87", dice un espectador irónico. Luego viene la intervención de Paulina Urrutia. La ministra de Cultura recibe pifias desde la oscuridad. Mala costumbre esa de silbar camuflado desde la masa, cobarde. Mientras habla de infraestructura cultural, de recursos y metas, la gente la apura ansiosa.

De los discursos, lo más rescatable son las palabras del documentalista Cristián Leighton: quien a nombre de la recién creada Corporación de Documentalistas Chilenos, critica a TVN por no difundir en televisión abierta documentales chilenos. Aplauso general. Mónica se ruboriza al escuchar el nombre de su casa televisiva y Leighton deja botando la esperanza de que el nuevo proyecto de TV pública despachado por el Gobierno, sea una puerta por la cual entrar con documentales.

Antes que el público pierda la paciencia, Ignacio Agüero sube entre aplausos a la testera. Agradece a todos por la presencia y fundamentalmente a "tanto periodista que lo ha llamado y lo ha entrevistado y que lamentablemente no puede publicar por decisión de sus jefes".

CARE RAJA

El documental es notable. A nivel visual e importancia histórica, meterse en el ropero del diario más poderoso del país, es un acto creativo y político necesario. Agüero y Villagrán muestran la historia y el rol que jugó el medio de Agustín Edwards los años previos al gobierno de Allende, durante la UP y en la dictadura.

La gente se ríe por lo burdo de las explicaciones de algunas fuentes al momento de explicar decisiones del pasado o por lo delirante que hoy parecen informaciones que en esos años tiñeron de sangre las calles de esta patria.

El documental sigue a un grupo de periodistas busquillas y agudos de la Universidad de Chile que hacen una investigación sobre "El Mercurio". Y se mezcla con imágenes de archivo, con páginas del diario de Edwards, con fuentes vivas. Altas fuentes, ex trabajadores del diario, gente que sufrió violaciones de los derechos humanos, gente que responsabiliza a las informaciones publicadas por el medio por crímenes sufridos.

La gente sonríe en la sala cuando Arturo Fontaine, ex director del medio, se levanta molesto de una mesa y golpea el micrófono con su cabeza cortando la entrevista. Antes de eso, el hombre ahora viejo y de terno gris, responde así a la pregunta de qué le parece que Pinochet sólo haya permitido la circulación de el Mercurio tras el Golpe: "A cualquiera le guste que le eliminen la competencia".

Y de la risa se pasa a la rabia cuando en pantalla algunos funcionarios de la dictadura responden preguntas con cara de culo. Como la de Álvaro Puga, antiguo asesor del régimen militar: "Para nosotros matar comunistas era una necesidad biológica, necesitábamos matarlos para poder gobernar. Matamos muchos, pero para mí, que nos quedamos cortos".

Y la gente grita: fascista, chuchadetumadre.

Divido en capítulos "El diario de Agustín" se concentra en tres casos de informaciones publicadas por "El Mercurio". La Operación Colombo, el montaje de supuestos asesinatos entre miristas en Argentina, que fue el encubrimiento del asesinato de 119 personas, el asesinato de Marta Ugarte, pasado en la prensa como un crimen pasional, y los apremios sufridos por Jorge Jaña e Iván Ibarra en 1987 en la visita del Papa Juan Pablo II al Parque O Higgins, luego que sus fotos fueran publicadas por "El Mercurio" en portada.

En la pantalla Francisco Javier Cuadra, secretario general de Gobierno de la época, niega haber entregado los negativos al medio, negativos que le costaron la cárcel y torturas a Jaña e Ibarra y una querella a Agustín Edwards, que después la justicia desestimó.

Valiosa es la entrevista que da Raquel Correa, quien sonriente y coqueta con la cámara, habla de su jefe, y del momento que tuvo que entrevistar al patrón. Ella insinúa tibiamente que el medio podría haber usado su poder para frenar a los milicos.

Antes del aplauso final y los gritos de celebraciones. En la pantalla Cecilia Serrano peinada con devoción, le pregunta a Agustín Edwards, que "si ahora, luego de haber vivido la experiencia de tener secuestrado a un hijo, tiene una visión distinta sobre los detenidos desaparecidos"

Silencio en la pantalla y silencio en la sala. Miles de ojos siguen los movimientos de los músculos faciales de Agustín Edwards, quien responde oblicuamente y dice que "esto sirvió para unir a la familia". También menciona a Dios.

Al final la gente aplaudió a rabiar, comió y tomó como en una fiesta.

Afuera de la UC, caminado por la Alameda, pienso en Agustín, lo imagino solo en sus amplios salones y me digo que Dios no tiene nada que ver con todo esto.


Censuran “El diario de Agustín” en el Duoc UC de Concepción

En último minuto autoridades del instituto profesional se negaron a exhibir en sus aulas la película que era parte de un ciclo de cine documental.

En una sorpresiva medida, este jueves fue bajada de su programación la película documental "El diario de Agustín" en el DuocUC de Concepción. A través de una llamada telefónica, Claudio Palacios, director de la carrera Audiovisual de la casa de estudios, le informó a Ignacio Agüero, codirector de la obra, que la película no sería exhibida. La obra está firmada también por el periodista Fernando Villagrán.

"Me dijo que la película era muy controversial. Nada más, yo no lo entiendo aún", dice Agüero desde Concepción donde trata de sortear la situación y explicarle a la comunidad que esperaba ver la película ayer a las 18 horas en uno de los salones del Duoc de Concepción. Finalmente será en el aula principal de la Alianza Francesa de Concepción donde se mostrará la película a quienes se quedaron ayer con las ganas de ver la cinta que registra la responsabilidad del diario El Mercurio en montajes periodísticos para avalar y encubrir crímenes contra los derechos humanos durante las últimas décadas.

Por su parte, en un breve comunicado de prensa, la sede San Andrés del Instituto profesional DuocUC de Concepción, dio a conocer que no se exhibiría la película en sus dependencias señalando que "los contenidos del documental no representan el pensamiento institucional" y que por ello decidieron no hacerse parte del lanzamiento del mismo.

"Yo creo que lo que pasó en el Duoc fue un error del señor a quien noté atemorizado. Bueno, y también se lee como que El Mercurio sigue provocando ese temor en algunas personas. Aún, al parecer", agrega Agüero, también director del premiado documental "Cien niños esperando un tren".

La exhibición de "El diario de Agustín" formaba parte de una retrospectiva sobre la obra fílmica del director de la película, Ignacio Agüero, organizada por la productora cultural Carnaval en los Cerros.

La principal inquietud del director radica en que la película tuvo su estreno precisamente en el Salón Fresno de la casa central de la Pontificia Universidad Católica de Chile donde no hubo mayores inconvenientes para convertirla en el plato fuerte del pasado Festival Internacional de Documentales de Santiago.

Finalmente, "El diario de Agustín", se estrenará para el público el próximo jueves 20 de noviembre en el cine Arte Normandie y el viernes 21 en Cine Arte Alameda.


Los sabuesos que nunca trabajarán en El Mercurio

“Pensaron que eran pollitos y se encontraron con verdaderos profesionales”, dice la profesora Claudia Lagos sobre la soberbia con que las autoridades del medio habrían mirado a los estudiantes. Y mientras las tesis son convertidas en libro por la Editorial LOM, la cinta se proyecta en el Normandie y llega hoy al Centro Arte Alameda.

Cuando Ignacio Agüero, Fernando Villagrán y la profesora del Taller de Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile, Claudia Lagos, convocaron en el 2006 a un grupo de tesistas para indagar y registrar audiovisualmente la conducta de El Mercurio en casos de violaciones de derechos humanos, los interesados supieron de inmediato que se meterían en las patas de los caballos. "Está claro que no me van a contratar, pero no me asusta", dice Elizabeth Harris, una de las seis estudiantes seleccionadas para participar "El diario de Agustín", la cinta que se estrenó a tablero vuelto en el Festival Internacional de Documentales de Santiago y que hoy se puede ver en las salas del Cine Arte Normandie (funciones a las 15:30, 18:45 y 21:15 horas) y del Centro Arte Alameda (15, 17, 19 y 21 horas). "Hay cosas que trascienden el tiempo y una de esas es la ética. Lo que se entrega aquí es un documento histórico que debiera ver la toda la nueva generación de periodistas. Para que no se traguen cualquier papilla", agrega Harris.

Actualmente titulada, la profesional dice estar impresionada por la reacción del público. "La gente ha creado blogs y se sigue sumando a los más de mil miembros que tiene el documental en Facebook", afirma sobre el filme que debutaría en el Duoc de Concepción, pero que a última hora fue cancelado por el director. "No justificaré jamás la autocensura. La épica periodística tiene que ver con la verdad y no con la tergiversación y el encubrimiento. Hay gente que dice que bajo la dictadura de Pinochet no les quedó otra que mentir. La verdad es que yo preferiría plantar tomates", insiste Harris, cuya tesis escrita y la de sus compañeros, será publicada por la Editorial LOM.

