14/12/08

”La élite le tiene miedo al Mercurio”

Vicente Parrini /OBSERVATORIO DE MEDIOS/

“El Diario de Agustín”. Podría ser el nombre de la bitácora virtual de un adolescente. Pero no. Se refiere a “don” Agustín, como le llaman sus empleados, último de la saga de cinco agustines de apellido Edwards, y de su periódico El Mercurio, bastión de la empresa editora del mismo nombre que posee tres diarios nacionales y 20 regionales en Chile. El título tampoco nos remite a las memorias de este anciano, bautizado como Agustín Iván Edmundo Edwards Eastman y descendiente remoto de un carpintero inglés, sino a uno de los documentales más feroces producidos en Chile en los últimos tiempos, donde se le hace un juicio simbólico al llamado “decano de la prensa chilena” por su participación -según prentende probar la película- en la caída del gobierno de Allende, en el Golpe Militar y en varios montajes periodísticos durante la dictadura, que sirvieron para camuflar crímenes contra opositores al régimen de Pinochet.

Los autores son el documentalista Ignacio Agüero -director de piezas notables en el género como “Aquí se construye” o “Cien niños esperando un tren”- y el economista y periodista Fernando Villagrán ex gerente de la mítica Apsi en las postrimerías del régimen de Pinochet (revista desaparecida al igual que el resto de la prensa opositora de esos tiempos), escritor, artífice del restorán “Off the Record” y del programa literario del mismo nombre que se transmite por la señal del 13 cable. Villagrán conversó con el OBSERVATORIO, entre otros temas candentes de este destape de la historia mercurial, sobre el sentido de lanzar ahora la película, de las pataletas de Edwards en los tribunales para impedir que se usara su nombre en el filme, del temor casi reverencial que muchos políticos le tienen a sus editoriales y sobre la vigencia o caducidad de la frase - “el Mercurio miente”- escrita en un cartel que, el año 67, fue desplegado en el frontis de la tomada casa central de la Universidad Católica y que el tiempo ha convertido en una suerte de dicho popular.

El punto de partida de la película es una larga investigación realizada por jóvenes estudiantes del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, quienes rastrearon el paradero de periodistas y editores retirados o en ejercicio que participaron en los montajes, revisaron uno a uno los Mercurios de la época, desarmaron pieza a pieza la trama de cada historia, entrevistaron a familiares de las víctimas y persiguieron a sujetos que se negaban a asumir de manera pública su responsabilidad en los hechos. Arduo trabajo, el de ambos directores, al momento de seleccionar el material más contundente con el fin de reducir las cerca de 100 horas de grabación a los 80 intensos minutos que dura la película. Los primeros frutos de ese esfuerzo se vieron, hace unos días, en el estreno del “Diario de Agustín” en Argentina, a tablero vuelto en el Teatro San Martín y con el destacado periodista Diego Verbitsky encajándole en “Página 12″ el adjetivo “imperdible”, y el lunes 3 de noviembre en la inauguración del Festival Internacional de Documentales de Santiago -FIDOCS- 41 años después del famoso cartel , con ovación cerrada del público en la casa Central de la misma Universidad.

Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, 24 de noviembre de 1983

Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, 24 de noviembre de 1983. Manifestación frente a antiguo edificio de El Mercurio

Villagrán se toma con humildad la acogida de los espectadores y de la crítica: “Es nuestro modesto aporte a un juicio simbólico que hacía falta por los montajes en que participó El Mercurio, porque una cosa es manipular información, algo que ese diario hace a menudo, y otra, es participar en montajes para encubrir crímenes donde hay muertos, desaparecidos y torturados”.

-¿Podrías recordar alguno de esos montajes para que las personas que aún no ven la película se puedan formar una idea de la gravedad de los hechos analizados en el documental?

- En septiembre de 1976, apareció cerca de Los Vilos el cadáver, arrojado por las olas, de Marta Ugarte dirigente comunista que había sido detenida y asesinada en Villa Grimaldi… Todo esto es muy brutal: por un mal manejo al amarrar el cadáver de Marta Ugarte para después subirla a un avión y tirarla al mar, salió el cuerpo a flote y la Dina frente a eso necesitó de periodistas para que desinformaran y no hubiera ninguna sospecha de que pudiera tratarse de un crimen político. Se hizo aparecer, entonces, aquel crimen de una mujer de 42 años como un crimen pasional de una bella mujer de 23 años. El desmontaje significó llegar a los periodistas que se prestaron para ese montaje de los servicios de inteligencia del régimen. Posteriormente, hay un caso muy emblemático en que tiene una participación directa el dueño y director de El Mercurio entonces, que era Agustín Edwards: durante la visita del Papa a Chile hubo unos incidentes en el Parque O´Higgins, El Mercurio publicó fotos de dos jóvenes a los cuales se acusaba de instigar los incidentes y a quienes la CNI detuvo y torturó, en circunstancias de que no habían estado en el Parque O´Higgins. Al salir de esa pesadilla estos dos jóvenes presentaron una querella por injurias y calumnias contra Agustín Edwards y, algo que no se difundió en el momento por el poder fáctico del personaje, terminó siendo procesado por un juez civil por injurias y calumnias, lo que le significó estar declarado reo por cerca de un año hasta que un Corte de Apelaciones, en un fallo muy apretado por 3 a 2, levantó la encargatoria de reo, poco antes del Plebiscito. Es un caso muy emblemático por la participación directa de Edwards, cuestión que esta ratificada en la película por el Ministro Secretario General de Gobierno de esa época Francisco Javier Cuadra, quien tuvo que carearse con Edwards en ese momento, porque Edwards culpó al Gobierno de haberle entregado la información y el gobierno lo negó. Son casos que tienen que ver con participación directa de El Mercurio en casos que significaron violaciones a los derechos humanos.

