14/12/08

Preguntas para Agustín

Discursos somnolientos. Pifias. Llamados de atención a TVN. Mucha gente. La primera jornada del 12º Festival de Documentales tuvo de todo. El plato de fondo la película sobre la influencia y el rol que jugó el diario “El Mercurio” en los años de la dictadura.


La cola llega hasta la Alameda. Justo donde años atrás los estudiantes de la UC colgaron el cartel "Chileno: El Mercurio miente", una pokemona se rasca la cabeza y el sol muere sobre el Cerro Santa Lucía.

Es noche de lunes y en pocos minutos debuta en Chile el documental "El diario de Agustín" de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán.

En el aire hay una excitación parecida a la que antecede un concierto esperado por años.

Es comprensible que los organizadores quieran hablar de sus objetivos y sueños, pero se exceden en el tiempo para discursos. Mónica Rincón, la periodista de TVN, es la maestra de ceremonias. Su vestido deja ver su cuello y hombros. Apenas dice buenas noches comienza a recitar al gran viejo caliente de Gonzalo Rojas. Luego habla de la pausa. Para ella Fidocs es un buen momento para frenar la locura cotidiana y emocionarse.

Estoy de acuerdo, pero no dejo de imaginarla hablando de elefantes marinos en la "La cultura entretenida".

La rubia es la bisagra entre los encargados de los discursos. Pato Guzmán envía saludos desde el Norte donde graba un documental. Gonzalo Maza, director del Fidocs, tira algunas ideas. "Son 87", dice un espectador irónico. Luego viene la intervención de Paulina Urrutia. La ministra de Cultura recibe pifias desde la oscuridad. Mala costumbre esa de silbar camuflado desde la masa, cobarde. Mientras habla de infraestructura cultural, de recursos y metas, la gente la apura ansiosa.

De los discursos, lo más rescatable son las palabras del documentalista Cristián Leighton: quien a nombre de la recién creada Corporación de Documentalistas Chilenos, critica a TVN por no difundir en televisión abierta documentales chilenos. Aplauso general. Mónica se ruboriza al escuchar el nombre de su casa televisiva y Leighton deja botando la esperanza de que el nuevo proyecto de TV pública despachado por el Gobierno, sea una puerta por la cual entrar con documentales.

Antes que el público pierda la paciencia, Ignacio Agüero sube entre aplausos a la testera. Agradece a todos por la presencia y fundamentalmente a "tanto periodista que lo ha llamado y lo ha entrevistado y que lamentablemente no puede publicar por decisión de sus jefes".

CARE RAJA

El documental es notable. A nivel visual e importancia histórica, meterse en el ropero del diario más poderoso del país, es un acto creativo y político necesario. Agüero y Villagrán muestran la historia y el rol que jugó el medio de Agustín Edwards los años previos al gobierno de Allende, durante la UP y en la dictadura.

La gente se ríe por lo burdo de las explicaciones de algunas fuentes al momento de explicar decisiones del pasado o por lo delirante que hoy parecen informaciones que en esos años tiñeron de sangre las calles de esta patria.

El documental sigue a un grupo de periodistas busquillas y agudos de la Universidad de Chile que hacen una investigación sobre "El Mercurio". Y se mezcla con imágenes de archivo, con páginas del diario de Edwards, con fuentes vivas. Altas fuentes, ex trabajadores del diario, gente que sufrió violaciones de los derechos humanos, gente que responsabiliza a las informaciones publicadas por el medio por crímenes sufridos.

La gente sonríe en la sala cuando Arturo Fontaine, ex director del medio, se levanta molesto de una mesa y golpea el micrófono con su cabeza cortando la entrevista. Antes de eso, el hombre ahora viejo y de terno gris, responde así a la pregunta de qué le parece que Pinochet sólo haya permitido la circulación de el Mercurio tras el Golpe: "A cualquiera le guste que le eliminen la competencia".

Y de la risa se pasa a la rabia cuando en pantalla algunos funcionarios de la dictadura responden preguntas con cara de culo. Como la de Álvaro Puga, antiguo asesor del régimen militar: "Para nosotros matar comunistas era una necesidad biológica, necesitábamos matarlos para poder gobernar. Matamos muchos, pero para mí, que nos quedamos cortos".

Y la gente grita: fascista, chuchadetumadre.

Divido en capítulos "El diario de Agustín" se concentra en tres casos de informaciones publicadas por "El Mercurio". La Operación Colombo, el montaje de supuestos asesinatos entre miristas en Argentina, que fue el encubrimiento del asesinato de 119 personas, el asesinato de Marta Ugarte, pasado en la prensa como un crimen pasional, y los apremios sufridos por Jorge Jaña e Iván Ibarra en 1987 en la visita del Papa Juan Pablo II al Parque O Higgins, luego que sus fotos fueran publicadas por "El Mercurio" en portada.

En la pantalla Francisco Javier Cuadra, secretario general de Gobierno de la época, niega haber entregado los negativos al medio, negativos que le costaron la cárcel y torturas a Jaña e Ibarra y una querella a Agustín Edwards, que después la justicia desestimó.

Valiosa es la entrevista que da Raquel Correa, quien sonriente y coqueta con la cámara, habla de su jefe, y del momento que tuvo que entrevistar al patrón. Ella insinúa tibiamente que el medio podría haber usado su poder para frenar a los milicos.

Antes del aplauso final y los gritos de celebraciones. En la pantalla Cecilia Serrano peinada con devoción, le pregunta a Agustín Edwards, que "si ahora, luego de haber vivido la experiencia de tener secuestrado a un hijo, tiene una visión distinta sobre los detenidos desaparecidos"

Silencio en la pantalla y silencio en la sala. Miles de ojos siguen los movimientos de los músculos faciales de Agustín Edwards, quien responde oblicuamente y dice que "esto sirvió para unir a la familia". También menciona a Dios.

Al final la gente aplaudió a rabiar, comió y tomó como en una fiesta.

Afuera de la UC, caminado por la Alameda, pienso en Agustín, lo imagino solo en sus amplios salones y me digo que Dios no tiene nada que ver con todo esto.


1 comentario:

principerrojo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=4GAC6BGDNr0
Trailer Diario de Agustín

DIJISTE LIBERTAD ANTES QUE NADIE