Dolor de guata

Y aunque los alumnos no lograron entrevistar a Agustín Edwards y creen al igual que el sociólogo Manuel Antonio Garretón que el mea culpa de El Mercurio jamás llegará ("porque no es su negocio y no les interesa"), sí lograron poner incómodos a gente como Álvaro Puga o Arturo Fontaine. "Edwards es muy cerrado pero nada de tonto. De hecho, cuando estábamos hablando con el gerente general del diario, Johnny Kulka, le preguntó qué hacía encerrado en su oficina con unas niñas tan bonitas. Minutos después entró, miró la grabadora, nos miró fijamente y se fue. ¡Cómo me gustaría hacer su biografía no autorizada!, cuenta Harris.

"Lo más incómodo fue la entrevista a Fontaine", revela la profesora guía Claudia Lagos sobre el encuentro de 40 minutos que tuvieron con el ex director del diario, quien termina ofuscándose y pegándose con el micrófono en el documental de Agüero. "Fue súper penca, porque además tengo la sensación de que estos tipos subestimaron a los alumnos. Pensaron que se trataba de pollitos y se encontraron con verdaderos profesionales, que se habían preparado durante meses para no dejar de hacerles ninguna pregunta. Es la libertad con la que cuenta la nueva generación", revela Lagos. Y agrega: "Es bueno recordar que los diarios no sólo envuelven pescado. Cuando se publicaron los informes Valech y el Rettig, los palos les llegaron al Poder Judicial, al Ejército, a la derecha y a los civiles. Y aunque el Colegio de Periodistas pidió disculpas, la prensa es uno de los actores que gozaba de impunidad. Por lo menos la película tiene un efecto reparador en las víctimas".

Además, Harris confiesa que el personaje más tétrico fue Álvaro Puga: "Nos dio retorcijones de guata llegar a su casa, porque detrás de mil cerraduras encontramos a un señor alto y entero maquillado. Al estilo de Gonzalo Cáceres, fue el más freak, sobre todo cuando dijo que creía que se habían quedado cortos en el exterminio de comunistas".

-Y Beatriz Undurraga, ¿la rubia periodista que escribió que Marta Ugarte era una bella adolescente que había muerto en un crimen pasional?
-Lejos la más loca. Dispersa, rayada. Recuerdo que recién llegados, se levantó la polera y nos dijo: "Miren mi tajo". La habían operado recién del corazón.


"El diario de Agustín" es educativa

El Consejo de Calificación Cinematográfica resolvió en su sesión del 24 de noviembre declarar al documental "El diario de Agustín" película apta para todo espectador y de carácter educativo.

Esta es una excelente noticia para los realizadores (Ignacio Agüero y Fernando Villagrán), quienes ven en este rótulo un espaldarazo a la masificación de un trabajo que, a juicio de los cineastas, ha debido bregar con el silencio no sólo de El Mercurio, La Segunda y Las Últimas Noticias, que la ignoran en sus secciones de cine y crítica, sino también de La Tercera que, entre otras cosas, señalan, bajó un aviso comercial de Centro de Arte Alameda que anunciaba la exhibición de "El diario de Agustín" en esa sala, y ha excluido el nombre de la película, incluso de su cartelera durante los últimos días.

La película, que se exhibe actualmente en horarios de 4 funciones en Cine Arte Alameda (15; 17; 19 y 21 horas) y Cine Arte Normandie (15:30, 17:15, 18:45 y 21:15 horas), ha sido vista hasta la fecha por 2.600 personas.

"Queremos invitar a profesores y estudiantes a solicitar funciones especiales en estos cines, directamente, o a través del sitio www.eldiariodeagustín.cl", estimulan desde la producción.


El Diario de Agustín


Afinando la puntería
Éste es el texto exacto que pensaba a enviar al suplemento Artes y Letras de El Mercurio, como parte de mi colaboración habitual con ese medio. El texto no fue recibido pues, según el editor del suplemento, es imposible tomar distancia del tema del documental. Que el lector juzgue si es así o no. Por este episodio dejé de escribir para el diario en cuestión.

Hay una escena del documental Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002) en que un profesor incita a un niño a pensar en los números y a prolongar el ejercicio de contarlos. El pequeño se empieza a asombrar de que haya tantos números y sus ojos se desorbitan cuando por primera vez su mente concibe la noción de infinito. Ver a alguien que aprende algo es ver a una persona que cambia en lo íntimo a partir de algo evidente, y dos de los mejores obras del cineasta Ignacio Agüero (Cien niños esperando un tren y La mamá de mi abuela le contó a mi abuela) se empeñaron en registrar ese proceso, pero con el mérito de integrarlo con su entorno y sus particularidades.

En su último documental (escrito y producido junto con Fernando Villagrán), Agüero sigue a un grupo de tesistas de periodismo de la Universidad de Chile y su investigación sobre el actuar de este medio en una serie de hechos puntuales en los últimos 40 años, entre ellos violaciones a los derechos humanos. En virtud de lo anteriormente expuesto, se habría esperado que el documental hiciera un registro del proceso de aprendizaje de estos jóvenes, pero desde el principio esto pasa a segundo plano. La investigación de los jóvenes es en realidad un hilo conductor absolutamente funcional con el objetivo de los realizadores, lo que tiene ventajas y desventajas.

LO QUE SE GANA

La cinta tiene la claridad que puede tener un ajuste de cuentas, y su razón de ser puede condensarse cuando uno de los estudiantes pronuncia la palabra “impunidad”. Con su norte claro, la cinta explota al máximo sus 80 minutos de metraje para probar su punto; hay un buen trabajo de fuentes y logra registrar momentos cargadísimos que dejan en claro que el tema no es fácil para quienes tuvieron responsabilidad en las decisiones sobre los hechos involucrados. Todos tuvieron la oportunidad de hablar y no es responsabilidad de los realizadores que algunos no la hayan querido aprovechar.

Con el montaje se responde fluidamente las preguntas que se plantea a medida que avanzan las investigaciones de los tesistas; y la sensación de velocidad con que se desenvuelve la película no obsta para que de a poco los hechos pasados se traduzcan en las conclusiones que los creadores tienen sobre el presente. Por un lado están las bastante elocuentes fotografías del principio de la cinta, donde las principales personalidades políticas del país posan con el propietario de este medio; por el otro, el sociólogo Manuel Antonio Garretón hace explícita la voz de los autores respecto de que El Mercurio es prisionero de sus palabras y decisiones pasadas, y lo seguirá siendo por mucho tiempo. Esto último no se sigue de lo exhibido en el metraje; las aseveraciones sobre el futuro sólo pueden ser refrendadas por los hechos futuros.

LO QUE SE PIERDE

Ignacio Agüero dijo de sus películas anteriores que “no le importaron a nadie”. Y es una lástima, porque algunas de ellas eran obras complejas y sutiles donde se cruzaban el crecimiento de personas y grupos con un contexto particular que era sutil pero significativamente modificado por ese crecimiento. Claro, no hablaban del periódico más influyente de Chile, pero sí hablaban de forma diagonal pero muy clara del entorno humano y cultural que retrataban, tanto en el plano emotivo como en el racional. El diario de Agustín tiene muy poco de eso.

Su afán es la denuncia, y como tal recurre a las reiteraciones para ahondar cierta sensación de pasmo y escándalo, así como junta imágenes y sonidos para matizar lo anterior con una ironía que suele devenir en sarcasmo. Hay mucho oficio en este documental, pero está orientado a un solo fin. Estamos en presencia de un autor que “redujo” el espectro de sus intereses para decir con claridad lo que quería decir, aunque con ello ponga conscientemente a su película unos cuantos pasos por debajo de sus mejores obras.

La primera baja de “El diario de Agustín”

Se trata de Juan Pablo Vilches, hasta hace algunos días crítico de cine del suplemento “Artes y Letras”, y quien decidió dejar de colaborar en el diario debido a que éste no quiso publicar su artículo respecto al documental en cuestión.


El documental “El diario de Agustín”, de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán, y que trata de la forma en que “El Mercurio” colaboró en el ocultamiento de varios casos de violaciones de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet, ya causó la primera baja en el periódico de Avenida Santa María 5542.

Se trata de Juan Pablo Vilches, hasta hace algunos días crítico de cine del suplemento “Artes y Letras”, y quien decidió dejar de colaborar en el diario debido a que éste no quiso publicar su artículo respecto al documental en cuestión.

El propio Vilches, periodista y magíster en Ciencia Política de la UC, lo anuncia al publicar la crítica que escribió el sitio en que colabora habitualmente, Civilcinema.cl: “Éste es el texto exacto que pensaba a enviar al suplemento Artes y Letras de ‘El Mercurio’, como parte de mi colaboración habitual con ese medio.

El texto no fue recibido pues, según el editor del suplemento, es imposible tomar distancia del tema del documental. Que el lector juzgue si es así o no.