EL COLEGIO PIDE PERDÓN

¿Y por qué dar a conocer hoy este documental? ¿Por qué ahora?

- Por qué ahora… porque no es una historia del pasado. El Mercurio sigue teniendo un tremendo poder en la sociedad chilena, quizás con más glamour y transversalidad de la que tuvo entonces. Este personaje, Edwards, sigue estando ahí, en el centro, y nos pareció que era muy necesario contar una historia que nos parece irrefutable: en esta película son los hechos los que hablan, es un documental sin voz en off, son los testigos, son los familiares, son periodistas y directivos del propio Mercurio, los que van construyendo este entramado que está relatado en la película.

-¿Ustedes esperan que El Mercurio haga algún tipo de mea culpa a propósito de la película?

-Nada indica que eso esté en la voluntad de El Mercurio. Si eso llegara a pasar sería un logro espectacular de la película, pero no es el objetivo nuestro. Nuestro fin es contar una historia que es real y las consecuencias que tenga son resorte de otros protagonistas…

-¿Pero crees que se pueda, al menos, generar una discusión respecto a la responsabilidad social de los medios?

-Ojalá. Eso no ha pasado hasta ahora, porque son precisamente esos medios los que no están interesados en tocar el tema y cuando lo han rozado ha operado una brutal auto censura. La película da cuenta de que, en junio de este año, el Colegio de Periodistas hizo una declaración pública pidiendo perdón a las víctimas de montajes en que participaron directamente los medios de comunicación durante la dictadura, pero esa declaración no salió en los grandes medios. El Mercurio guardó silencio. Entonces, si esa discusión se produce, fantástico. Vamos a hacer todo lo posible porque eso pase difundiendo la película al máximo.

“Me dan vergüenza los periodistas que participaron en montajes”

-¿Qué sentiste como periodista cuando el Colegio pidió perdón público a las víctimas de esos montajes?

-El mismo que tenía desde antes. Tampoco el Colegio de Periodistas resolvió bien esa situación. Hoy día hay varios procesos judiciales en los cuales personajes como Claudio Sánchez han tenido que ir a declarar por los montajes, y hay procesos en curso y probablemente van a haber más. Da vergüenza no sólo porque algunos editores son miembros del Colegio: recordemos que Agustín Edwards figura como uno de los primeros socios del Colegio de Periodistas y cuando un periodista como Manuel Cabieses, director de la revista ”Punto Final”, pidió su expulsión del Colegio -por la participación demostrada de Agustín Edwards en la destrucción de la democracia en Chile y su relación directa con platas provenientes de la CIA- el Colegio rechazó esa solicitud por razones de la más diversa índole, donde no estuvo ausente el temor. Todos los periodistas que participaron en los montajes, incluyendo a los de la cadena El Mercurio que participaron directamente, y que aparecen en la película, provocan vergüenza.

-¿No temen al ostracismo que pueden sufrir en todos los medios que dependen de la Editorial El Mercurio, incluyendo la difusión de la propia película?

- Ese es un supuesto…Nosotros ya estamos viejos así que no nos importa mucho, la verdad, ni dependemos de ese medio ni aspiramos a ser protagonistas de las páginas de El Mercurio. Lo que si llama la atención y valoramos, es que jóvenes periodistas, excelentes profesionales que están partiendo en su carrera, hayan asumido ese eventual riesgo. Probablemente ninguno de ellos aspire a escribir con su firma en las páginas de El Mercurio, pero el aporte que hicieron habla muy bien de la disposición ética de ellos para trabajar en este tema.

-Ahora, ¿cuál podría ser la importancia de un juicio a El Mercurio para la gente común y corriente, considerando que ese periódico tiene una mínima gravitación en los sectores populares, si es que alguna vez la tuvo?

- Yo creo que efectivamente por el rol de la prensa escrita en Chile, sus características y los niveles de lectoría que hay, no podemos hablar de diarios de gran impacto popular, pero tampoco podemos desconocer que incidan en la gente, porque ellos pautean a la elite política y empresarial. Por lo mismo nos parece muy sano que se sepa cuál es la historia de ese poder que parece hoy día determinar qué existe y qué no existe en la sociedad chilena. Algo que comprobamos trabajando en este documental, es cómo, por ejemplo en la clase política, cuesta encontrar alguien que esté dispuesto a que El Mercurio lo silencie. Y eso da cuenta del poder que tiene. En consecuencia, creemos que es muy bueno desnudar ese actuar, porque habla muy mal de la democracia en Chile que exista un poder fáctico que, por la vía de la auto censura, resuelve qué es tema de agenda o qué no lo es. Lo anterior lleva a que sea verdadero un cierto lugar común que se repite entre la élite de este país: “lo que no sale en El Mercurio no existe”. Lugar común que, creemos, es una falacia, porque existe un país muy diverso y apostamos a esa diversidad para que esta historia se conozca y al menos incomode a quienes quieren silenciar estas realidades.

-Se comenta que Edwards trató de impedir que usaran su nombre como título del documental…

-Lo objetivo es que yo inscribí la marca “El Diario de Agustín” en el Departamento de Propiedad Industrial, asumiendo que Agustín Edwards es dueño de una cantidad impresionante de marcas, para lo cual tiene la tremenda oficina de abogados Alessandri. La marca “El Mercurio miente”, la tiene también registrada. Conocimos la historia de unos jóvenes que instalaron un sitio web que se llamaba “El Mercurio miente.cl” y tuvieron que sacarlo porque la marca era propiedad de Agustín Edwards y perdieron el juicio. “El Diario de Agustín” no estaba inscrito como marca, probablemente, porque en El Mercurio nadie le dice Agustín, sino “don Agustín”, pero tampoco está inscrito “El Diario de don Agustín”. Lo inscribimos y, por confesión de los propios abogados, ellos percibieron tarde esta marca y la objetaron fuera de plazo, por lo que fue rechazada la objeción y nosotros tenemos la marca “El Diario de Agustín” por 10 años. Esa es una constatación de que hubo una molestia, bastante obvia por lo demás, y el resto han sido rumores que no nos interesan. Suponemos que se puede haber enojado el señor, pero a nosotros, la verdad, nos gustaría que fuera a ver la película, que la comentara en una editorial de El Mercurio si no le gusta, para que efectivamente se diera un debate democrático que hasta ahora no ha existido.

EL TEMOR DE LOS POLÍTICOS A EL MERCURIO

- Dices en una columna publicada en The Clinic que El Mercurio goza de una “comodísima y glamorosa impunidad”. ¿A qué atribuyes esa impunidad de la que gozaría?

-Creemos que la impunidad existe en la medida que está probado que participó en numerosos montajes y mentiras a través de la historia, de distinto calibre. Una cosa es manipular información y otra, es participar en montajes para encubrir crímenes donde hay muertos, desaparecidos, torturados, por lo tanto la impunidad es evidente. Ahora, ¿por qué esa impunidad?… Probablemente se lanzó un manto de silencio sobre esa historia, porque para quienes estaban en posiciones de poder resultó más cómodo entenderse con El Mercurio y establecer un cierto pacto de no agresión, y eso tiene un costo, muchos costos diría yo, y el principal es que no hay una prensa pluralista y que la prensa escrita esté desprestigiada. Yo no sé a cuántos jóvenes, a cuántos trabajadores les importe de verdad lo que opine la prensa escrita. Creo, además, que ha cambiado el paisaje de información y que a través de múltiples medios y sobre todo por medio de la red, la gente se arma su propia opinión, si no, no se explicaría que en los últimos 50 años no se ha elegido ningún gobierno proclive a las posiciones de El Mercurio. Esta modesta colaboración nuestra apunta a que, por lo menos, se haga un proceso simbólico a esa impunidad.

- Pero, en qué se expresa este poder simbólico de El Mercurio si, en lo concreto, la gente no hace lo que El Mercurio quiere, y la prueba son los gobiernos de la Concertación que han sido elegidos contra los deseos de ese diario…

-Lo que pasa es que la historia es compleja y El Mercurio fue un actor decisivo en el derrocamiento del Gobierno de Allende y en la destrucción de la democracia y fue un sostén de la dictadura hasta el final. En su etapa anterior había tenido vaivenes y jugó en algunos momentos roles más progresistas o más conservadores, pero eso cambió radicalmente de los años 60 en adelante, coincidiendo con la administración del actual Edwards. Creo que el diario se acomoda a las circunstancias y tal como lo hizo antes, trata de adaptarse, pero intenta seguir influyendo para que el curso de la historia y la política chilena vaya por el carril que su dueño quisiera. Que lo logre o no, ya no depende sólo de El Mercurio, pero es un poder y opera como un poder.

-The Clinic publicó un artículo donde se le preguntó a diferentes personalidades si alguna vez se habían indignado con el Mercurio. La mayoría de los encuestados eludió la pregunta y otros se hicieron los lesos. Pensando en el documental, ¿cómo te explicas esa reacción?

- Algunos tienen intereses económicos, porque para muchos es importante la red que les permite El Mercurio, necesitan Economía y Negocios; otros porque han entrado en un juego de entendimiento con El Mercurio. Hay que pensar que El Mercurio, tal como lo definen sus gerentes en la película, es más que un diario, es una institución que opera en la sociedad chilena hacia el mundo académico, hacia el mundo juvenil, hacia el mundo de la cultura y desarrolla iniciativas, por ejemplo, como Paz Ciudadana, como País Digital, donde ha cooptado a personajes que incluso fueron ministros de Salvador Allende. Ellos están cómodos en eso y, por lo tanto, si tú les preguntas si alguna vez se han indignado con El Mercurio, les crea un incordio con el señor Edwards. Y ciertos políticos a los cuales les gusta mucho la pantalla, la foto, el protagonismo de cualquier tipo, tampoco están interesados en ser francos con lo que seguramente piensan. Creo que lo que hizo The Clinic es una buena fotografía de lo que es hoy día la élite chilena.