Por este episodio dejé de escribir para el diario en cuestión”, señala. Vilches también dio luces de lo sucedido en otro concurrido blog de cine, Analízame.cl, donde se explaya un poco más en las razones que lo llevaron a no seguir colaborando en el diario: “Cuando quise escribir sobre la película me dijeron que no se iba a publicar nada sobre ella. Lo que me decidió a dejar de colaborar en ‘Artes y Letras’ fue que ni siquiera iban a leer la crítica, la película era tratada como una especie de tabú”.

Salvo en un pequeño comentario, ni en las páginas de “El Mercurio” ni en ninguno de los otros medios de la empresa se ha hecho mención al documental, que está en cartelera en dos cines de la capital.

12/10/08

“El Diario de Agustín”

El documental que Edwards no quiere ver

Una película que revela los detalles de los montajes y silencios de “El Mercurio” para cooperar con la DINA, la CNI y la dictadura militar está a punto de ver la luz. A pesar de los intentos del empresario periodístico para dificultar su exhibición bajo el nombre que lleva, el filme se estrenará y volverá a destapar la historia más sucia de uno de los hombres más poderosos de Chile.


Beatriz Undurraga está sentada en un sillón. De polera rosada, mirada inquieta o mejor dicho, nerviosa intenta dar explicaciones frente a una cámara que la graba, sobre el montaje que ayudó a construir para ocultar el asesinato de la dirigenta comunista Marta Ugarte. Con el título: "Asesinada hermosa joven", la mítica periodista policial de "El Mercurio" quien fue "funada" en varias ocasiones y retratada por Fuguet en el libro "Tinta roja" relataba en septiembre de 1976 un crimen pasional que habría dado muerte a una "atractiva joven de 23 años". Con esta nota, "El Mercurio" ayudó a la DINA a tapar un error operativo. Marta Ugarte había sido asesinada en Villa Grimaldi y lanzada al mar dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre. A pesar de todas las precauciones de los militares, el cadáver fue devuelto a la playa La Ballena, en Los Molles. Todavía conservaba el alambre en su cuello cuando Beatriz Undurraga lo vio.

Entonces, Marta Ugarte tenía 42 años, no 23, y había muerto producto de las torturas, no de un crimen pasional, pero el diario de Agustín Edwards contó otra historia. Pablo Honorato publicó lo mismo en "Las Últimas Noticias", a pesar de que también vio el cuerpo. Beatriz Undurraga dice que pensó que era más joven por su delgadez, quizás producto de que no había comido mientras estaba presa.

Cómo "El Mercurio" y el Gobierno militar fraguaron éste y otros montajes es parte del relato presentado por el director Ignacio Agüero en el documental "El diario de Agustín", que verá la luz en Buenos Aires el próximo 19 de octubre en el marco del Festival DocBsAs, donde el 2005 la historia de esta cinta se ganó el premio para desarrollo de proyectos. En 80 minutos, la película relata cómo Agustín Edwards Eastman, el quinto Agustín de la influyente dinastía mercurial, ayudó a provocar el golpe de Estado junto a la CIA y después a callar, ocultar o justificar los crímenes de la dictadura, incluso mediante mentiras.

A pesar de las evidencias, Hermógenes Pérez de Arce tiene una visión distinta sobre el rol del "decano" en esos años. "El Mercurio" desempeñó su función periodística perfectamente e informó todo lo que se conocía y se sabía, e incluso contenía muchas críticas al Gobierno militar, porque reproducía lo que se decía en el extranjero en su sección de cable ["Chile en el exterior"]. Sólo en los primeros días después del golpe, el diario tuvo más control, pero después de eso hubo completa libertad para informar", asegura Hermógenes, que aunque no aparece en el documental, fue entrevistado durante la investigación previa.

El intento frustrado del "Dunny"

FOTO_02 W:200 H:273 29 kbLos realizadores quieren invitar al diario de los Edwards al lanzamiento del documental. "Esto no es un panfleto contra ‘El Mercurio’; es una película, una investigación histórica. Además, es un tema que en todo este tiempo no ha sido abordado y este diario, siendo un actor central en la actividad política de Chile hasta hoy día, nunca ha dado una explicación de lo que hicieron", dice el ex gerente general de la desaparecida revista "Apsi", Fernando Villagrán, que hoy es el productor de este documental.

Pero claramente Edwards no lo verá con buenos ojos y ya hay antecedentes de esta certera predicción. Es que obviamente el magnate a escala chilena de la prensa, no quiere que sigan escudriñando una historia del pasado que lo desprestigia.

El 26 de octubre de 2007, Villagrán inscribió el título "El diario de Agustín" en el registro de marcas comerciales, para usarlo como nombre del documental. No hubo ninguna objeción en el plazo legal y después de tres días, el prestigioso estudio de abogados Alessandri presentó un recurso de nulidad a nombre de Agustín Edwards. Fue demasiado tarde. El título ya tenía dueño y el recurso fue desechado.

Pero el "Dunny", apodo que recibió el empresario periodístico como informante de la CIA, no se dio por vencido y cuando Ignacio Agüero trató de inscribir el dominio eldiariodeagustin.cl en NIC Chile, nuevamente el estudio de Alessandri atacó y pidió que le asignaran el nombre a Agustín Edwards & Cía.

Entre los argumentos que esgrimieron están: que la concesión del nombre a Agüero "le causaría un gran perjuicio [a Edwards]", ya que las personas tenderían a pensar que se trata de su página web, y el uso "insospechado" que se le puede dar al dominio, "afectando su reputación".

Pero Agustín perdió el litigio en mayo de este año y el documental verá la luz la próxima semana en Argentina, para luego ser estrenado en Chile y exhibido en ciclos de cine nacionales.

Matar comunistas

"De asustarse, Agustín Edwards se podría asustar de su propios actos, porque el documental lo que hace es un registro histórico que tiene una indagación con archivos de hechos que vienen desde 1967 hasta hoy día. Estamos hablando de un protagonista de la historia de Chile que hoy día es muy poderoso y muy decisivo", responde Fernando Villagrán frente a las acciones de Edwards, que se negó a hablar para la cinta. "Don Agustín no da entrevistas", fue la respuesta de su secretaria después de los intentos de los periodistas que trabajaron en la investigación.

Sin embargo, el mundo mercurial también se hizo actor, gracias a las intervenciones de editores y periodistas que trabajaron en la empresa durante la dictadura. Juan Pablo Illanes, Raquel Correa, Álvaro Puga y Beatriz Undurraga, entre otros, aceptaron conversar con los investigadores.

"Matar comunistas en una época determinada era una necesidad biológica, prácticamente, de los militares", dice Álvaro Puga frente a las cámaras. Este periodista, que entonces escribía columnas en "La Segunda" bajo el nombre de Alexis, fue el encargado de orquestar en Chile la difusión de la información falsa de la Operación Colombo. Hoy tiene un sitio web llamado "Despierta Chile", que intenta mantener despierto un pinochetismo acérrimo.

Seis estudiantes de periodismo del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (Hans Stange, Claudio Salinas, Elizabeth Harries, Paulette Dougnac, Raúl Rodríguez y María José Vilches), en el marco del Programa de Libertad de Expresión, fueron seleccionados por los realizadores y por la profesora Claudia Lagos el año 2005 para comenzar a investigar en enero de 2006. Además del documental, LOM va a publicar en un libro todas las investigaciones de estos ex estudiantes de Periodismo. Todos entre 24 y 35 años.

Claudia Lagos dice que cuando entrevistaron a los periodistas que trabajaron en "El Mercurio", muchos tenían conciencia del lugar donde trabajaban, por lo que no intentaban publicar nada. Otros dicen que en ese tiempo no sabían mucho de estos casos y un grupo asegura que rebotaban las informaciones que no podían publicar a colegas de otros medios, sobre todo durante los años 80, en que surgió más prensa opositora.

Una portada y dos torturas

Iván Barra y Jorge Jaña eran veinteañeros cuando fueron detenidos violentamente por la CNI el 9 de abril de 1987. Seis días antes, el Papa Juan Pablo II había dado un discurso en el Parque O`Higgins, donde recibió a Carmen Gloria Quintana y grupos de izquierda protestaron con quema de neumáticos y gritos. Los incidentes provocaron la alerta de la CNI, que comenzó a buscarlos. "El Mercurio" hizo lo mismo que la central de inteligencia y el 9 de abril publicó en su portada: "Identificados los violentistas del PC en el parque". El artículo incluía las fotografías de ambos jóvenes y había sido ordenado por el mismísimo Agustín Edwards. Los jóvenes fueron torturados en un cuartel de la CNI durante diez días, hasta que los dejaron en libertad, porque se comprobó que ellos ni siquiera habían ido al parque ese día, por lo que era físicamente imposible que hubieran participado en disturbios o manifestaciones.

"Yo no sé quién entregó la información a quién", responde el ex vocero del régimen militar, Francisco Javier Cuadra, en la cinta. Luego de que Barra y Jaña fueron liberados, interpusieron una demanda por injurias y calumnias contra "El Mercurio". Durante el juicio, Edwards dijo que Cuadra le había entregado la información con las fotos, pero Cuadra lo niega hasta el día de hoy y durante el juicio dijo que la CNI le entregó la información al dueño del "decano". Edwards fue encargado reo y no pudo salir del país durante un año, pero la Corte de Apelaciones le concedió la libertad y el caso se cerró.

LND tampoco logró conversar con don Agustín. El año 2000 el "decano" cumplió 100 años y la periodista Raquel Correa tuvo que entrevistar a su jefe para la edición especial. En esa oportunidad le preguntó por el silencio de "El Mercurio" con respecto a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet. "El apasionamiento político de la época hizo que la violencia de los primeros meses del Gobierno fuera considerada por muchos, no sólo por el diario, como una consecuencia dolorosa, pero ineludible en el estado de enfrentamiento que reinaba en el país. Las cosas hay que juzgarlas en su contexto", respondió. Y unas líneas más abajo, agregó: "No fue por temor ni por presiones que publicáramos poco de lo que ahora sabemos, sino porque no teníamos información seria sobre las acusaciones que en ese tiempo circulaban como rumores imposibles de confirmar".

Villagrán dice que en el filme la relación de los periodistas de "El Mercurio", así como la de su dueño, con la DINA y la CNI queda clara. "Los casos que se develan tienen que ver con muertes, tienen resultados criminales. Se muestra cómo ocultaron información, como cuando no informaron sobre la detención de toda la cúpula del PC, cuando evidentemente era un hecho noticioso", dice Villagrán.

"Este documental habla de hechos que se han acallado y que son importantes de tratar en la construcción de una convivencia democrática, aparte de preguntarse por qué los sectores progresistas no son capaces de tener prensa", agrega Ignacio Agüero.

La campaña de Agustín Edwards Eastman contra la reforma universitaria de la Universidad Católica (cuando los estudiantes de esa casa de estudios publicaron el famoso lienzo: "El Mercurio" miente), la coordinación con la CIA para derrocar a Allende y su viaje a Estados Unidos contado en lujo y detalle con documentos en mano, son algunos de los detalles que quiere develar este documental, que puede producirle fuertes dolores estomacales a don Agustín.

11/10/08

Crisis Financiera y Crediticia

Génesis de la crisis

En enero de 1980 el gobierno estadunidense autorizó el rescate de la compañía automotriz Chrysler, que se encontraba en dificultades desde 1975 debido a la recesión. Los directivos de la compañía propusieron un plan al gobierno para restructurar la empresa, cerrando plantas, reduciendo salarios y cortando beneficios. Todo esto se haría con la ayuda de la burocracia sindical.

En los años siguientes Chrysler cerró 28 plantas en Estados Unidos, despidió a 48 mil obreros (de una plantilla de 98 mil). Otros 20 mil empleados también perdieron su empleo. Los más jóvenes y militantes fueron los primeros en ser despedidos, mientras la burocracia sindical era recompensada. En una maniobra presentada como ejemplo de colaboración entre trabajadores y empresa, el secretario del sindicato se convirtió en miembro del consejo de directores de la compañía.

En agosto de 1981 el sindicato de controladores aéreos profesionales de Estados Unidos estalló una huelga en demanda de aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo. El sindicato estaba violando una ley que prohibía a empleados federales recurrir a la huelga. El entonces presidente Reagan decidió que esto era una amenaza para la seguridad nacional y envió un ultimátum: o regresaban a laborar en 48 horas o serían despedidos. Sólo una minoría obedeció y fueron despedidos más de 11 mil controladores. El sindicato perdió su registro en octubre de ese año.

Estos dos episodios marcaron el comienzo de una ofensiva profunda en contra de los sindicatos en Estados Unidos. El principal resultado fue la declinación de los sindicatos en ese país: entre 1977-1997 el porcentaje de la fuerza de trabajo empleada con afiliación sindical pasó de 25 por ciento a 14 por ciento. El gran aliado del capital fue la llamada flexibilización laboral y, en especial, la eliminación de restricciones para despedir trabajadores (el sistema se conoció con la frase hire and fire, contrata y despide). Otra arma contra los sindicatos fue la amenaza de perder empleos debido al libre comercio. La retórica de las empresas era clara: si los sindicatos no reducen sus demandas, perderemos la batalla de la competitividad, cerraremos y todos saldrán perdiendo. La burocracia sindical se acomodó, abandonando la búsqueda de mejores condiciones laborales para cooperar con patrones y gobierno.

Como resultado, el salario mínimo y los contractuales sufrieron una reducción de casi 10 por ciento durante el periodo de 1979 y 1997. Siguió una modesta recuperación después de 1998, lo que permitió recuperar el nivel de 1979 en 2003. Sin embargo, a partir de ese año los salarios retomaron su tendencia descendente. A lo largo de estos años se intensificó la precariedad del trabajo y se deterioró la calidad del empleo.

Durante este periodo histórico se presenta un extraordinario incremento de la desigualdad en Estados Unidos. Entre 1973 y 1990 la productividad se mantuvo estancada, pero entre 1995 y 2005 se incrementó en 30 por ciento. Sin embargo, los beneficios de ese aumento se fueron a los estratos más ricos: 20 por ciento más privilegiado de la fuerza de trabajo ocupada vio sus ingresos reales aumentar 30 por ciento. Al mismo tiempo, la caída en el salario real del 20 por ciento más desfavorecido fue de 22 por ciento.

Esta pérdida de poder adquisitivo del salario es parte importante de los orígenes de la crisis actual, porque tuvo que ser compensada con endeudamiento privado para mantener niveles artificiales de demanda efectiva. Toda una generación no tuvo más remedio que endeudarse para mantener sus niveles de consumo. Las burbujas que atenuaron los efectos negativos de los ciclos de negocios es sólo un aspecto de este endeudamiento.


El capitalismo estadunidense reaccionó contra el movimiento sindical y la clase trabajadora porque la caída en la rentabilidad a partir de los años 70 obligó a limitar las remuneraciones al trabajo. De este modo, el sueño americano fue sacrificado en el altar del capital. Hay muchos datos que permiten documentar lo anterior, pero todo esto conduce a otra pregunta: ¿por qué cayeron los niveles de rentabilidad? Los niveles de exceso de capacidad instalada en esta etapa de acumulación de capital sin duda están relacionados con esta evolución de la rentabilidad. Pero eso no es suficiente y este tipo de análisis sólo desplaza el problema para llevar a una última interrogante: ¿cargará el capitalismo en sus entrañas la semilla de su propia destrucción? La agenda política que se desprende de esta reflexión obliga a plantear el problema de las alternativas al capitalismo, tema injustificadamente relegado a un oscuro rincón desde hace 20 años.

10/10/08

Crisis Financiera Global

La lista de damnificados aún es incompleta

La globalización financiera desemboca en una crisis internacional. Por esa razón, supongo, las autoridades chilenas parecen haber socorrido a bancos de nuestro país, que poco tienen que ver con los problemas hipotecarios norteamericanos. Y la bolsa chilena cae junto a Wall Street.

Iván Auger

Los equipos de rescate todavía no logran llegar el epicentro del sismo. El problema es tal vez físico. Los 700.000 millones de dólares del rescate financiero, si colocamos los billetes uno sobre otro (de 100, los más grandes), construiríamos una columna de algo más de 87 mil metros, necesitaríamos astronautas, y si una persona los contara, a un segundo por dólar, se demoraría 21.000 años.

Curiosamente, The New York Times, tres días más tarde de su aprobación, dijo que el plan parecía un guijarro lanzado para que se deslizara por un mar embravecido; y todos reconocen de que sólo es un primer paso. La razón es que esos 700.000 millones son considerados ahora el mínimo del posible costo, que podría al final doblarse. Y el problema es que nadie sabe cuál es el monto de los activos impagos del total de instrumentos derivados, 63.000.000.000.000 de dólares, cifra que supera al total de la economía mundial de un año. Por consiguiente, esta lista de damnificados es incompleta y puede variar.

El primer damnificado, es el neoliberalismo, que se impuso como teoría económica, sin alternativas, el pensamiento único decían sus críticos latinoamericanos, hace aproximadamente tres décadas, como consecuencia de la revolución conservadora. Y que nos fue transmitida por el consenso de Washington. Su principio básico era "laissez faire, laissez passer, le monde va de lui-même".