“El libre mercado de la prensa es una falacia”

-Ahora, no te parece curioso que no haya sobrevivido una prensa alternativa al Mercurio, porque aparte de La Nación, que no le queda otra que practicar un cierto equilibrio informativo, no se ve la presencia de un periódico que tenga un peso equivalente en la sociedad chilena al que alguna vez tuvo La Época, por ejemplo. ¿A qué atribuyes el fracaso de los medios que han tratado de competir en influencia con El Mercurio?

- Es quizás uno de los corolarios de conversación de esta película. Mi percepción es que lo que tú señalas es quizás el punto más negro y más pobre del desarrollo democrático de Chile desde que cayó la dictadura. Ahora, ¿por qué?… Derechamente desde el Estado democrático chileno post dictadura, hubo una omisión, en cuanto a incentivar y estimular el pluralismo, la diversidad, sobre todo después de 17 años de dictadura, donde no operó el mercado, sino los fusiles, donde El Mercurio fue salvado de la quiebra por créditos que después se licuaron. Los gobiernos de la Concertación en su comienzo obviaron eso y no hubo una política activa del Estado para equilibrar la prensa a los niveles al menos que existían antes del Golpe de Estado, cuando había una prensa muy diversa, y es cosa de mirar los niveles de lectores que tenía cada uno de los diarios. Por la polarización que había uno puede ser muy crítico a cómo se informaba desde todos los sectores, pero Chile parecía un país de verdad: es lo que hoy día uno puede ver en países donde hay grandes grupos económicos, pero también hay otra prensa, como en Argentina, como en Bolivia, como en Uruguay, como en República Dominicana. Chile es una excepción. Una lamentable excepción. Y si no sobrevivieron esos medios y murieron los que nacieron durante la dictadura tiene que ver con que había una cancha absolutamente desequilibrada para competir en el mercado, porque ha sido una falacia la libertad del mercado en el mercado de la prensa: si fuera así no existiría ni El Mercurio ni La Tercera, porque habrían quebrado. Tendrían que haberlos inventado de nuevo. Y creo que los gobiernos de la Concertación avalaron ese cuadro y hoy día lo lamentan cada vez que están en una situación política compleja, o cada vez que El Mercurio les da como caja con cualquier tema, como lo hace habitualmente. Esas son las raíces del problema, pero no tenía que ser fatalmente así.

Ignacio Agüero (a la izquierda) el otro director del documental

Ignacio Agüero (a la izquierda) el otro director del documental

- De qué manera aporta este documental al fortalecimiento de la democracia en Chile….si es que se le puede pedir algo semejante a un documental…

- Creo que no sólo este documental, sino todas las creaciones en el mundo audiovisual o escrito que transparentan esas relaciones, que develan como operan los poderes hacen una contribución. Probablemente, sería muy difícil que se volvieran a hacer esos montajes, pero este tipo de materiales le enseñan a las generaciones jóvenes… y a mí me ha impresionado mucho el impacto que hemos percibido en periodistas jóvenes a los que les hemos mostrado la película: han visto los niveles a los que se puede llegar cuando no existe la libertad de prensa y se manipula impunemente los medios.

-¿Crees que ese lema que es casi un dicho popular a estas alturas de que “El Mercurio miente” sigue teniendo vigencia en la actualidad?

- Hoy día es más difícil mentir, porque hay democracia y porque no es impune la mentira, pero nosotros, por ejemplo, tenemos un sitio web y un facebook para recoger la opinión de la gente sobre este tema y nos hemos encontrado con historias anecdóticas, como la de muchos mensajes de jóvenes secundarios que cuentan cómo El Mercurio cubrió la toma de un colegio durante la movilización de los pingüinos, son cientos de episodios que no tiene la gravedad de los montajes, porque no hay muertes ni casos criminales de por medio, pero creo que le pesa y le pena a El Mercurio ese dicho: es casi un chiste que cuando algo no pega se dice “y bueno… El Mercurio miente”.

-¿Tú crees que hay alguna esperanza para poder equilibrar el poder de esta prensa, en internet, en los sitos web, en los portales, o en el llamado “periodismo ciudadano”?

- Creo que hay una tendencia a que salvo en las estructuras de poder, la prensa escrita o los grandes medios no jueguen un gran rol. Pero no es de corto plazo. Porque, por ejemplo, a diferencia de los diarios, la televisión tiene una influencia masiva, que se hace mucho eco en su manera de informar e incluso en sus pautas de lo que resuelven estos grandes medios escritos. Un periódico como El Mercurio lo podrán leer 100 mil personas, pero le llega a millones, porque los equipos de prensa se pautean mucho por lo que aparece en los grandes diarios. La Segunda en la tarde vende muy poco, sin embargo pautea las emisiones de radio y televisión. Entonces, creo que tiene un poder que no se puede despreciar y, sobre todo cuando la política es un espacio donde las mayorías tienen un rol más bien pasivo, de alguna manera siguen resolviendo el devenir del país.-

Preguntas para Agustín

Discursos somnolientos. Pifias. Llamados de atención a TVN. Mucha gente. La primera jornada del 12º Festival de Documentales tuvo de todo. El plato de fondo la película sobre la influencia y el rol que jugó el diario “El Mercurio” en los años de la dictadura.


La cola llega hasta la Alameda. Justo donde años atrás los estudiantes de la UC colgaron el cartel "Chileno: El Mercurio miente", una pokemona se rasca la cabeza y el sol muere sobre el Cerro Santa Lucía.

Es noche de lunes y en pocos minutos debuta en Chile el documental "El diario de Agustín" de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán.

En el aire hay una excitación parecida a la que antecede un concierto esperado por años.

Es comprensible que los organizadores quieran hablar de sus objetivos y sueños, pero se exceden en el tiempo para discursos. Mónica Rincón, la periodista de TVN, es la maestra de ceremonias. Su vestido deja ver su cuello y hombros. Apenas dice buenas noches comienza a recitar al gran viejo caliente de Gonzalo Rojas. Luego habla de la pausa. Para ella Fidocs es un buen momento para frenar la locura cotidiana y emocionarse.

Estoy de acuerdo, pero no dejo de imaginarla hablando de elefantes marinos en la "La cultura entretenida".

La rubia es la bisagra entre los encargados de los discursos. Pato Guzmán envía saludos desde el Norte donde graba un documental. Gonzalo Maza, director del Fidocs, tira algunas ideas. "Son 87", dice un espectador irónico. Luego viene la intervención de Paulina Urrutia. La ministra de Cultura recibe pifias desde la oscuridad. Mala costumbre esa de silbar camuflado desde la masa, cobarde. Mientras habla de infraestructura cultural, de recursos y metas, la gente la apura ansiosa.

De los discursos, lo más rescatable son las palabras del documentalista Cristián Leighton: quien a nombre de la recién creada Corporación de Documentalistas Chilenos, critica a TVN por no difundir en televisión abierta documentales chilenos. Aplauso general. Mónica se ruboriza al escuchar el nombre de su casa televisiva y Leighton deja botando la esperanza de que el nuevo proyecto de TV pública despachado por el Gobierno, sea una puerta por la cual entrar con documentales.

Antes que el público pierda la paciencia, Ignacio Agüero sube entre aplausos a la testera. Agradece a todos por la presencia y fundamentalmente a "tanto periodista que lo ha llamado y lo ha entrevistado y que lamentablemente no puede publicar por decisión de sus jefes".

CARE RAJA

El documental es notable. A nivel visual e importancia histórica, meterse en el ropero del diario más poderoso del país, es un acto creativo y político necesario. Agüero y Villagrán muestran la historia y el rol que jugó el medio de Agustín Edwards los años previos al gobierno de Allende, durante la UP y en la dictadura.

La gente se ríe por lo burdo de las explicaciones de algunas fuentes al momento de explicar decisiones del pasado o por lo delirante que hoy parecen informaciones que en esos años tiñeron de sangre las calles de esta patria.

El documental sigue a un grupo de periodistas busquillas y agudos de la Universidad de Chile que hacen una investigación sobre "El Mercurio". Y se mezcla con imágenes de archivo, con páginas del diario de Edwards, con fuentes vivas. Altas fuentes, ex trabajadores del diario, gente que sufrió violaciones de los derechos humanos, gente que responsabiliza a las informaciones publicadas por el medio por crímenes sufridos.

La gente sonríe en la sala cuando Arturo Fontaine, ex director del medio, se levanta molesto de una mesa y golpea el micrófono con su cabeza cortando la entrevista. Antes de eso, el hombre ahora viejo y de terno gris, responde así a la pregunta de qué le parece que Pinochet sólo haya permitido la circulación de el Mercurio tras el Golpe: "A cualquiera le guste que le eliminen la competencia".

Y de la risa se pasa a la rabia cuando en pantalla algunos funcionarios de la dictadura responden preguntas con cara de culo. Como la de Álvaro Puga, antiguo asesor del régimen militar: "Para nosotros matar comunistas era una necesidad biológica, necesitábamos matarlos para poder gobernar. Matamos muchos, pero para mí, que nos quedamos cortos".

Y la gente grita: fascista, chuchadetumadre.

Divido en capítulos "El diario de Agustín" se concentra en tres casos de informaciones publicadas por "El Mercurio". La Operación Colombo, el montaje de supuestos asesinatos entre miristas en Argentina, que fue el encubrimiento del asesinato de 119 personas, el asesinato de Marta Ugarte, pasado en la prensa como un crimen pasional, y los apremios sufridos por Jorge Jaña e Iván Ibarra en 1987 en la visita del Papa Juan Pablo II al Parque O Higgins, luego que sus fotos fueran publicadas por "El Mercurio" en portada.