El mercado dejado a su arbitrio se auto regularía con máxima eficiencia, gracias a las expectativas racionales. Las intervenciones estatales conllevan que la política se inmiscuya en la economía y distorsionen el mercado. Al hacerlo, ahogarían el emprendimiento y, por tanto, el crecimiento y el desarrollo económicos. Alan Greenspan escribió un libro en 2007 que alaba ese sistema y preguntó ¿porqué queremos inhibir la polinización de las abejas de Wall Street? McCain lo endiosó. Y las tropas de choque conservadoras, los banqueros de negocios, tuvieron chipe libre, o sea, plena libertad de emprendimiento hasta que desaparecieron en la crisis.

Wall Street, el mercado más libre y globalizado del mundo, tuvo un crecimiento exponencial gracias a las tres tesis centrales del conservadurismo: fe ciega en los mercados, desregulación y la sociedad de propietarios (casa propia para todos). Desde mediados del año pasado comenzaron los síntomas de que algo marchaba mal. Bush y sus acólitos, Paulson y Bernanke, dijeron más de una vez que habían contenido el problema. Hace menos de un mes hubo una explosión en el sector financiero norteamericano, la caída de Lehman Brothers (la primera de un gran banco desde la depresión de la década de 1930) fue el detonante. Y hoy día McCain denuncia a los peces gordos de Wall Street, aunque sin entender qué pasó, al insistir en las políticas que causaron la crisis.

El problema esencial, ya lo enunció Marx en el siglo XIX, es que "el capitalismo desenfrenado se convierte en una especie de mitología al atribuirle realidad, poder y acción a cosas que no tienen vida en sí mismas". Esa mitología permite que se utilice un lenguaje antropomórfico para describir los vaivenes del mercado, que tendría bajas, alzas, crisis, pánico, miedo, euforia, etc. Y como se trata de una "mano invisible", deberíamos adentrarnos en el ámbito de la religión. Según San Pablo, la verdadera fe es la que nos da la evidencia de las cosas que no se ven.

La vía china pareciera ser más exitosa. Ante la indignación de algunos comentaristas occidentales, el primer ministro Wen Jiabao, en una entrevista en CNN, dijo con toda tranquilidad que su país enfrentaría la crisis sin grandes problemas porque combina una economía de mercado con la guía del gobierno. Y citó, como respaldo, a las dos principales obras de Adam Smith, "La Riqueza de las Naciones", que habla de la mano invisible del mercado, y la "Teoría de los Sentimientos Morales", que se refiere a la necesidad de la mano visible de la autoridad para lograr la equidad social y el desarrollo armonioso.

El segundo damnificado es el Partido Republicano norteamericano, que giró hacia la derecha dura, no solamente con la designación de Palin como candidata a la vicepresidencia. También al rechazar la mayoría de sus diputados el proyecto de rescate del sistema financiero que presentó la administración Bush, con el apoyo de toda la dirección del partido de gobierno.

De los diputados republicanos que se retiran en estas elecciones, el 82% votó por el proyecto, pero de los que fueron electos por primera vez hace dos años, ni uno solo. Esa joven guardia recibió una calificación de 100 puntos, la máxima, por parte de la Unión Conservadora Norteamericana, mientras que los que se retiran, de solo 78. Uno de los jóvenes turcos calificó al proyecto de una "pendiente resbalosa al socialismo" y otro lo comparó con la revolución bolchevique de 1917.

En otras palabras, para un grupo de trogloditas, como alguien lo dijo en burla, los camaradas Bush, Paulson y Bernanke pretenden fundar la "United States Socialist Republic of America". El proyecto en realidad es socialismo para los ricos, el único respetable en EE.UU., según Galbraith, uno de los grandes economistas del pasado.

Tal vez por ello el candidato McCain ha mostrado su verdadera cara. Ya no es un rebelde bipartidista. Más parece un termocéfalo -el calificativo es de uno de sus colegas republicanos en el Senado-, que centra su campaña en atacar a la persona de Obama, mientras el barco norteamericano naufraga. Y su candidatura también hace agua; no están los tiempos para vencer, como los republicanos acostumbraban, con la deformación de la personalidad del adversario.

Todo ello no aumenta precisamente el prestigio del presidente Bush, cuya tasa de aprobación es alrededor del 25%. Y sus acólitos, Paulson, quien fuera un titán de Wall Street (el año 2005, el último en que sirvió como presidente y gerente general de Goldman Sachs, tuvo un estipendio de US$ 27.000.00) y Bernanke, un profesor de economía especializado en crisis, no logran apaciguar el mercado. Y Bush hizo un llamado a Europa para enfrentar en conjunto la crisis.

El tercer damnificado son los países de la Unión Europea y los en desarrollo con economías muy abiertas, en especial los especializados en la exportación de materias primas. Lograron más o menos desacoplarse de la crisis norteamericana hasta agosto de este año. La caída de Lehman Brothers demostró a las entidades financieras que eran mortales. Y la crisis financiera se desbordó en los EE.UU., las autoridades perdieron el control, e infectó también al sector financiero de esos desacoplados.

Los economistas hablan del multiplicador del comercio internacional al referirse a los contagios de los ciclos económicos que se transmiten por los flujos internacionales de bienes y servicios. La recesión de un país se traspasa a sus contrapartes comerciales, debido que al disminuir sus importaciones, también se contraen las exportaciones de esas contrapartes. Y ello es especialmente cierto cuando esas exportaciones son materias primas.

Ahora, según Krugman, se podría hablar también del multiplicador financiero internacional, en el caso de instituciones financieras altamente endeudadas, que hacen fuertes colocaciones multinacionales, los principales bancos norteamericanos, entre otros. Al tener una fuerte pérdida, se ven obligadas a vender las acciones, bonos, etc. que constituyen su capital, lo que baja los precios de esos valores y, por tanto, disminuyen el capital de otras entidades financieras, también a las con asiento en terceros países.

En resumen, la globalización financiera desemboca en una crisis internacional. Por esa razón, supongo, las autoridades chilenas parecen haber socorrido a bancos de nuestro país, que poco tienen que ver con los problemas hipotecarios norteamericanos. Y la bolsa chilena cae junto a Wall Street.

Los otros damnificados son los ciudadanos de a pie, que pierden sus empleos y viviendas, se les cierra el crédito y, en el caso de Chile, les disminuye notablemente su ahorro previsional, entre ellos, a quien escribe estas líneas.

¿Se normalizará pronto la vida económica? Tengo mis dudas. Muchos damnificados han desaparecido. A otros se les ha prestado solamente primeros auxilios. Y el gran problema es que todavía no tenemos un claro proyecto de saneamiento.

2/10/08

Los 400 hombres más ricos de Estados Unidos

El cineasta norteamericano y ferviente opositor del gobierno de George Bush, sigue escribiendo en su sitio web con el firme objetivo evitar que el actual mandatario norteamericano logre sus objetivos en el Congreso de su país.

En su carta de ayer, Moore, facilita a funcionarios y ciudadanos una serie de sugerencias para "arreglar el desorden de Wall Street".

"Los 400 hombres más ricos de Estados Unidos- dice Moore-, sí es cierto, son sólo 400 personas las que tienen más que el resto de los 150 millones de personas de nuestro país, tienen un patrimonio neto de 1.6 billones de dólares. Además durante la administración de George Bush, su fortuna se incrementó en 700 billones de dólares, el mismo dinero que hoy ellos (estos 400) demandan del Estado".

"Pero, porqué no gastan su propio dinero - continúa diciendo el director- en lugar de hacer que Bush se los de. Ellos aún tiene muchos dólares para repartir entre ellos mismos. Pero por supuesto, ellos no lo harán, al menos voluntariamente.

Acá tengo mi propio plan de rescate:

En primer lugar sería importante que el Congreso designe a una persona que acuse criminalmente a cualquiera en Wall Street que haya contribuido al desplome de la economía. Luego las personas ricas deberían pagar por su propio rescate, ellos podrían vivir en 5 casas en lugar de 7, manejar 9 autos en lugar de 13 y el jefe de cocina podría ser reasignado.

Cuando las personas recurren al banco para poder comprar una casa, piden un préstamo que tiene que devolver con intereses, porqué no usamos la misma estrategia, le prestamos dinero a Wall Street, si es que el gobierno piensa que el país corre un riesgo, y el Estado obtiene una ganancia por ese préstamo".

La crítica de Moore va mucho más allá de prestar o no dinero al sector más poderoso norteamericano, también exige que las reglas del juego para los bancos y Wall Street, sean modificadas y restauradas, según afirma "dejar las llaves del gallinero al lobo no es la mejor opción".

"Desde el gobierno nos dicen que esta falla en las empresas puede provocar una catástrofe, entonces las empresas son demasiado grandes y no debería el Estado permitir estas mega fusiones empresariales si hacen peligrar al sistema económico. Además un ejecutivo no debería ganar más de 40 veces que un empleado, sin embargo en 1980 un director general norteamericano ya ganaba 45 veces más, en el 2003 ganaba 254 veces más y ahora gana 400 veces más".