En la pantalla Francisco Javier Cuadra, secretario general de Gobierno de la época, niega haber entregado los negativos al medio, negativos que le costaron la cárcel y torturas a Jaña e Ibarra y una querella a Agustín Edwards, que después la justicia desestimó.

Valiosa es la entrevista que da Raquel Correa, quien sonriente y coqueta con la cámara, habla de su jefe, y del momento que tuvo que entrevistar al patrón. Ella insinúa tibiamente que el medio podría haber usado su poder para frenar a los milicos.

Antes del aplauso final y los gritos de celebraciones. En la pantalla Cecilia Serrano peinada con devoción, le pregunta a Agustín Edwards, que "si ahora, luego de haber vivido la experiencia de tener secuestrado a un hijo, tiene una visión distinta sobre los detenidos desaparecidos"

Silencio en la pantalla y silencio en la sala. Miles de ojos siguen los movimientos de los músculos faciales de Agustín Edwards, quien responde oblicuamente y dice que "esto sirvió para unir a la familia". También menciona a Dios.

Al final la gente aplaudió a rabiar, comió y tomó como en una fiesta.

Afuera de la UC, caminado por la Alameda, pienso en Agustín, lo imagino solo en sus amplios salones y me digo que Dios no tiene nada que ver con todo esto.


Censuran “El diario de Agustín” en el Duoc UC de Concepción

En último minuto autoridades del instituto profesional se negaron a exhibir en sus aulas la película que era parte de un ciclo de cine documental.

En una sorpresiva medida, este jueves fue bajada de su programación la película documental "El diario de Agustín" en el DuocUC de Concepción. A través de una llamada telefónica, Claudio Palacios, director de la carrera Audiovisual de la casa de estudios, le informó a Ignacio Agüero, codirector de la obra, que la película no sería exhibida. La obra está firmada también por el periodista Fernando Villagrán.

"Me dijo que la película era muy controversial. Nada más, yo no lo entiendo aún", dice Agüero desde Concepción donde trata de sortear la situación y explicarle a la comunidad que esperaba ver la película ayer a las 18 horas en uno de los salones del Duoc de Concepción. Finalmente será en el aula principal de la Alianza Francesa de Concepción donde se mostrará la película a quienes se quedaron ayer con las ganas de ver la cinta que registra la responsabilidad del diario El Mercurio en montajes periodísticos para avalar y encubrir crímenes contra los derechos humanos durante las últimas décadas.

Por su parte, en un breve comunicado de prensa, la sede San Andrés del Instituto profesional DuocUC de Concepción, dio a conocer que no se exhibiría la película en sus dependencias señalando que "los contenidos del documental no representan el pensamiento institucional" y que por ello decidieron no hacerse parte del lanzamiento del mismo.

"Yo creo que lo que pasó en el Duoc fue un error del señor a quien noté atemorizado. Bueno, y también se lee como que El Mercurio sigue provocando ese temor en algunas personas. Aún, al parecer", agrega Agüero, también director del premiado documental "Cien niños esperando un tren".

La exhibición de "El diario de Agustín" formaba parte de una retrospectiva sobre la obra fílmica del director de la película, Ignacio Agüero, organizada por la productora cultural Carnaval en los Cerros.

La principal inquietud del director radica en que la película tuvo su estreno precisamente en el Salón Fresno de la casa central de la Pontificia Universidad Católica de Chile donde no hubo mayores inconvenientes para convertirla en el plato fuerte del pasado Festival Internacional de Documentales de Santiago.

Finalmente, "El diario de Agustín", se estrenará para el público el próximo jueves 20 de noviembre en el cine Arte Normandie y el viernes 21 en Cine Arte Alameda.


Los sabuesos que nunca trabajarán en El Mercurio

“Pensaron que eran pollitos y se encontraron con verdaderos profesionales”, dice la profesora Claudia Lagos sobre la soberbia con que las autoridades del medio habrían mirado a los estudiantes. Y mientras las tesis son convertidas en libro por la Editorial LOM, la cinta se proyecta en el Normandie y llega hoy al Centro Arte Alameda.

Cuando Ignacio Agüero, Fernando Villagrán y la profesora del Taller de Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile, Claudia Lagos, convocaron en el 2006 a un grupo de tesistas para indagar y registrar audiovisualmente la conducta de El Mercurio en casos de violaciones de derechos humanos, los interesados supieron de inmediato que se meterían en las patas de los caballos. "Está claro que no me van a contratar, pero no me asusta", dice Elizabeth Harris, una de las seis estudiantes seleccionadas para participar "El diario de Agustín", la cinta que se estrenó a tablero vuelto en el Festival Internacional de Documentales de Santiago y que hoy se puede ver en las salas del Cine Arte Normandie (funciones a las 15:30, 18:45 y 21:15 horas) y del Centro Arte Alameda (15, 17, 19 y 21 horas). "Hay cosas que trascienden el tiempo y una de esas es la ética. Lo que se entrega aquí es un documento histórico que debiera ver la toda la nueva generación de periodistas. Para que no se traguen cualquier papilla", agrega Harris.