Finalizando sus recomendaciones, Michael Moore, sugiere descansar de las noticias porque los "políticos mienten mucho", tomar aliento y descansar, porque "no estamos atravesando por la segunda Gran Depresión como dicen". Además sugiere la creación de un Banco del Pueblo, "¿por qué darle un trillón de dólares a unas pocas personas ricas, por qué no nos lo damos a nosotros mismos? Ese banco podría dar créditos con bajos intereses, préstamos para todo tipo de personas que quiera tener su hogar, formar su empresa, ir a la escuela o para la investigación de enfermedades".

19/9/08

Hay que Detener Esta Locura

Me propongo compartir con ustedes un análisis comparado de los resultados que publica Codelco y los que publican las mineras privadas. Los chilenos vamos a tener que meternos en estos temas; necesitamos comprenderlos, porque para decirlo con franqueza, estamos haciendo el loco.

Estamos siendo despojados de nuestra principal riqueza.

Aquí hay un puñado de agentes de las empresas mineras que han manejado y que manejan las políticas mineras del país, a espaldas de todos nosotros.

En torno a este tema se da el caso de corrupción más flagrante que exista en nuestro país. Es mucho más grave que la corrupción, por decirlo así, al menudeo que se denuncia con relación a otras partes, porque en la corrupción al menudeo hay mecanismos democráticos para controlarla. Pero para esta corrupción en gran escala, los mecanismos democráticos básicos, como la oposición, en este caso fallan, porque en esta corrupción están involucrados la oposición y el gobierno.

Hay que decirlo con toda claridad: las mineras privadas financian las campañas tanto de la oposición como del gobierno, y eso permite, por ejemplo, que haya grupos transversales, como el que hace algunos días firmó una carta, pidiendo la privatización del Codelco. Casi todos ellos son agentes de las empresas mineras; o sea, están ahí con nombres y apellidos.

Ellos dirigen Codelco, dirigen la política minera del gobierno y trabajan para las mineras. Evidentemente, el resto de los chilenos esta situación no la podemos tolerar. Es como mucho, porque las cifras involucradas son demasiado grandes. Lo que se llevan estas empresas, y Orlando lo mencionó, equivale a lo que el Estado gasta en previsión, salud y educación, todo junto. Y se lo llevan básicamente tres empresas, que son las que controlan la mitad de la producción de todo el país. Una de ellas, Escondida, controla el 30%, igual que Codelco, y con dos más que se le suman, se llega a la mitad de toda la producción de cobre.

Con estos dineros le estamos financiando a la mayor de estas empresas, la anglo-australiana BHP Billiton, la más grande de mundo, el control total del mercado del cobre y del hierro. Resulta que esta empresa está comprando a la tercera del mercado, Río Tinto, y los que estamos pagando la cuenta somos nosotros. Es nuestro dinero, nuestro cobre, lo que está pagando lo que se llevan y lo que nos pertenece. Sumadas ambas empresas llegan a una capitalización de mercado cercana a los 500 mil millones de dólares.

Esto está inflado por el precio del cobre, que no va a seguir en los niveles actuales. Digamos que hay una burbuja especulativa en eso, pero hoy el valor de mercado de estas dos empresas suma 500 mil millones de dólares. Es decir, estamos financiando el crecimiento de estos gigantes. Para que se hagan una idea, el valor de mercado de Microsoft es de 230 mil millones de dólares, y el de IBM, poco más de cien mil. Lo más grave del monstruo que se está creando, es que va a controlar el mercado del hierro. Y contra quién compite en el mercado del hierro. Compite con Vale de Río Doce, empresa que pertenece al Estado brasileño.

O sea, los chilenos estamos financiando al competidor de una empresa de un país que es nuestro aliado natural, le estamos ayudando a controlar el mercado del hierro. No sólo nos hacemos el harakiri, sino también se lo hacemos a nuestro principal aliado en América Latina. Es una política insensata por donde se la mire y no puede continuar así.

Revertir esto es uno de los elementos básicos de una política nacional, y es algo que va a ocurrir en los próximos años. De hecho, está ocurriendo en todos los países que tienen recursos naturales. Todos han renegociado sus contratos, y las empresas lo saben. Rusia ha recuperado prácticamente todos los recursos naturales que Yeltsin entregó a las trasnacionales. Sin embargo, las trasnacionales siguen operando en Rusia.

Venezuela renegoció recién todos sus contratos con las multinacionales del petróleo y las multinacionales siguen operando en Venezuela. Bolivia ha renegociado los contratos con todas las multinacionales que operan con el gas, y las multinacionales siguen operando ahí, pero bajo condiciones razonables. Nigeria ha renegociado los contratos con las multinacionales, es decir, es evidente para cualquiera, también para estas empresas, que una situación como esta no puede seguir, y que por lo tanto es un tema que está absolutamente en el tapete. Es una de las tareas que debemos enfrentar y para eso es necesario que entremos al detalle de algunos aspectos.

El punto que quiero mostrar es que el análisis de los balances de las empresas que están entregando información respecto de sus resultados, muestra que no son veraces. Esto surge de una manera bastante clara del análisis de los balances. Las empresas mineras ganaron 18 mil 990 millones de dólares en 2006, de acuerdo a sus propios balances. O sea, en un año recuperaron toda la inversión que hicieron todas las mineras privadas desde 1974 hasta 2006.

En 2007 superaron eso también. O sea, en un año recuperan todo lo que invirtieron en treinta. El precio del cobre, expresado pesado en toneladas es de seis mil dólares por tonelada, seis mil setecientos en 2006. Por supuesto, es el mismo precio del cobre para Codelco y las empresas privadas.

En este momento, la producción de Codelco es de un millón y medio de toneladas. La de las empresas transnacionales es de 3,7 millones de toneladas; o sea, están produciendo mucho mas que nosotros. Ahora fíjense que cosa tan sorprendente es lo que arrojan los resultados, que en el caso de Codelco, sí sabemos que son fidedignos.

Codelco gana por cada tonelada de cobre que produce seis mil cuatrocientos ochenta dólares. Pero cómo es esto, si el precio de venta es de seis mil. O sea, más o menos lo mismo. En otras palabras, o Codelco gana sobre el precio de venta o no tiene costos. Vean lo que es el negocio del cobre en Chile: es un negocio que no tiene costo, porque resulta que todo lo que se vende, queda como utilidad. Ustedes dirán, este señor está loco porque todo tiene costo, porque es obvio que hay maquinarias, que hay sueldos. Veamos como es la cosa. Si está en el balance de Codelco. Aquí dice que gana seis mil cuatrocientos ochenta dólares por cada tonelada de cobre que produjo, en circunstancias que aquí también dice que el precio es seis mil setecientos.

¿Cómo se explica esto?

Se explica por esta línea que ustedes ven aquí. Resulta que Codelco recibe mil novecientos setenta y nueve dólares por el valor de los subproductos por cada tonelada de cobre que produce, y esto es entonces lo que le paga todos los costos.

Fíjense ustedes qué interesante es esto: el negocio del cobre es tan bueno en Chile que sacar el cobre, refinarlo procesarlo y transportarlo sale gratis, porque resulta que junto con el cobre que se saca, viene el molibdeno, la plata, el oro y todas esas cosas que salen de yapa. Y la yapa que sale es tan grande, que nos paga todos los costos de hacer el hoyo, de moler el material, de transportarlo, de pagarle a los viejos, de los camiones, de la fundición, de la refinación, del transporte y de la comercialización, que no es poco en el caso de Codelco, porque harta plata se gasta en cosas que no se ven. Bueno, todo eso lo pagan los subproductos, y queda neto el precio del cobre como ganancia.

Este cuadro, referido a la información proporcionada por las empresas privadas, muestra que al parecer nos están haciendo lesos con el resultado que declaran, sobre el cual pagan sus impuestos. Fíjense ustedes qué cosa más rara. Codelco saca seis mil cuatrocientos ochenta dólares de utilidades por cada tonelada de cobre que produce, y resulta que las mineras privadas sacan cinco mil no más. O sea que Codelco, que ustedes han oído que es una empresa muy ineficiente, una empresa muy antigua, una empresa que tiene minerales de más baja ley, saca mayores utilidades por tonelada de cobre que lo que sacan las “eficientes” empresas mineras privadas. La mayoría de ellas no publica cuánto saca por sus productos.

Pero hay una que sí publica sus resultados, que es La Escondida. Fíjense aquí, que saca ciento veintidós dólares en subproductos por tonelada de cobre producido. En cambio, Codelco mil novecientos sesenta y nueve dólares por concepto de subproductos, por cada tonelada de cobre producido.

Yo les pregunto a ustedes ¿será tan distinto el mineral que explota Escondida del que explota Codelco?

Claro, Escondida exporta concentrado y lo exporta a una filial y esa filial es la que saca los subproductos. Es esa filial la que le dice, mire, había sólo ciento veintidós dólares en subproductos. Entonces la implicación obvia es que con estas cifras, que como digo son publicadas por la propia compañía, las autoridades deberían estar investigando a estas empresas, de arriba a abajo porque esto es completamente inconcebible.

Es verdad que Codelco es una empresa más antigua, es verdad que tiene costos laborales mayores, es verdad que tiene un gasto administrativo muy superior, que otras no tienen. Es verdad que Codelco tiene yacimientos con leyes que son la mitad de las otras; es verdad que tiene procesos de producción más complicados. Entonces, es mentira que las mineras privadas estén ganando menos que Codelco, que al menos sabemos que hace bien sus cuentas. Este análisis lo habíamos hecho antes para el periodo 1998-2005 y demostró que efectivamente Escondida durante toda su vida ha cargado costos de refinación con su filial a precios más altos que los de mercado y que ha vendido el cobre a precios más bajos que los del mercado.

Eso quedó demostrado en ese estudio.

Esas son las cosas que claman al cielo.

Esas son las cosas que tenemos que entrar a cambiar.

Por Manuel Riesco

El mejor presidente de Chile

En el siguiente artículo, el cientista político y columnista de PODER Patricio Navia analiza los gobiernos de los últimos diez mandatarios. Sopesando sus aciertos y errores y evaluando las transformaciones que provocaron, elige al mejor ocupante de La Moneda de los últimos 60 años.


Desde que Gabriel González Videla fuera electo en 1948, La Moneda ha tenido diez ocupantes. Si bien sus legados son una compleja mezcla de aciertos y errores, la historia inevitablemente reduce sus periodos a un par de puntos destacados y a un puñado de datos que capturan sólo parcialmente la realidad social, económica y política de la época. Precisamente porque, por definición, cualquier ranking es injusto e incompleto, me atrevo a evaluar las fortalezas y debilidades de cada presidente, sopesar sus aciertos y errores, y considerar sus contribuciones. Con indicadores objetivos y una inevitable lectura subjetiva, en esta comparación de nuestros últimos diez presidentes, escojo al mejor.

Hay distintas formas de construir un ranking. Si midiéramos sólo el nivel de conocimiento que de ellos tiene el mundo, Salvador Allende y Augusto Pinochet disputan con Michelle Bachelet el primer lugar. Una búsqueda en Google produce 2,3 millones de resultados para Allende, 1,6 millones para Pinochet, 1,5 millones para Bachelet, 927.000 para Ricardo Lagos (¡algunos son por el hijo!), 557.000 para los dos Eduardo Frei, 127.000 para Patricio Aylwin y 108.000 para Jorge Alessandri.

Si evaluáramos sólo las transformaciones sociales, económicas y políticas que provocó cada Presidente, Pinochet es el líder incuestionable. Aunque las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante su mandato también ocuparían el primer lugar entre los momentos más oscuros de Chile en estas seis décadas. No por nada Pinochet disputa con Allende –otro presidente que, de haber sido exitoso, hubiera provocado profundas transformaciones– el legado más controversial de los últimos diez mandatarios.

Si fuera por momentos históricos, Allende disputaría el cetro con Bachelet. El primer presidente socialista pronunció el mensaje más memorable desde La Moneda. Mientras que la primera mujer, también socialista, estará para siempre en los libros de historia. Si se tratara de apoyo popular, Frei Ruiz-Tagle se quedaría con los honores, después de conseguir el 58% de los votos (más de 4 millones), cifra récord en porcentajes y número de votos desde que hay sufragio universal. Y si sólo consideráramos el crecimiento económico, Aylwin se llevaría el cetro. En su periodo, la economía creció a un promedio de 7,8% anual.

Estos nueve hombres y una mujer han gobernado 6,25 años en promedio. Seis lo hicieron en sexenios, dos en cuatrienios y dos gobernaron en irregulares periodos. Los tres años de Allende fue el periodo más corto y el único mandato que no se completó. Pinochet, en cambio, que nunca fue electo para el cargo, lo ocupó por más tiempo (16 años y medio).

Los presidentes pre-1973

El desempeño de los presidentes antes de 1973 refleja que ese Chile, mitificado como un país de clase media, era más bien una nación mediocre incapaz de satisfacer la demanda por inclusión social y económica exacerbada por la rápida urbanización experimentada en la segunda mitad del siglo XX. González Videla reflejó el agotamiento del modelo del Frente Popular más que una respuesta a los crecientes problemas de inflación y estancamiento económico. El Chile de clase media, simbolizado por Ñuñoa, el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, no alcanzaba para dar cabida a todos. Por cada estudiante que recibía una educación de calidad, diez quedaban fuera. Por cada hijo de la clase obrera que entraba a la universidad, más de 30 entraban al grupo que, años después, Los Prisioneros calificaría como “el baile de los que sobran”.

Su decisión de impulsar una ley que proscribiera al Partido Comunista reflejó que González Videla (1946-1952) se movía mucho más por el miedo que por la inclusión. La Ley de Defensa de la Democracia –bautizada como Ley Maldita– fue un tácito reconocimiento de la incapacidad de González Videla. En vez de hacerse cargo del problema de exclusión, el último presidente radical optó por dispararle al mensajero que trae las malas noticias. El Partido Comunista no era el problema, su poder electoral era el resultado de las demandas por inclusión de una creciente masa urbana marginada. La torpeza de González Videla le ganó un dudoso lugar en la historia literaria de Chile. Neruda lo llamó ‘traidor’. Por su incapacidad para enfrentar problemas, nadie hoy menciona a González Videla como un presidente ejemplar.

El segundo gobierno de Ibáñez tuvo logros importantes. Pero el octogenario presidente gobernó mirando más al pasado y tratando de limpiar su nombre, que buscando fundar un nuevo país. Inspirado en lo que hacía Perón en Argentina, Ibáñez se rebeló contra los partidos para terminar luego gobernando con ellos. Carente de visión de país, el suyo fue un gobierno discreto (1952-1958). Nunca pudo controlar la inflación y las políticas públicas nunca lograron definir un modelo atractivo de desarrollo. Fallecido dos años después de dejar el poder, su legado tuvo destellos positivos, pero los historiadores más benévolos sólo pueden calificar el suyo como un gobierno mediocre.

Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964) personificó la duda existencial de la derecha. Después de entrar prometiendo un gobierno cosista (de los gerentes), Alessandri terminó negociando con el Partido Radical para dar gobernabilidad al país. Aunque pudo controlar la inflación desatada bajo Ibáñez, Alessandri nunca logró ser un ente renovador de la derecha. Al final, la Revolución Cubana de 1959 lo forzó a realizar reformas mucho más progresistas de las que él tenía en mente. El viejo Chile estaba moribundo, pero Alessandri sólo intentó mantenerlo respirando. Lamentablemente para la derecha de hoy, su gobierno fue tan discreto que ningún presidenciable de la Alianza puede nombrarlo como un modelo a seguir.

Eduardo Frei Montalva probablemente es el presidente más ambicioso e intelectualmente más dotado que ha tenido Chile en estos 60 años. Su apoteósica llegada al poder reflejaba tanto su capacidad para entender los desafíos como la claridad de su mensaje de cambio. Pero Frei fue incapaz de alcanzar sus objetivos. Además de enfrentar obstáculos formidables, Frei también fue víctima de su época. Aunque entendió que nacía una patria joven, y su deseo de revolución en libertad refleja mejor que cualquier otro eslogan el deseo de la mayoría, Frei fue incapaz de convencer a dos sectores clave. La oligarquía se resistía a aceptar mayor inclusión social, mientras que la izquierda y muchos en la juventud DC no comprendieron que había que avanzar con firmeza pero sin desesperación. Cuando Frei le entregó la banda presidencial a Allende, el fracaso de su proyecto era indiscutido.

El de Allende fue un gobierno a todas luces desastroso. Es verdad que su deseo de inclusión social respondía a una necesidad del país. Pero el propio Allende reconoció su fracaso. Ese “mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”, refleja tanto su fe y su optimismo en el futuro como su frustración y su derrota. El Chile que murió con el bombardeo a La Moneda fue un país incapaz de solucionar exitosamente el desafío de la inclusión social. Los ambiciosos proyectos de Frei Montalva y Allende explican la actual popularidad de ambos líderes históricos, pero el golpe de 1973 brutalmente atestigua sobre sus fracasos.

Por la Constitución de 1980, el modelo económico y porque el Chile de hoy se parece mucho a lo que él intentó construir que a la visión de cualquier otro presidente, Pinochet ha sido el presidente más influyente en estos sesenta años. Pero un presidente cuya memoria está irremediable e incuestionablemente manchada por el legado de violaciones a los derechos humanos no puede ser considerado exitoso. Su legado siempre estará asociado a la desaparición de miles de chilenos, la tortura y el exilio. El padre del Chile actual entró también en la historia como un dictador.