Actualmente titulada, la profesional dice estar impresionada por la reacción del público. "La gente ha creado blogs y se sigue sumando a los más de mil miembros que tiene el documental en Facebook", afirma sobre el filme que debutaría en el Duoc de Concepción, pero que a última hora fue cancelado por el director. "No justificaré jamás la autocensura. La épica periodística tiene que ver con la verdad y no con la tergiversación y el encubrimiento. Hay gente que dice que bajo la dictadura de Pinochet no les quedó otra que mentir. La verdad es que yo preferiría plantar tomates", insiste Harris, cuya tesis escrita y la de sus compañeros, será publicada por la Editorial LOM.

Dolor de guata

Y aunque los alumnos no lograron entrevistar a Agustín Edwards y creen al igual que el sociólogo Manuel Antonio Garretón que el mea culpa de El Mercurio jamás llegará ("porque no es su negocio y no les interesa"), sí lograron poner incómodos a gente como Álvaro Puga o Arturo Fontaine. "Edwards es muy cerrado pero nada de tonto. De hecho, cuando estábamos hablando con el gerente general del diario, Johnny Kulka, le preguntó qué hacía encerrado en su oficina con unas niñas tan bonitas. Minutos después entró, miró la grabadora, nos miró fijamente y se fue. ¡Cómo me gustaría hacer su biografía no autorizada!, cuenta Harris.

"Lo más incómodo fue la entrevista a Fontaine", revela la profesora guía Claudia Lagos sobre el encuentro de 40 minutos que tuvieron con el ex director del diario, quien termina ofuscándose y pegándose con el micrófono en el documental de Agüero. "Fue súper penca, porque además tengo la sensación de que estos tipos subestimaron a los alumnos. Pensaron que se trataba de pollitos y se encontraron con verdaderos profesionales, que se habían preparado durante meses para no dejar de hacerles ninguna pregunta. Es la libertad con la que cuenta la nueva generación", revela Lagos. Y agrega: "Es bueno recordar que los diarios no sólo envuelven pescado. Cuando se publicaron los informes Valech y el Rettig, los palos les llegaron al Poder Judicial, al Ejército, a la derecha y a los civiles. Y aunque el Colegio de Periodistas pidió disculpas, la prensa es uno de los actores que gozaba de impunidad. Por lo menos la película tiene un efecto reparador en las víctimas".

Además, Harris confiesa que el personaje más tétrico fue Álvaro Puga: "Nos dio retorcijones de guata llegar a su casa, porque detrás de mil cerraduras encontramos a un señor alto y entero maquillado. Al estilo de Gonzalo Cáceres, fue el más freak, sobre todo cuando dijo que creía que se habían quedado cortos en el exterminio de comunistas".

-Y Beatriz Undurraga, ¿la rubia periodista que escribió que Marta Ugarte era una bella adolescente que había muerto en un crimen pasional?
-Lejos la más loca. Dispersa, rayada. Recuerdo que recién llegados, se levantó la polera y nos dijo: "Miren mi tajo". La habían operado recién del corazón.


"El diario de Agustín" es educativa

El Consejo de Calificación Cinematográfica resolvió en su sesión del 24 de noviembre declarar al documental "El diario de Agustín" película apta para todo espectador y de carácter educativo.

Esta es una excelente noticia para los realizadores (Ignacio Agüero y Fernando Villagrán), quienes ven en este rótulo un espaldarazo a la masificación de un trabajo que, a juicio de los cineastas, ha debido bregar con el silencio no sólo de El Mercurio, La Segunda y Las Últimas Noticias, que la ignoran en sus secciones de cine y crítica, sino también de La Tercera que, entre otras cosas, señalan, bajó un aviso comercial de Centro de Arte Alameda que anunciaba la exhibición de "El diario de Agustín" en esa sala, y ha excluido el nombre de la película, incluso de su cartelera durante los últimos días.

La película, que se exhibe actualmente en horarios de 4 funciones en Cine Arte Alameda (15; 17; 19 y 21 horas) y Cine Arte Normandie (15:30, 17:15, 18:45 y 21:15 horas), ha sido vista hasta la fecha por 2.600 personas.

"Queremos invitar a profesores y estudiantes a solicitar funciones especiales en estos cines, directamente, o a través del sitio www.eldiariodeagustín.cl", estimulan desde la producción.


El Diario de Agustín


Afinando la puntería
Éste es el texto exacto que pensaba a enviar al suplemento Artes y Letras de El Mercurio, como parte de mi colaboración habitual con ese medio. El texto no fue recibido pues, según el editor del suplemento, es imposible tomar distancia del tema del documental. Que el lector juzgue si es así o no. Por este episodio dejé de escribir para el diario en cuestión.

Hay una escena del documental Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002) en que un profesor incita a un niño a pensar en los números y a prolongar el ejercicio de contarlos. El pequeño se empieza a asombrar de que haya tantos números y sus ojos se desorbitan cuando por primera vez su mente concibe la noción de infinito. Ver a alguien que aprende algo es ver a una persona que cambia en lo íntimo a partir de algo evidente, y dos de los mejores obras del cineasta Ignacio Agüero (Cien niños esperando un tren y La mamá de mi abuela le contó a mi abuela) se empeñaron en registrar ese proceso, pero con el mérito de integrarlo con su entorno y sus particularidades.