Parafraseando a Gonzalo Vial, las negras oscuridades de su legado no opacan las brillantes luces. Las reformas económicas impulsadas en dictadura constituyen las bases del crecimiento experimentado en los 90. Una analogía útil, aunque fuerte, es entender a Pinochet como un padre que entregó una buena educación a sus hijos, pero mató a algunos. Los hijos sobrevivientes se benefician de su buena educación, pero también precisan tratamiento sicológico por el resto de sus vidas. Peor aún, el modelo económico, pese a constituir la base sobre la que se ha producido la inclusión social y económica, siempre estará asociado a las violaciones a los derechos humanos. No tenía por qué ser así. Precisamente aquellos que más se identifican con el libre mercado serán los que más resientan que Pinochet haya manchado ese legado con las violaciones a los derechos humanos y con su obsesión por mantenerse indefinidamente en el poder.

El Chile post-Pinochet

Por lo anterior es que el periodo de Aylwin será correctamente recordado como uno de reencuentro de los demócratas. Aylwin llegó a gobernar un país de enemigos y fue capaz de liderar una difícil pero exitosa transición hacia la democracia. Además, su énfasis en la justicia social y la reducción de la pobreza produjeron resultados notables. El enorme capital político que significó la victoria del No en el plebiscito de 1988, y la loable decisión de los partidos de centro y de izquierda de formar la Concertación facilitaron su tarea. Pero el monumental éxito de Aylwin se debió en buena parte a su obstinada moderación. Esto de actuar “en la medida de lo posible” facilitó el éxito de su cuatrienio. Con un 40% de la población sumida en la pobreza, con Pinochet al mando del Ejército, con demandas sociales y políticas que amenazaban con desbordar al país, Aylwin fue capaz de avanzar con cautela y determinación. Además, se anotó el récord del crecimiento promedio más alto de cualquiera de los últimos diez presidentes.

Pero la misma moderación y cautela que ayudaron a su éxito también explican los claroscuros de su legado. Con la mejor perspectiva que da el paso de los años, sabemos que Aylwin pudo haber avanzado más rápido. El temor a una regresión autoritaria que caracterizó a su gobierno fue excesivo. Marcado por los dolores de la dictadura, Aylwin no entendió que el mundo había cambiado y que, por más ganas que tuviera, Pinochet no podía realizar otro golpe. Si hubiera tenido la ambición de Frei Montalva o de Allende, Aylwin habría sido más exitoso. Varios enclaves autoritarios y muchas de las heridas mal sanadas que aún obstaculizan nuestra consolidación democrática son herencia de la prudencia excesiva de Aylwin. El primer presidente post-dictadura evitó correr riesgos. Teniendo la opción de convertirse en el verdadero padre del Chile actual, Aylwin sólo buscó ser su meritorio tutor.

El recuerdo del sexenio de Frei Ruiz-Tagle ha sido víctima más de la incapacidad de Frei para convocar a Chile a soñar que por la crisis económica de los últimos dos años. Su popularidad ya estaba en el piso mucho antes de la crisis asiática. Frei confundió ser presidente con ser gerente. Sin entender que debía ejercer también como líder espiritual, Frei se olvidó de convocar a soñar. A diferencia de su padre, Frei sólo se concentró en reformar el Estado y construir las bases para el desarrollo futuro. Pero incluso la más fría de las empresas busca construir una imagen que entusiasme a empleados y accionistas. El gobierno de Frei tuvo excelente prosa, pero careció de poesía. Porque sus resultados fueron correctos, pero careció de alma, el sexenio de Frei Ruiz-Tagle será recordado con respeto pero sin cariño.

El gobierno de Ricardo Lagos tuvo todos los componentes necesarios para convertirse en un gobierno legendario. Su llegada al poder estuvo marcada de simbolismos (crisis económica, retorno de un derrotado Pinochet y el primer socialista desde Allende en La Moneda). Pero Lagos intencionalmente sumó un nuevo símbolo, el bicentenario. Lagos convocó a soñar. Aunque la historia probablemente reduzca su legado a dos o tres puntos, la poesía e intenso involucramiento personal complementó la correcta prosa de su administración. El simbolismo que le faltó a Frei Ruiz-Tagle le sobró a Lagos. Desde la apertura de La Moneda hasta la ceremonia de 30 años después del golpe, Lagos entendió que gobernaba tanto para sus compatriotas como para la historia. Su celebrada salida del poder –y el entusiasmo que despertó la llegada de Bachelet– reflejó el éxito de su administración.

Si bien las cifras económicas hablan de un sexenio de moderado éxito, desde los acuerdos de libre comercio hasta la gigantesca reforma constitucional, desde el Plan Auge de salud hasta los avances en infraestructura, su legado crecerá con la historia precisamente porque Lagos pensaba en la historia cuando convocó a los chilenos a soñar con el bicentenario. El liderazgo internacional que ejerció Lagos en su sexenio y la extensa lista de proyectos de infraestructura que se iniciaron en su administración –algunos de los cuales, como el Transantiago, incluso han definido parcialmente el legado de su predecesora– dan cuenta de lo ambicioso del visionario proyecto de Lagos. Desde el puente a Chiloé hasta la oferta de reanudar relaciones con Bolivia “aquí y ahora”, desde el impuesto a la gran producción minera hasta el acceso al crédito fiscal para alumnos de universidades privadas, su sexenio estuvo lleno de reformas, proyectos e ideas que seguirán presentes en Chile por varias décadas. Si bien hubo fracasos evidentes (como el Transantiago o el tren a Puerto Montt), las iniciativas exitosas fueron mucho más numerosas.

Como todos los presidentes, Lagos también cometió errores y equivocaciones. Su obsesión con los grandes proyectos lo llevó a ignorar señales preocupantes sobre corrupción y mala administración. Desde Ferrocarriles del Estado hasta el diseño del Transantiago, la ambición de Lagos allanó el camino para la gestación de los escándalos que conocemos hoy. La desconfianza del mandatario que siempre habló de la fortaleza de las instituciones lo llevó a confiar demasiado en su círculo de amigos y a privilegiar el nepotismo y la protección de la gran familia concertacionista. Por cierto, porque ha albergado aspiraciones presidenciales desde el día que dejó el poder, el legado de Lagos ha sido cuestionado por sus adversarios y las falencias de su administración y errores de su sexenio han sido continuamente resaltados. Peor aún, la cercanía en el tiempo aún no permite evaluar el resultado de largo plazo de algunas de sus reformas.

Con todas sus sombras –y sus más numerosas luces– Lagos fue más ambicioso en su diseño inicial que sus dos predecesores. Es difícil imaginar que su sexenio haya podido conseguir más de lo que hizo. Si bien Lagos fácilmente pudo haber evitado algunos errores, todo gobierno tiene elementos negativos en sus legados. Resulta difícil encontrar un área donde Lagos no haya intentado reformas. Lagos logró anotarse tantas victorias precisamente porque intentó tantas reformas. Cuando pase la ‘hojarasca’ de la que él mismo habló –y el propio Lagos ha contribuido a crear al no explicitar sus planes políticos– su legado crecerá mucho más de lo que sus críticos y adversarios están hoy dispuestos a reconocer.

Sería injusto intentar evaluar el legado de Bachelet cuando resta un año y medio para el fin de su mandato. Pero parece correcto sugerir, al menos tentativamente, que su gobierno no se perfila como la más exitosa de las administraciones concertacionistas. Ya que pasará a la historia por ser la primera mujer en llegar a La Moneda que por cualquiera de sus aciertos o errores, Bachelet difícilmente puede ser considerada como la más exitosa entre los últimos diez presidentes. Ni el desempeño económico ni las necesarias pero poco ambiciosas reformas de pensiones y de educación pre-escolar (y la nueva Ley General de Educación, en caso de que sea aprobada) lograrán opacar los problemas y errores de su administración. No por nada Bachelet hoy tiene niveles de desaprobación presidencial tan altos como los de Frei Ruiz-Tagle en plena recesión económica de 1999.

Lagos, el mejor

Por todos los aciertos y pese a los errores propios y ajenos de su administración, Lagos emerge como el mejor presidente de Chile de los últimos sesenta años. Más ambicioso que Aylwin o Frei Ruiz-Tagle, y sin cargar con una pesada mochila de desaciertos como Pinochet, Lagos dejó un legado que crecerá en el tiempo. Por eso mismo, ahora que evalúa ser candidato presidencial en 2009, Lagos debe sopesar las ventajas del enorme capital que constituye su legado con el gigantesco riesgo que implica participar en una campaña presidencial de impredecible resultado. Como mejor presidente en la historia reciente, Lagos tiene mucho que perder. Por más reformas que impulse, la herencia de su segundo periodo difícilmente podrá superar al de su primer sexenio.
Pero ya que precisamente su gigantesca ambición explica el éxito de su legado, parece lógico pensar que el mandatario que más logros tuvo en La Moneda será incapaz de resistir a la tentación de volver a ocupar el sillón presidencial.

DIJISTE LIBERTAD ANTES QUE NADIE