En su último documental (escrito y producido junto con Fernando Villagrán), Agüero sigue a un grupo de tesistas de periodismo de la Universidad de Chile y su investigación sobre el actuar de este medio en una serie de hechos puntuales en los últimos 40 años, entre ellos violaciones a los derechos humanos. En virtud de lo anteriormente expuesto, se habría esperado que el documental hiciera un registro del proceso de aprendizaje de estos jóvenes, pero desde el principio esto pasa a segundo plano. La investigación de los jóvenes es en realidad un hilo conductor absolutamente funcional con el objetivo de los realizadores, lo que tiene ventajas y desventajas.

LO QUE SE GANA

La cinta tiene la claridad que puede tener un ajuste de cuentas, y su razón de ser puede condensarse cuando uno de los estudiantes pronuncia la palabra “impunidad”. Con su norte claro, la cinta explota al máximo sus 80 minutos de metraje para probar su punto; hay un buen trabajo de fuentes y logra registrar momentos cargadísimos que dejan en claro que el tema no es fácil para quienes tuvieron responsabilidad en las decisiones sobre los hechos involucrados. Todos tuvieron la oportunidad de hablar y no es responsabilidad de los realizadores que algunos no la hayan querido aprovechar.

Con el montaje se responde fluidamente las preguntas que se plantea a medida que avanzan las investigaciones de los tesistas; y la sensación de velocidad con que se desenvuelve la película no obsta para que de a poco los hechos pasados se traduzcan en las conclusiones que los creadores tienen sobre el presente. Por un lado están las bastante elocuentes fotografías del principio de la cinta, donde las principales personalidades políticas del país posan con el propietario de este medio; por el otro, el sociólogo Manuel Antonio Garretón hace explícita la voz de los autores respecto de que El Mercurio es prisionero de sus palabras y decisiones pasadas, y lo seguirá siendo por mucho tiempo. Esto último no se sigue de lo exhibido en el metraje; las aseveraciones sobre el futuro sólo pueden ser refrendadas por los hechos futuros.

LO QUE SE PIERDE

Ignacio Agüero dijo de sus películas anteriores que “no le importaron a nadie”. Y es una lástima, porque algunas de ellas eran obras complejas y sutiles donde se cruzaban el crecimiento de personas y grupos con un contexto particular que era sutil pero significativamente modificado por ese crecimiento. Claro, no hablaban del periódico más influyente de Chile, pero sí hablaban de forma diagonal pero muy clara del entorno humano y cultural que retrataban, tanto en el plano emotivo como en el racional. El diario de Agustín tiene muy poco de eso.

Su afán es la denuncia, y como tal recurre a las reiteraciones para ahondar cierta sensación de pasmo y escándalo, así como junta imágenes y sonidos para matizar lo anterior con una ironía que suele devenir en sarcasmo. Hay mucho oficio en este documental, pero está orientado a un solo fin. Estamos en presencia de un autor que “redujo” el espectro de sus intereses para decir con claridad lo que quería decir, aunque con ello ponga conscientemente a su película unos cuantos pasos por debajo de sus mejores obras.

La primera baja de “El diario de Agustín”

Se trata de Juan Pablo Vilches, hasta hace algunos días crítico de cine del suplemento “Artes y Letras”, y quien decidió dejar de colaborar en el diario debido a que éste no quiso publicar su artículo respecto al documental en cuestión.


El documental “El diario de Agustín”, de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán, y que trata de la forma en que “El Mercurio” colaboró en el ocultamiento de varios casos de violaciones de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet, ya causó la primera baja en el periódico de Avenida Santa María 5542.

Se trata de Juan Pablo Vilches, hasta hace algunos días crítico de cine del suplemento “Artes y Letras”, y quien decidió dejar de colaborar en el diario debido a que éste no quiso publicar su artículo respecto al documental en cuestión.

El propio Vilches, periodista y magíster en Ciencia Política de la UC, lo anuncia al publicar la crítica que escribió el sitio en que colabora habitualmente, Civilcinema.cl: “Éste es el texto exacto que pensaba a enviar al suplemento Artes y Letras de ‘El Mercurio’, como parte de mi colaboración habitual con ese medio.

El texto no fue recibido pues, según el editor del suplemento, es imposible tomar distancia del tema del documental. Que el lector juzgue si es así o no.

Por este episodio dejé de escribir para el diario en cuestión”, señala. Vilches también dio luces de lo sucedido en otro concurrido blog de cine, Analízame.cl, donde se explaya un poco más en las razones que lo llevaron a no seguir colaborando en el diario: “Cuando quise escribir sobre la película me dijeron que no se iba a publicar nada sobre ella. Lo que me decidió a dejar de colaborar en ‘Artes y Letras’ fue que ni siquiera iban a leer la crítica, la película era tratada como una especie de tabú”.

Salvo en un pequeño comentario, ni en las páginas de “El Mercurio” ni en ninguno de los otros medios de la empresa se ha hecho mención al documental, que está en cartelera en dos cines de la capital.

DIJISTE LIBERTAD ANTES QUE NADIE